En dicha entrevista, reconoció que no recuerda cómo perdió el control del vehículo y la razón por la que no funcionaron los airbag, pero lo que sí recuerda es haber sentido “que me di más de ocho vueltas en el aire y les pedí a mis padres ya fallecidos que me ayudaran”.
“Me di tantas vueltas que quedé botada en una zanja con el vehículo hacia un lado y atrapada en un sitio chiquitito. No podía salir. Mi gran temor era que el auto estallara, porque justo había llenado el tanque de bencina el día anterior“, señaló.
A pesar de lo complejo que fue este accidente de tránsito, Patricia Maldonado relató que “nunca pensé en la muerte ni se me pasó la vida por delante, estuve consciente en todo momento, no perdí el conocimiento”.
Una vez ocurrido el accidente, la opinóloga fue atendida por la enfermera Elizabeth Galleguillos transitaba detrás de ella por la Ruta 68, pero, a pesar de ello, relata que “quería arrancar y no podía“.
Sin embargo, optó por llamar a Raquel Argandoña, señalando que “en esos momento se necesita gente que sea rápida”, con la finalidad de reaccionar y avisarle a sus hijos y su familia.
Las heridas con las que quedó Patricia Maldonado
En el momento del accidente la panelista tuvo “la valentía de revisarme el cuerpo: los pies, piernas, brazos y dientes. No estaba quebrada. Tenía terror por la columna. Sentía que mi ojo derecho iba creciendo de una manera insólita, entonces pensé que había perdido el ojo”.
u0022En el último golpe me pegué en la cara, porque las bolsas de aire no se abrieron. Tengo el ojo derecho en tinta. Pensé que me había quebrado la nariz. Tengo 72 años y en cualquier momento los huesos se te quiebran y no tengo nada, salvo contusiones múltiplesu0022, señaló.
Añadiendo que “apenas me puedo sentar y me duché a los gritos por el dolor. Estoy con analgésicos e inyecciones“, razón por la que “voy a estar toda esta semana en reposo”.
De hecho, el mismo medio compartió una foto de la cantante en la que se pueden apreciar las heridas de la cara. Ambos ojos con moretones, pero el ojo izquierdo se ve mayoritariamente afectado al tener el globo ocular inyectado de sangre.
“Caí a 50 metros de una quebrada gigantesca. Ahí ha habido muertes terribles. Cuando pasé por ahí de vuelta del hospital cerré los ojos, no quise mirar y por primera vez lloré con ganas”, confesó.
Agregando que “me dio susto porque dije Dios mío, podría haber caído ahí y hubiera dejado a mi familia. El aprendizaje es seguir viviendo lo mejor posible, agradecer por esta oportunidad, disfrutar a mi familia y seguir trabajando“.
Las humanidades deben acostumbrarse a alzar la voz, no solo ante crisis como la actual. También deben aceptar la mano que les tienden las otras áreas del conocimiento frente a una amenaza común: la construcción de una sociedad de consumidores y no de ciudadanos.
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