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Marta Gómez: “En un mundo tan fuerte necesitamos muchas caricias”

La cantautora colombiana, que regresa a Chile con su gira Letra y Música, celebra 25 años de trayectoria reafirmando una obra marcada por la ternura, la poesía y la convicción de que una canción todavía puede transformar la vida de una persona.

Con 25 años de carrera, 22 discos y más de 200 canciones publicadas, Marta Gómez se ha consolidado como una de las voces más singulares de la música latinoamericana. Dueña de una obra donde conviven el folclor, el jazz, la canción de autor y una mirada profundamente humana, la artista vuelve a Chile para presentarse el próximo 6 de mayo en Teatro Nescafé de las Artes con su gira Letra y Música.

En conversación con El Dínamo, la compositora habla sobre el poder transformador de la música, la infancia como territorio esencial, la ternura como resistencia y el lugar de la canción latinoamericana en tiempos convulsos.

—En varias ocasiones has dicho que crees que la música puede cambiar el mundo. En un contexto global marcado por conflictos y tensiones, ¿cómo se sostiene hoy esa convicción desde la ternura?

“¡Ay, qué hermosa pregunta! Me encantó, me conmovió. Amo la palabra ternura y creo que se puede hacer una revolución desde la ternura y desde el amor. Estoy convencida absolutamente. Para quienes somos padres y madres, la esperanza no es una opción: tenemos que tener esperanza. No podemos decirles a nuestros hijos que el planeta se va a acabar y que las guerras van a terminar con nosotros como especie”.

“Yo soy una persona profundamente optimista, honestamente optimista. Sé que una canción no va a detener una guerra, sé que ningún gobernante va a escuchar una canción mía y cambiar el rumbo del mundo. Pero sí sé, porque lo he vivido, que una canción puede transformar el día de una persona. Puede incluso salvarle la vida en un momento difícil. Y para mí eso ya es cambiar el mundo. Las canciones son armas muy poderosas. Si no lo fueran, no existirían canciones prohibidas. Los gobiernos también saben de la fuerza infinita del arte y de la música para unirnos, para ser revolución, para crear comunidad. Así que sí, sigo creyendo profundamente en la esperanza del mundo, especialmente a través de la canción”.

—Tu obra se mueve entre el folclor latinoamericano y el jazz. ¿Cómo dialogan hoy esas dos tradiciones en tu proceso creativo?

“Mi canción está inspirada básicamente en el folclor. Amo el folclor latinoamericano. Algunas canciones también tienen influencias del folclor español, cuando están dedicadas a España. Del jazz diría que hay un poquito de armonía, algo que aportan los músicos con los que trabajo y que da una coloratura distinta a los acordes. Y hay algo del jazz que amo profundamente: la improvisación. Eso también vive en mis canciones”.

—Has señalado que muchas de tus canciones nacen desde la emoción más que desde la perfección técnica. ¿Qué valor le das hoy a la espontaneidad en una industria cada vez más producida?

“Admiro muchísimo a compositores que trabajan cada palabra con una precisión admirable. Pienso en Jorge Drexler, en Javier Ruibal. Pero yo no compongo así. Soy muy respetuosa de la espontaneidad del momento. Creo que cuando uno compone aparece algo misterioso, una inspiración que no se sabe de dónde viene, y trato de honrar eso. Muchas veces escribo una canción y después me pregunto qué quise decir con esa imagen. Simplemente fui un canal por el que pasó un mensaje. Ahora, en la técnica vocal sí soy muy rigurosa: cuido la respiración, la afinación, la dicción. Amo mi instrumento y trato de ser muy juiciosa con él”.

—En tu repertorio hay un vínculo muy fuerte con la infancia. ¿Qué has aprendido de ese diálogo con lo infantil?

“La infancia es un momento esencial. Muchos de los grandes dolores de la humanidad tienen origen en infancias sin amor, sin atención, sin cuidado. Yo trato de proteger mucho las infancias. Los niños y niñas son poetas innatos. Son maestros. Nadie vive el presente como ellos. He compuesto canciones a partir de frases extraordinarias que dicen los niños. Siento que me toca devolverles algo de todo lo que me dan. Y también me importa mucho no olvidar a la niña que fui. Tener paciencia con esa niña interior, cuidarla, darle cariño. Eso ha sido muy importante en mi vida y en mis canciones”.

—En entrevistas recientes mencionas que prefieres un lenguaje no literal en tus canciones. ¿Qué te permite sugerir más que decir directamente?

“Me molesta un poquito el lenguaje literal, porque en lo poético hay mucha magia. Prefiero un lenguaje metafórico, donde cada persona pueda entrar con su propia historia. Si digo ‘en el pueblito aquel donde está mi abuela’, cualquiera puede pensar en su propia abuela, en su propio pueblo. Eso me interesa más que nombrar algo demasiado específico. Vivimos en un mundo tan crudo que qué bonito poder usar poesía cuando la vida nos lo permita. Y creo que el gran desafío está en expresar poesía desde la simpleza”.

—Tu último trabajo ha sido descrito como un disco que habla del miedo y del paso del tiempo, pero desde la ternura. ¿Es la ternura una forma de resistencia?

“Sí, la ternura es una forma de resistencia, especialmente cuando tienes hijos. Muchas canciones nacen del miedo profundo a perderlos o a no alcanzar el tiempo para acompañarlos. De ese miedo surge también la ternura: decirle a un hijo que, sea lo que sea que quiera ser, una estará ahí acompañándolo. Esa promesa amorosa también resiste frente al miedo”.

—A lo largo de tu carrera has citado referentes como Violeta Parra o Mercedes Sosa. ¿Qué lugar ocupa hoy la canción latinoamericana en un escenario globalizado?

“La canción latinoamericana, y especialmente la canción de autor, nunca va a morir. Mientras haya amor, guerras, desamor, hambre, ternura, hijos, siempre habrá necesidad de canciones. No creo que debamos competir con otros géneros. Habrá músicas para bailar, para divertirse, y está perfecto. Pero cuando alguien quiera pensar, llorar o abrazarse, ahí estaremos los cantautores. Mientras haya mundo, habrá canción de autor, habrá poesía y habrá folclor. Nunca pasa de moda”.

—Si tu música es una caricia para el mundo, ¿qué te gustaría que esa caricia provocara hoy en quienes te escuchan?

“Ojalá mi música pueda dar paz. En un mundo tan violento como el nuestro, si logro darle paz a alguien a través de una canción, ya me siento agradecida. Espero que quien escuche mis canciones pueda viajar a su infancia, sonreír, emocionarse, llorar si lo necesita. En un mundo tan fuerte necesitamos muchas caricias. Si logro ser una caricia, será mi mayor logro en la vida musical”.

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