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Jacinta Rodríguez, actriz de El Jardín de Olivia, habla de la obra Un Día No Vamos a Estar

La integrante de Estudio Pecera se está presentando por estos días en Matucana 100 con un montaje que combina música en vivo, performance e instrumentación no convencional para hablar sobre los desastres climáticos y las ansiedades contemporáneas.

Aunque su rostro se ha hecho más conocido por su rol como Karina Mendoza en la teleserie El Jardín de Olivia, Jacinta Rodríguez es una actriz y directora de teatro apasionada por las tablas y la instantaneidad que provoca presentarse frente a una audiencia en directo. Por estos días se le puede ver actuando en la obra Un Día No Vamos a Estar, la que se está presentando hasta el 23 de agosto, de jueves y viernes, a las 19:30 horas, y sábados y domingos a las 18:30 horas, en la Micro Sala de Matucana 100.

El nuevo montaje de Estudio Pecera es una experiencia sonora y performática que explora el imaginario apocalíptico, la crisis climática y las incertidumbres que atraviesan a la sociedad contemporánea. La obra, dirigida y escrita por Melchor Pino propone una experiencia inmersiva que combina música en vivo, performance y artes visuales para reflexionar sobre el miedo al futuro y los profundos procesos de transformación social, política y ambiental.

Jacinta Rodríguez describe Un Día No Vamos a Estar como un concierto escénico en donde, a partir de propuestas técnicas desafiantes en torno a lo sonoro y lo visual, se van entrecruzando varios relatos que rondan la pregunta en torno al fin de las cosas. Desde esas narraciones aparece la interrogante respecto a cómo la humanidad se enfrenta a los momentos de crisis y a la idea del final.

Para prepararse para la obra, junto al resto de los integrantes de Estudio Pecera, la actriz pasó por una etapa en la que más que preparar un personaje, se buscó encontrar un lenguaje común para hacerlo dialogar con el trabajo multimedial. “Además, como lo actoral se trabaja desde lo performativo, no interpretamos un personaje, sino que funcionamos como ‘operadores’ en donde nuestras voces y cuerpos están al servicio de la narración total de la obra. En este sentido, en el proceso de creación de “personajes” fue muy colectivo, en donde Melchor nos guiaba a los para ir encontrando movilidades y voces que dialogaran con la propuesta sonora y con la de mapping”.  

Crédito: Sebastián Urtreras.

—La obra aborda el miedo al futuro y la incertidumbre frente a la crisis climática y social. ¿Sientes que estos temas te tocan personalmente? ¿Cómo dialogas tú, en lo íntimo, con esas preguntas que plantea el montaje?

“Por cómo está el mundo hoy, pienso que es imposible que estas cuestionen no interpelen a alguien de uno u otro modo. Últimamente ver las redes sociales significa enterarse a cada instante de noticias malas. Y, frente a esta hiperestimulación de información, uno empieza a perder la capacidad de digerir, de sensibilizarse y de analizar. Rápidamente todo se vuelve caótico. En ese sentido, creo que, sin darme cuenta, voy perdiendo la capacidad de imaginar un futuro y de este modo, me paralizo y tengo la sensación que no tenemos agencia para generar cambios. Luego pienso que la historia es cíclica y que las crisis siempre han existido, entonces, ¿qué posición tomamos hoy en torno a la crisis? Esas son algunas preguntas que me han resonado a mi últimamente montando la obra, pero cuando se está en un proceso creativo uno se obsesiona un poco con las temáticas que aborda, y aparecen todo el tiempo nuevas preguntas y acercamientos”.

—El año pasado fue de expansión para ti: debutaste en dramaturgia y dirección con Retazos de un duelo tardío y protagonizaste Mute, con gira incluida por México. ¿Cómo ha cambiado tu forma de pararte frente a un texto o un personaje después de haber probado el lado de la dirección?

“Nunca había dirigido, así que fue bastante difícil. Creo que más que haber cambiado mi forma de pararme frente a un texto o personaje, es el cómo enfrentarme a los procesos creativos. Ahora intento entender antes qué se quiere de la obra o del proyecto que qué se quiere de mi como personaje. De esta manera, voy entendiendo por qué la obra es importante y así puedo sentirme más libre al momento de proponer. Además, así voy entendiendo el teatro no solo desde la actuación, y secretamente me voy robando un poco de lo que admiro de cada persona en todos los roles, desde la dirección, la dramaturgia, la técnica hasta mis compañeros de elenco”.

El Jardín de Olivia marcó tu debut en teleseries interpretando a Karina Mendoza, prima de la protagonista. ¿Cómo ha impactado saltar de las tablas a la televisión?

“Intenté nunca abandonar las tablas mientras estaba en televisión. Se habla mucho de pasar de una cosa a otra, pero pienso que, si se tiene el tiempo, las posibilidades y la energía, pueden coexistir perfectamente. Lo más desafiante en ese sentido fue entender por primera vez el código actoral que te pide la televisión. Entender cómo pararse en las cámaras, cómo proponer desde lo actoral sin desafinar con el resto del equipo y cómo disfrutar actuando, que es lo más importante”.

—Después de esta experiencia en televisión, ¿te ves proyectando tu carrera hacia nuevas teleseries, o el teatro sigue siendo el terreno donde más cómoda te sientes como actriz?

“Pienso que soy joven y aún quiero probar todo lo que pueda, tengo mucho que seguir aprendiendo. Creo que, si puedo, voy a hacer teatro siempre, porque me encanta y es desde donde creo que puedo pensar el mundo. Respecto a las teleseries también quisiera tener la oportunidad de volver a probar otros proyectos, también ahí tengo muchísimo que entender todavía y sé que cada teleserie tiene sus lenguajes, me encantaría probar otro personaje diferente. Me encantaría algún día poder hacer cine, que nunca he hecho. Y la verdad, aunque agradezco la estabilidad, también me gusta sentirme incómoda como actriz, porque significa que estoy aprendiendo y disfruto mucho de eso”.

—¿Qué diferencias más grandes encuentras entre construir un personaje para la pantalla, con las lógicas de la teleserie, y construirlo para las artes vivas, como en tu trabajo teatral?

“Sería más fácil decir qué semejanzas, porque me parecen trabajos diametralmente diferentes y también es difícil responder con propiedad porque sólo he hecho un personaje en televisión. En las lógicas de la teleserie, pienso que hay un trabajo muy importante que no se ve y que no depende mucho de una: son los guionistas quienes toman las decisiones más importantes respecto al personaje y uno sólo tiene que defender lo que dice el guion, son las vestuaristas, maquilladoras, peluqueras quienes le dan el look. Uno, en las lógicas de la televisión se suma a un proyecto totalmente armado y el trabajo de propuestas es chiquitito y también se va armando en torno a la relación con los otros actores. En teatro también cambia la forma de construir un personaje respecto de cada proyecto, pero en general me siento un poco más libre para proponer desde lo actoral, probablemente porque hay más tiempo de ensayo para dedicarle a cada momento”.

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