En un mundo donde los músicos muestran a diario su vida privada en redes sociales, la de Sade Adu siempre ha sido un misterio. Gran parte de la actual fascinación por ella proviene del hecho de que sus fans saben muy poco de su vida. En una época que ya no recompensa tanto el talento como las asociaciones con otras personas famosas y la habilidad para aprovecharlas en Instagram y Twitter-, el
desinterés de Sade por la autopromoción ha tenido un efecto contrario. Su antigua reticencia a hablar de sí misma aumentó las probabilidades de que el mundo quisiera hablar de la artista británica de origen nigeriano.
Durante su educación superior, Adu asistió a Central Saint Martins, en Londres, la escuela de moda más prestigiosa del mundo. Para ganar algo de dinero extra vendía ropa en el Camden Street Market. Fue entonces cuando comenzó a cantar como apoyo en una banda local, y pasó a ser la líder solo a regañadientes. “La cantante principal se fue”, aseguró más tarde. Resultó ser grandiosa, con una voz entrecortada que llamó la atención de Stuart Matthewman y Paul Denman, quienes tocaban en una banda llamada Pride. Le pidieron a Adu que cantara con ellos, y así formaron un grupo en torno a Sade.
En cierta forma, su mirada inescrutable, su agudo sentido de la moda y su interés en los ritmos afrocaribeños le debían algo a Grace Jones, pero sus letras y la forma lánguida de entregarlas cambiaron el guión y pusieron la aventura romántica por sobre la sexualidad.
Como carta de presentación, Sade lanzó en 1984 el disco Diamond Life, que gracias a los sencillos Your Love Is King y, en especial Smooth Operator, logró vender más de 10 millones de copias, impulsando su carrera hasta la estratósfera gracias a ese sonido que fue definido como quiet storm, que toma más del soul norteamericano, el bossa nova brasileño y los ritmos africanos que del jazz, género en el que la crítica especializada intentó encasillar a la banda en un principio.
A lo largo de su discografía, Sade canta sobre separaciones no deseadas y conexiones fallidas. El pavoneo de Smooth Operator casi no deja ver que el sujeto de la canción viaja a lo largo de Estados Unidos rompiendo corazones. Su música, en su mayor parte, busca serenidad y estabilidad en las relaciones, reconociendo también historias más tumultuosas. En ese debut, en Hang On to Your Love ve el compromiso como un acto valeroso y en Your Love Is King alaba el amor común al compás del saxo.
Los años 80 fueron la época más prolífica de Sade. Tras Diamond Life vino Promise (con canciones como The Sweetest Taboo y Is it a Crime) y luego Stronger Than Pride (Paradise, Nothing Can Come Between Us).
Love Deluxe (que incluye No Ordinary Love), apareció en 1992, cuatro años después que Stronger Than Pride. Al momento de hacer la sesión de fotos para el álbum, Albert Watson, un colaborador de Vogue, propuso tomarla con el torso desnudo mientras que sus manos cubrirían el pecho. “Ella me dijo lo haré para ti, pero no quiero que esté ni siquiera cerca de la carátula del álbum”, manifestó Watson. “Le dije, la sesión es para ti. Tú controlas todas las imágenes. Luego ella la vio y dijo que era demasiado sexy”. Con el tiempo, en conversaciones con la banda, aceptó utilizarla, pero la imagen sigue siendo un caso atípico en la forma en que ella ha optado por exhibirse.
Con un período de ocho años entre álbumes, luego produjo Lover’s Rock, el que tuvo muchísimo romanticismo pero también una fuerza silenciosa para canciones que hablan sobre los problemas que enfrentan las personas de raza negra. El video para King of Sorrow fue un golpe maestro de tristeza, donde ella salía con un vestido de fiesta y un pañuelo, lustrando los zapatos de un niño. ¿Era una historia con moraleja para la crianza monoparental o un despliegue de moda?
De todos modos, Sade buscaba una vida normal, por lo que luego de editar Love Deluxe (1992) y Lover’s Rock (2000), se estableció junto a su pareja, un exbombero, en una cabaña en el campo cerca de Stroud, Inglaterra. Todo este tiempo, en un silencio de lujo, su leyenda creció. El negocio de la música había llevado a muchas cantantes negras a la reclusión. La diferencia era que Adu parecía no estar quemándose, sino prosperando.
Un secreto de su ausencia es que no es tan total como para parecer sospechosa. Las giras de 2001 y 2011 mostraron que estaba en buena forma (la primera, para su álbum Lover’s Rock, recaudó US$26 millones; la segunda reunió US$50 millones).
La cantante con más onda de la actualidad
Las canciones de Sade bordean el blues, porque se inspira en historias de amor centradas en la gente corriente, reflejando las ansiedades de clase que luego marcarían largos pasajes de su discografía. Aunque muchos lo escuchen casi como si fuese música lounge, más se acerca a ser la banda sonora de un film noir.
Sade tiene un atractivo que se eleva muy por sobre el montón. A medida que se ha producido un cambio generacional, los Djs han convertido remixes de sus baladas en clásicos de clubes, y una serie de artistas hip-hop la elogian una y otra vez.
A pesar de ser una de las personas famosas más silenciosas del planeta, su lugar en el panteón de la influencia cultural solo ha aumentado enormemente. Hace unos años la marca de ropa Supreme puso la imagen de Helen Adu, su verdadero nombre, en una codiciada polera de edición limitada; y el personaje de Reese Witherspoon en la serie Big Little Lies escucha a Sade en una comida y la confunde con Adele.
En Nueva York, desde hace 12 años se realizan las “Sade Night”, fiestas donde los amantes de Sade se reúnen para bailar bajo el embrujo de By My Side. La multitud abarcaba distintas generaciones que se dividen principalmente en tres grupos: fans que crecieron escuchando a Sade, fans que crecieron escuchando como la disfrutaban sus padres, y fans que descubrieron a la cantante en TikTok, donde su música ha vivido un renacimiento. El evento rápidamente ha desarrollado un público fiel y entre sus asistentes figuran nombres como Questlove de The Roots, Dave Grohl de Foo Fighters, Ed Sheeran, Florence Welch y Eric Andre de Outkast.
En noviembre, el Rock and Roll Hall of Fame incorporará a Sade (la banda) en su edición 2026. Aún no se sabe si asistirán a agradecer el honor o si tocarán en el show, pero, por mientras, a sus 67 años, a Adu se la puede descubrir a veces en su Instagram con fotos junto a sus gatos. Y se ve muy feliz.