El mercado financiero ya internalizó el triunfo de José Antonio Kast. En términos coloquiales, los inversionistas internacionales, clasificadoras de riesgo y la Bolsa ya saben cuál será el rumbo de la economía chilena. Pero lo que resta es clave: la instalación del gobierno y la rapidez con que pueda actuar en materia económica, sector que concentró varias promesas de campaña. Alcanzar un crecimiento de hasta 4%, rebajar impuestos y acelerar la inversión son algunas de ellas.
“El cambio de mando es importante como un acto democrático, pero los primeros anuncios o medidas que se tomen durante los primeros 90 días serán las realmente relevantes para la economía y el mercado”, dijo la corredora Renta 4 tras el cambio de mando.
Al interior del empresariado, la conversación obligada apunta a qué tan rápido y con qué profundidad podrán ejecutar cambios Kast y su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. También persisten dudas sobre cómo ejercerán su papel ministerios sectoriales clave para la inversión, como Energía y Minería.
Shock a la economía chilena
El martes, en un seminario de la gestora Vinci Compass, el economista Klaus Schmidt-Hebbel -quien apoyó a Kast en la campaña- dijo que para cambiar el rumbo la economía chilena y alcanzar un crecimiento de 4% hacia 2023 los cambios deben avanzar a toda velocidad. El académico señaló que parte de no salir del rango de crecimiento de 2% se explica por la ausencia de reformas estructurales desde 2004 en adelante, además de trabas como impuestos y la permisología.
Los analistas comparten lo que se comenta en el sector privado y que resulta evidente tras la composición del Parlamento: las reformas más profundas serán difíciles de implementar.
“El fast track administrativo presenta límites institucionales. Puede agilizar trámites, reducir burocracia o priorizar inversiones, pero las transformaciones estructurales siguen dependiendo del Congreso. La promesa de velocidad política choca inevitablemente con los ritmos de un sistema democrático que exige deliberación y tramitación legislativa”, explica el analista político Marco Moreno.
El experto añade que la promesa de revertir la situación económica ha sido parte del diseño del gobierno de emergencia. “El problema de estas narrativas es que funcionan muy bien en campaña, pero pueden volverse políticamente exigentes una vez en el gobierno”, comenta a EL DÍNAMO.
¿Qué tiene espacio?
La minuta de las primeras semanas de gobierno en materia económica tras la llegada del republicano a La Moneda incluye el ajuste del gasto fiscal, desregular permisos para inversiones y reducir el impuesto a las empresas. Esta última medida requiere obligatoriamente un proyecto de ley.
Otras más vistosas del listado que se ha difundido son “oreja” de la ciudadanía. Entre ellas está eliminar las contribuciones a adultos mayores y prácticas como extender los horarios de oficinas públicas con mayor demanda.
Para la economista Gabriela Clivio, lo realizable en impuestos sería ingresar una ley corta que se limite a la rebaja de tributos de primera categoría a 23% y un esquema para llegar efectivamente a 20% vía créditos por contratación formal, además de rebajas para pymes.
“En los primeros 90 días, lo más urgente es avanzar en señales y marcos: proyectos de ley clave, ajustes reglamentarios y un plan fiscal creíble, más que en resultados macro visibles. La realidad es que en 90 días no se cambia el ciclo, pero sí el tono del régimen económico”, añade la experta.
Permisos y más permisos
Destrabar inversiones por US$ 12 mil millones es parte de las tareas prioritarias de Jorge Quiroz para acelerar el rumbo de la economía chilena. Al respecto, el director de Incidencia del think tank Pivotes, José Antonio Valenzuela, comenta que hay “un gran espacio para cambiar la trayectoria de inversión en el corto plazo”.
“Un punto que juega a favor es la Ley de Permisos Sectoriales, que significa un cambio de paradigma respecto a la forma de mirar la actividad privada y el rol del Estado frente a esta que puede contribuir a agilizar esos procesos. Finalmente, se requieren cambios profundos y estructurales. Algunos pueden ser inmediatos y no requerir largas discusiones legislativas, y otros serán a partir de debates más largos en el Congreso”, comentó a El Dínamo.
¿Y el escenario internacional?
Una de las dudas es cuánto podría influir el escenario internacional -del enfrentamiento entre Estados Unidos y Medio Oriente- en la agenda local. El martes, el economista Óscar Landerretche y Schmidt-Hebbel coincidieron en que esto mete presión a la agenda local.
Ignacio Mieres, Head of Research de la gestora de inversiones XTB Latam, conversó con EL DÍNAMO y explicó que en principio no esperan un impacto económico relevante si el conflicto se resolviera en un plazo de 4 a 6 semanas; sin embargo, el escenario cambia de manera importante si se prolonga más allá de ese período.
“En el caso de Chile, el principal efecto podría venir por un encarecimiento del precio del petróleo, lo que a su vez podría traducirse en mayores presiones inflacionarias y en una caída de la actividad económica. Ese sería uno de los escenarios más complejos para la economía nacional, porque obligaría a ajustar rápidamente las perspectivas económicas y también las herramientas de política disponibles. Es decir, una extensión del conflicto podría llevar a un escenario especialmente desafiante, marcado por inflación más alta y menor crecimiento”, agregó.