El lanzamiento fue mediático e incluyó a Lucho Jara disfrazado de músico callejero y a Karol Dance haciendo un enlace en vivo con el matinal Mucho Gusto. Así se dio a conocer el programa “Música a un metro“, de Metro de Santiago, que entregará 40 licencias a músicos para que puedan tocar en los andenes del metro a través de un concurso.
Los músicos interesados deben subir un video a YouTube con su presentación, un jurado preseleccionará a 100 y la gente podrá votar por sus intérpretes preferidos. Los cinco primeros quedarán automáticamente seleccionados y los otros 35 deberán pasar por audiciones. El sello Universal dará la oportunidad a los músicos más votados de participar en un disco y en duetos con músicos famosos y algunos de los participantes tendrán cabida en el matinal de Mega.
En la televisión se veían todos contentos con la iniciativa. Pero lo cierto es que quienes no lo estaban eran justamente muchos de los músicos que tocan en el Metro, quienes no estaban enterados de las bases del concurso. Uno de los molestos es el presidente del Sindicato de Cantores Urbanos de Chile, Hernán Báez, quien critica por un lado que se entreguen solo 40 licencias siendo que hay más de 1.200 músicos tocando en los andenes. Pero también tiene otra crítica.
“Dentro de todo, ellos (Metro S.A) antes de lanzar esto nos citaron a una reunión y nos contaron de la idea. Pero ocultaron ciertas cosas. Por ejemplo, lo del programa de televisión no lo sabíamos, y la verdad es que el tema de las bases tampoco lo conocíamos”, dice Báez a El Dínamo.
Y son justamente las bases del programa lo que ha incomodado más a los artistas. Entre ellas, está que la alimentación y los servicios sanitarios de los músicos deberán realizarse fuera de las estaciones; deberán pagar su pasaje como todos los pasajeros; Metro no se hará responsable de los daños que puedan sufrir; y sin embargo, la empresa puede ocupar su imagen de manera indefinida.
Además, se exige al músico comprometerse a “no usar su interpretación como herramienta de causas políticas, sociales, ambientales, religiosas, o de cualquier otra índole de carácter activista”. He ahí la mayor crítica que hace Báez al programa de la empresa.
“Quizás no la mayoría, pero una porción importante de los músicos callejeros o de transporte público entrega contenidos que tienen que ver con la denuncia social. Y aunque Metro de Santiago es estatal, también es una sociedad anónima y funciona con criterio de empresa. Todo el día pasan videos a través de sus televisores en los pasillos de los andenes y pasan pura música comercial, música que en el fondo no despierta consciencia. No me sorprende que ellos hagan esto”, dice Báez.
“Ellos siempre han esgrimido este argumento de que si ellos autorizan a músicos que interpreten música con ideas políticas, o que defiendan alguna causa social, algún usuario puede contratar un abogado y demandarlos. Entendemos que eso pueda pasar, pero existen ciertas libertades que creo que se están violando. Los medios masivos por ejemplo tienen todo el poder para pasar el contenido que ellos quieran y tienen también un trasfondo político. Cuando a una persona la evades de la realidad, bueno eso también es algo político”.
“El tema de fondo no es la seguridad que dicen que el músico en el vagón se puede caer, o puede dañar a alguien. Ellos no quieren que a la gente le hablen cosas diferentes (…) Aquí hay un trasfondo de censura política para un contenido. Censura de decir las cosas que están pasando“, asegura el sindicalista, que concuerda con que a Violeta Parra no la habrían dejado tocar en el Metro si estuviera viva.
También cree que al exigir un video de YouTube y proponer como premio la grabación de un disco, “va a aparecer mucha gente que se quiere hacer famoso” y que no necesariamente se ganaban antes la vida tocando en el metro o en la calle.
Sin embargo, dice que este programa no erradicará a los artistas del transporte público, que seguirán tocando en los vagones de los metros y que como sindicato evalúan qué acción tomar. “Los músicos antes tocaban en la micro y siguen tocando en la micro. Y eso que entre medio hubo una dictadura. Si la dictadura no pudo sacar a los músicos de las micros. ¿Crees que los va a sacar una empresa?“, dice. Aunque reconoce que la persecución en contra de ellos, nuevamente, será alta.