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Ludovico Einaudi, el romántico minimalista

El pianista y compositor italiano regresa a Chile en marzo próximo luego de haber agotado dos Teatro Municipal en 2023. Con 7,3 millones de oyentes mensuales en Spotify, es por lejos el interprete clásico más seguido en la plataforma musical.

Más de 736 millones de escuchas en Spotify tiene Experience, de Ludovico Einaudi, una canción que en sus cinco minutos de duración sigue una bella y simple melodía de piano. Perteneciente al disco In a Time of Lapse, de 2013, el tema ha aparecido en varias series y películas, transformando al compositor turinés en una de las figuras de la música clásica contemporánea, también llamada “indie clásica” o “neoclásica” por tomar elementos de la electrónica, el rock y el ambient mezclados con componentes del minimalismo (que, iniciado a mediados de los 60, fue uno de los primeros movimientos en romper los límites del arte “elevado” y “bajo” en la música clásica).

Tras su creación ha llegado a todos los rincones de la cultura musical, de bandas de sonido para películas a discos de pop o heavy metal, del jazz a la electrónica. Incluso a través de los años ha evolucionado, tomando elementos del romanticismo y el neoclasicismo de Stravinsky.

Entre los músicos minimalistas más renombrados de los años 60 y 70 están Philip Glass, Terry Riley, Steve Reich y La Monte Young, todos nacidos a mediados de los años 30 y que tenían en común la forma en que desafiaban al público a escuchar sus piezas, las que tenían un carácter hipnótico o meditativo. En el caso del más famoso de ellos, Philip Glass, la repetición cíclica de los acordes crea una gama de sonidos en movimiento, llevando a los oyentes a un estado de alteración mental, en donde no se necesita poner atención a cada nota, sino que hay que sentir el efecto de la música.

Herederos de Glass y Reich, pero con más énfasis en la melodía y la belleza, artistas como Ludovico Einaudi, Max Richter, Olafur Arnalds y Nils Frahm han logrado prolíficas carreras componiendo discos propios, música para bandas sonoras, óperas e incluso ballets. Aunque similares en su simplicidad, cada uno se aproxima a la música de forma distinta y pertenecen al género del post-minimalismo, que recoge el legado, pero con piezas notablemente más cortas y usualmente compuestas para un instrumento específico o un conjunto de cámara.

Más allá de los nombres, el minimalismo rompió categorías, clasificaciones y géneros, mientras que acercó a los artistas y los consumidores de arte. Ludovico Einaudi, en una entrevista para The New York Times, dijo: “Creo que las etiquetas son restrictivas. Puedes poner a los Beatles y los Rolling Stones en la misma categoría, pero el tipo de música, los colores que cada banda evoca, son completamente diferentes. Hoy en día, cuando me preguntan si mi música es minimalista, es clásica, es contemporánea, puedo decir que sí o que no, pero no representa lo que estoy haciendo”.

Un viaje hacia lo esencial

Nacido en Turín en 1955, en una familia en la que su abuelo había sido presidente de Italia luego de la Segunda Guerra Mundial, quizás fue su madre, una pianista aficionada, quien lo introdujo por primera vez en la música, sembrando las semillas de lo que se convertiría en una destacada carrera. Comenzó sus estudios musicales en el Conservatorio de Turín y se graduó bajo la tutela de Azio Corghi en el Conservatorio de Milán. Posteriormente estudió con Luciano Berio, convirtiéndose en su asistente, y con Karlheinz Stockhausen.

Según ha dicho de sus primeros años, “comencé a componer música cuando era adolescente, en piano y guitarra. Mis primeras influencias, además de mi madre tocando en casa al piano a Chopin, Bach y canciones infantiles francesas, fueron los Beatles, los Stones, el blues y toda la música pop de los años 60 y comienzos de los 70. El sonido era el de las guitarras, los órganos, los bajos y las baterías de las bandas de aquella época. Me encantaba la variedad de colores y la energía creativa de ese tiempo”.

En 1982, su talento le valió una beca para el Festival de Música de Tanglewood, donde entró por primera vez en contacto con el minimalismo estadounidense. Durante los años siguientes se dedicó a componer para ballet, cine y teatro, pero no sería hasta su álbum Stanze (1992) que emprendería “un viaje hacia lo esencial, tratando de alcanzar la máxima intensidad expresiva utilizando lo mínimo indispensable”. Tras esto comenzó a presentarse en escenarios cada vez más importantes. Los conciertos en vivo en La Scala de Milán, también registrados en disco, así como sus presentaciones especiales en el HangarBicocca y el Royal Albert Hall, marcaron la consagración de una expresión artística plena.

En su siguiente álbum de estudio, Una mattina, publicado en 2004, la música de Einaudi se volvió más concentrada e introspectiva. En el siguiente, Divenire, se expandió impulsada por las sonoridades de la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. Ambos discos, que ya encabezaban las listas de música clásica, también lograron ingresar a las de música pop, algo inédito hasta entonces. Fue el único músico clásico que actuó en el primer festival de iTunes.

En 2013 publicó In a Time Lapse, una reflexión sobre el tiempo, grabada en un monasterio y “concebida como una suite o como los capítulos de una única novela”, en la que su piano estuvo acompañado por cuerdas, percusión y elementos electrónicos. En 2016 interpretó su Elegy for the Arctic, encargada por Greenpeace, sobre una plataforma flotante en medio del hielo del océano Ártico.

Parte importante de su obra es la sensación de serenidad que genera en el oyente, casi como si uno estuviese soñando. Según ha dicho, “la música me ha sanado muchas veces, probablemente durante toda mi vida. Desde niño, solo encontraba en la música las emociones que necesitaba. La música me ha transportado a lugares hermosos, llenos de colores, alegría y tristeza. Sin ella, mi vida habría sido completamente diferente; sin duda, mucho más gris”.

Fue en 2023 que el público chileno pudo enfrentarse al artista por primera vez durante dos presentaciones que dio en el Teatro Municipal de Santiago a tablero vuelto en conciertos que dieron cuenta de su larga carrera y del uso de los instrumentos como creadores de atmósferas en donde la sutileza de su piano contrastaba con percusiones e instrumentos de viento muchas veces pasados por el filtro de efectos de sonido y distorsiones.

En marzo de 2027 Ludovico Einaudi vuelve a Chile —esta vez al Santander Arena—, acompañado por los músicos que lo han seguido en el escenario durante muchos años, presentando música de The Summer Portraits junto con muchas de las composiciones que han dado forma a su viaje artístico. Combinando obras recientes con algunas de sus piezas más célebres, el programa anunciado promete desplegarse como un paisaje musical inmersivo, donde melodías íntimas, atmósferas cinematográficas e intensidad rítmica crean una experiencia en vivo rica y en constante evolución.

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