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Manuela Infante estrena Los Huesos, una obra sobre memoria, ciencia y música

El montaje, protagonizado por Marcela Salinas, se estará presentando en Matucana 100 entre el 12 y el 29 de marzo. “La obra, al ser un ejercicio de recordar, está llena de restos, igual que una fosa”, dice la dramaturga.

Desde su debut con Prat en 2001, las obras de Manuela Infante siempre han dado que hablar. Con Xuarex y Estado Vegetal ganó el premio a la mejor obra del año del Círculo de Críticos de Artes de Chile, mientras que también ha destacado en su faceta como autora de obras de teatro infantil y como parte de la banda Bahía Inútil.

Tras estrenar el año pasado Vampyr, en la que establece una relación crítica entre el mito del vampiro europeo y la realidad del murciélago hematófago chileno, especie que muere en grandes cantidades por efecto de las turbinas de aerogeneradores eólicos, ahora regresa a Matucana 100 (www.m100.cl), entre el 12 y el 29 de marzo, con Los huesos, obra protagonizada por Marcela Salinas, en la que se pregunta si es posible que los muertos nos hablen a través de la música, convirtiendo la escena en un espacio para imaginar otras formas de diálogo con lo que persiste más allá de la muerte.

Tal como señala Manuela Infante: “Esta es una obra poblada de entidades incompletas. Modos de existencia transicionales e indeterminados, que se sitúan en los márgenes de lo perceptible y lo comprobable. Existencias inestables que emergen de la catástrofe de sentido que supone la desaparición forzada. Un trabajo sobre la necesidad de continuar el diálogo entre los vivos y los muertos, sobre todo en el contexto de políticas de Estado destinadas a la producción masiva de espectros”.

Todo parte con un llamado de una antropóloga forense sudamericana experta en trauma óseo, quien trabaja identificando víctimas de desaparición forzada en todo el mundo. Tras décadas desarrollando su práctica en un campo que solo sigue expandiéndose, R.G. se dirigió a un grupo de artistas con una petición sencilla pero muy profunda: “He leído los datos que me arrojan los huesos desde la perspectiva de la ciencia y he acabado con cientos de reportes científicos. Quiero saber qué podría emerger si leyéramos los mismos datos con música. Estoy segura de que hay más ahí para ser oído”.

Los huesos fue escrita por Manuela Infante junto a Michael de Cock y Marcela Salinas a partir de entrevistas con R.G. La música original es de Matthew Herbert, con diseño sonoro de Infante y Víctor Muñoz. La producción general está a cargo de Carmina Infante y el diseño integral de Rocío Hernández. Participan además Kristian Orellana (utilería y música en vivo), Elizabeth Pérez (vestuario) y Dian C. Guevara.

Los huesos nace a partir de una premisa: leer los datos científicos desde la música. ¿Qué fue lo primero que te interpeló de esa idea, dado que tú también eres compositora?

“Me sentía muy en familia con la idea de mirar una disciplina con los ojos de otra. Para mí eso es muy natural, en el sentido de que yo siempre he dicho que hago teatro un poco haciendo música y filosofía al mismo tiempo. Creo mucho cuando uno hace un quehacer con otro, porque ahí ocurren conocimientos inesperados, y la antropóloga forense tenía esa misma intuición: que, si miraba sus materiales y sus archivos con los ojos de la música, algo nuevo iba a poder verse. Eso para mí resuena un montón a propósito de mi propio quehacer.

—En tu trabajo suele haber una exploración conceptual muy rigurosa. ¿Qué preguntas o inquietudes iniciales dieron origen a esta obra en particular?

“La obra es un poco distinta a las anteriores, en el sentido de que no parte de una batería de preguntas conceptuales como suele ser, sino que parte de este llamado de la antropóloga forense. Entonces Los huesos consiste harto en la acción de atender un pedido, así mismo como podríamos imaginar que ella atiende un pedido de las personas muertas a las que busca identificar. De alguna manera se va generando una especie de cadena de pedidos o de llamados que es muy bonita, porque cuestiona la idea de la voluntad y de la agencia, ya que a lo mejor las cosas que hacemos y no hacemos no parten solo de nuestra propia voluntad o intencionalidad, sino que quizás también actuamos en redes con otras fuerzas. Creo que eso está muy en sintonía con el trabajo que he hecho con lo no humano, que es la idea de darle lugar a otras fuerzas que están en juego cuando hacemos y que operamos en una ecología de fuerzas y voluntades. En ese sentido, ese es un lugar diferente, si nos entendemos como parte de una ecología de fuerzas en lugar de ser la punta de una pirámide.

—Esta obra está “poblada de entidades incompletas”. ¿Cómo se traduce esa idea en la escena y en la construcción dramatúrgica?

“Ese concepto fue bien central, a la vez que también trabajé harto con un libro de Vinciane Despret que se llama La salud de los muertos, que habla de la relación entre los vivos y los muertos, y que dice que recordar no es algo que solo hacen los vivos respecto de los muertos, sino que el recuerdo es un lugar donde ambos se encuentran juntos. Que ese diálogo es fundamental para la construcción y el tejido de una comunidad y, de alguna forma, la desaparición forzada corta ese diálogo entre los vivos y sus ancestros. Reconstruir esa red recordando fue bien importante para la obra, porque trata de reconstruir un tejido que pasa por muchos lugares. El otro texto que fue muy importante fue Fantasmas de la dictadura, de Mariana Tello, que es una etnografía de apariciones que es bien fascinante porque les da una identidad científica a estas entidades fantasmales. A eso me refiero con entidades incompletas, porque la obra, al ser un ejercicio de recordar, está llena de restos, igual que una fosa. Está llena de entidades, personas y voces que están amarradas en una red que se va revelando a lo largo de la obra, la que trabaja mucho con la presencia de lo ausente y, en ese sentido, toda ausencia también está un poco presente. Todo eso se traduce en una estética, una forma actoral y en una estructura dramática”.

—El proceso creativo aparece descrito como un trabajo “a tientas”, similar al modo en que la antropóloga toca los huesos en una fosa. ¿Qué implicó, en términos artísticos, asumir ese modo de búsqueda?

“Lo que me parece hermoso de trabajar a tientas es la idea de, como ella cuenta, ir siguiendo los huesos, hueso por hueso, articulación por articulación, en la ruta por donde el esqueleto o los restos te llevan en la reconstrucción de algo. Esa es una descripción precisa del trabajo creativo, siempre o por lo menos el que hago yo y el equipo. Es ir a tientas preguntando qué quiere esto de mí, entendiendo cómo seguir eso que esa cosa pide. En ese sentido, la autoría artística es mucho menos de lo que podría ser desde la idea del genio, en donde toda la autoría surge desde una persona. Yo creo que en el teatro uno atiende el llamado de un tema, de un personaje y, de alguna manera, uno escucha y sigue a tientas lo que se pide, siendo un trabajo en conjunto. La antropóloga decía que ella escucha a los huesos tocando, lo que hace que haya algo como cinestésico muy bonito ahí. Escuchar tocando, tocar escuchando o ver escuchando, con ese cruce de los sentidos, habla de cómo se complejiza el conocimiento cuando se desplaza de territorio”.

—Marcela Salinas ha sido una colaboradora clave en tu trabajo reciente. ¿Qué encuentras en cada una de sus actuaciones que vuelve posible este tipo de exploración escénica?

“Ella es una actriz que en el fondo opera a tientas, no en el sentido de que no sepa lo que está haciendo, sino que se deja guiar por algo que la está llamando. Nosotras trabajamos mucho con improvisación y, en eso, la Marcela es una especie de creadora y canalizadora de voces, de personajes, de ideas y de cuerpos, lo que para mí ha sido, al encontrarme con alguien que sea tan diestra en la capacidad de seguir un llamado, muy enriquecedor, ya que yo venía desarrollando una metodología que tenía esos mismos principios. Con esto, la Marcela se transforma en una actriz que trae mucho al ensayo y a la escena. Es una actriz muy autora, con su capacidad de escuchar lo que viene y por dónde viene el llamado de esa cosa”.

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