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FOTOS – Primera noche de Bad Bunny en Chile: ahora todos quieren ser latinos

La noche del 9 de enero, Bad Bunny regresó a Chile con un show que fue más que una sucesión de éxitos. En el Estadio Nacional, el artista desplegó un espectáculo que combinó fiesta, emoción y mensaje. EL DÍNAMO estuvo presente en la primera de tres jornadas del esperado regreso del puertorriqueño.

Desde el primer momento, Benito Martínez, Bad Bunny, logró tomar el Nacional y moverlo de estado de ánimo como quien cambia de pista en una tornamesa. Hubo euforia desatada, pero también pausas necesarias; momentos de baile colectivo y otros de reflexión, donde el propio artista llamó a agradecer el estar vivo. Esa capacidad de mutar sin perder coherencia es, quizás, una de las claves de este tour que lo ha consolidado como una figura cultural más allá del pop urbano.

El orgullo por Puerto Rico y Latinoamérica atravesó el espectáculo de principio a fin. No como consigna vacía, sino como identidad viva. Bad Bunny volvió a dejar claro que su éxito no es un accidente ni un fenómeno aislado, sino parte de una narrativa latinoamericana, mezclando ritmos, historias y luchas comunes, ya que tal y como dice su canción “ahora todos quieren ser latinos”.

La conexión de Bad Bunny con Chile

Uno de los momentos más altos de la noche (y de mayor carga simbólica) llegó cuando uno de sus músicos interpretó El derecho de vivir en paz de Víctor Jara, en una versión íntima, ejecutada en una especie de charango. No fue un gesto forzado ni oportunista: fue un guiño consciente al país que lo recibe y a su memoria colectiva, de hecho, sus propios teloneros, el cuarteto Chuwi, cerraron su presentación con la frase “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”.

La sorpresa también tuvo nombre propio: Soy Peor. La canción exclusiva de la noche fue una de las primeras que catapultó a Bad Bunny en sus inicios, y sonó como una vuelta al origen. Casi como si el destino hubiese querido que ese tema apareciera precisamente en Chile, uno de los primeros países en abrirle las puertas cuando Benito aún no era el fenómeno global que es hoy, sino que hacía conciertos en la UFRO de Temuco o en la Medialuna de Rancagua.

El show se extendió por casi dos horas y media y combinó música en vivo, fuegos artificiales y un despliegue audiovisual pensado para integrar al público y acortar la distancia con el escenario. Más allá de la polémica previa por la ubicación de la “casita”, la experiencia terminó imponiéndose, reforzada por una conexión constante entre el artista y los miles de asistentes que llenaron el Estadio Nacional.

Con dos fechas aún por delante (con tickets disponibles aún), la expectativa se mantiene alta. La primera jornada dejó en claro que Bad Bunny no llegó solo a cumplir, sino a marcar su regreso a Chile.

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