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Cómo la crisis del petróleo está empujando al mundo a diversificar la matriz energética (y qué tan preparado está Chile)

Mientras China y Europa resisten de mejor manera los embates de la guerra en Irán, expertos analizan en conversación con EL DÍNAMO el trecho que le falta a Chile para acercarse a esos escenarios.

Cuando la guerra entre de Estados Unidos e Israel contra Irán apenas cumplía un mes e impedía el paso del 1/5 del petróleo mundial por el estrecho de Ormuz, el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, advertía que la actual crisis energética era más grande que las dos que se registraron en los 70′ y la derivada de la guerra en Ucrania en esta década.

En Chile, al igual que en gran parte del mundo, la escalada bélica tuvo como consecuencia un encarecimiento histórico del precio de los combustibles así como en el costo de vida y en la cadena logística de sectores productivos.

Sin embargo, aún es objeto el alcance económico que ha tenido esta crisis petrolera en comparación con las anteriores, pues no se ha generado la desaceleración de la economía que se suele prever cuando la demanda disminuye. Un artículo de Axios, recoge que analistas financieros de entes como JP Morgan y Goldman Sachs están comenzando a preguntarse si el mundo necesita menos petróleo del que se pensaba y si al igual que como ha sucedido con otras crisis, se podrían desencadenar cambios estructurales en la economía global y en la matriz energética.

En China, que se ha preparado por años para amortiguar en su territorio los golpes de una crisis energética, se ha acelerado la transición hacia los vehículos eléctricos. Europa, además de transicionar a vehículos eléctricos, ha aminorado el impacto gracias al uso de la energías renovables como la eólica y la solar, que juntas generan el 30% de la generación de electricidad en la Unión Europea, por delante de los combustibles fósiles. En otras áreas del mundo, como el sudeste asiático, la crisis ha golpeado con especial fuerza, pues 2/3 del crudo que importa pasa por el estrecho de Ormuz, la zona del conflicto.

EL DÍNAMO consultó a dos expertos en economía y transición energética para conocer en qué lugar se encuentra Chile en el espectro global de la crisis y qué tan lejos está de la matriz energética que posee China y Europa, que le ha permitido enfrentar de mejor manera las consecuencias de la guerra.

El escenario global y el lugar de Chile

Para Claudio Huepe, exministro de Energía y miembro del directorio del Observatorio de Transición Energética, un factor olvidado para explicar por qué esta crisis ha sido menos dura que las anteriores es que en la Agencia Internacional de Energía liberaron sus stocks de petróleo de emergencia para evitar que los precios se disparasen en el corto plazo.

“En ese sentido, Chile está muy poco preparado. Nosotros no tenemos ningún stock de emergencia, solo contamos con stocks comerciales. Estos son suficientes para administrar la demanda normal, pero ante una emergencia no tenemos reservas, ni de combustible líquido ni de gas”, observa Huepe.

El exministro de Energía Claudio Huepe. FOTO: MANUEL LEMA OLGUIN/AGENCIAUNO.

El ingeniero forestal e investigador principal de Clapes UC Rodrigo Arriagada sostiene que “esta crisis global está creando una oportunidad que puede ser súper interesante para Chile. En general, Chile y Latinoamérica —aunque nuestro país está en una situación un poco más privilegiada— nos encontramos en una posición intermedia. No tenemos los mismos incentivos urgentes que los europeos, pero tampoco estamos en la situación crítica de algunas economías emergentes“.

“Acá el petróleo y sus derivados siguen siendo una fuente energética vital. El 43% de la demanda total de energía del país proviene de derivados del petróleo y, prácticamente, el 98% o 100% de eso lo importamos. Esta dependencia nos deja muy expuestos a los shocks externos de demanda o a los cambios drásticos en los precios”, añade.

El investigador Rodrigo Arriagada. Foto: UC.

El trecho que queda por recorrer en Chile

“La incorporación de muchos buses eléctricos, y el uso de híbridos han sido de gran beneficio para mantener la movilidad de las personas, pero todavía queda un camino importante por recorrer. Hay países donde esto ha crecido mucho más rápido: en algunas partes de Centroamérica y en China, donde cerca del 30% de los vehículos que se venden actualmente son eléctricos”, advierte Huepe.

Asimismo, el exministro menciona que “aunque existe un impulso y un incentivo claro, no se ve un mecanismo para lograr un cambio acelerado en Chile en los próximos años”. “Hay aproximadamente 6,5 millones de vehículos, la gran mayoría de combustión tradicional, que eventualmente habría que cambiar. Los países que han aumentado drásticamente su transición generalmente lo han hecho por crisis muy profundas. Siempre se menciona el caso de Pakistán, donde la cantidad de paneles solares se multiplicó velozmente. Pero incluso allí, es un proceso que toma varios años”, añade.

Buses eléctricos RED en la Av. Alameda Libertador Bernardo O’Higgins. El incremento de buses eléctricos en Santiago ya supera los 4.000 y alcanza el 62% de la flota operativa. FOTO: LUKAS SOLIS / AGENCIAUNO.

Si bien Arriagada también ve lejana la posibilidad de un cambio acelerado, hace notar que en 2010 el 80% de la demanda de energía en el país dependía combustibles fósiles. “Para el 2024, esa cifra bajó al 64%. Estamos muy cerca de alcanzar un punto donde la mitad de nuestro consumo energético provenga de fuentes limpias”, destaca.

“Si este escenario se prolonga y los precios internacionales se mantienen elevados a largo plazo, aumentarán los incentivos para acelerar la electrificación de sectores clave, como el transporte, que es el que más depende del petróleo en Chile”, menciona.

¿Qué falta para dar el salto?

Sin embargo, para dar el salto definitivo, a juicio de Arriagada, “todavía falta destrabar ciertas condiciones estructurales”. Para adquirir un vehículo eléctrico particular, ejemplifica, “el gran freno es el costo inicial”. “A diferencia de Europa, Chile no cuenta con subsidios directos masivos, exenciones tributarias profundas ni programas de renovación de flotas particulares a gran escala”, menciona.

“El principal desafío es que el consumo de diésel en Chile se concentra fuertemente en los camiones y el transporte terrestre de carga y allí la electrificación avanza más lento por razones muy específicas. Un camión de carga necesita operar de forma autónoma durante muchas horas continuas, requiere total seguridad de encontrar puntos de carga rápida, sigue siendo extremadamente costoso en comparación con uno a combustión. Falta acceso a créditos blandos o tasas preferenciales que incentiven el recambio hacia tecnologías alineadas con la carbono-neutralidad”, enfatiza.

“Ahora, si miramos las energías renovables a gran escala (solar y eólica), el gran cuello de botella es la capacidad de transmisión. El mayor potencial solar del mundo está en el norte del país, pero los centros de consumo masivo están en la zona central. Como las ‘carreteras eléctricas’ actuales no dan abasto para transportar tanta energía, se producen los llamados vertimientos, que es cuando la capacidad de transmisión colapsa y nos vemos obligados a ‘botar’ la energía limpia generada porque no hay cómo trasladarla. Ahora bien, estamos avanzando paulatinamente en sistemas de almacenamiento de esa energía, pero construir esta infraestructura es costoso y toma tiempo, lo que impide, por ahora, un crecimiento más explosivo del sector”, resume.

Huepe, por su parte, llama a “pensar en la transición de manera integral” para dar el salto. “Qué pasa con los combustibles fósiles mientras tanto, qué pasa con la gente que no tiene un vehículo eléctrico, o con quienes sí lo tienen pero dependen exclusivamente de la red porque no cuentan con una instalación propia. Es un cambio que toma tiempo y requiere una estrategia que, actualmente, no se ve con claridad”, detalla.

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