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Cómo es Ritmo Colectivo, el primer listening bar de alta fidelidad en Chile

Fundado por un grupo de amigos fanáticos de la música, el espacio ubicado en Providencia no solo cuenta con equipos hi-fi traídos de Inglaterra y Japón, sino que suma comida de primer nivel a cargo del chef de Huggo Comedor y cócteles que van desde whiskey nipón hasta una buena piscola premium.

Un listening bar hace exactamente lo que su nombre indica. Es un lugar donde los clientes se sientan ojalá en silencio o hablan bajo (en teoría), beben y escuchan música. Sin embargo, la música no es solo un ingrediente más, sino que el foco central del lugar, y por eso un verdadero bar de escucha tiene que contar con equipos de audio que estén sobre el estándar de cualquier casa o restaurante.

Nacidos en Japón, estos lugares han ido evolucionando y expandiéndose por todo el mundo. Hoy en día, existen en las principales ciudades y en los barrios más vanguardistas, desde Shibuya en Tokio hasta Palermo en Buenos Aires. Alguno de los más famosos son Bar Neiro en Berlín, que toca jazz y que es curado por ingenieros en sonido; Gota, en Madrid, que se especializa en jazz y ambient; Jumbi, en Londres, que apunta a la comunidad amante del funk, el jazz y el dub; y Matiz en Sao Paulo, que hace sentir como si uno estuviese en un estudio de sonido.

En Chile si bien la tendencia se demoró más en llegar, ya se están dando los primeros pasos en ciudades como Concepción y Santiago, en donde acaba de abrir Ritmo Colectivo o RiCo Hifi, el primer listening bar de alta fidelidad —además de contar con su propia tienda de vinilos enfocados fuertemente en la electrónica—, con equipos traídos desde Inglaterra y Japón y un diseño sonoro hecho para que la experiencia de escucha sea lo más especial posible.

Fotos gentileza de Ritmo Colectivo y Macarena Whittle.

Los listening bars suelen ser gestionados por apasionados de la música, cuyo principal objetivo en la vida es compartir sus amplias colecciones musicales, y ese es el caso de Gonzalo Vallejo (40), quien es periodista de profesión, pero desde muy joven a estado ligado a la música. Según cuenta, ya a los 8 años su papá le pedía que se encargase de ir intercalando los casetes en las fiestas familiares. Con los años se convertiría en gerente de comunicaciones para Techo, Kauffmann y el Mundial Sub 17 de Fútbol de Emiratos Árabes, pero su amor por la música jamás lo dejó de lado, siendo DJ de música electrónica para grandes fiestas nacionales.

Luego de viajar y ver cómo han evolucionado los bares musicales desde su origen en Japón, en donde fueron bautizados como ongaku kissa en la década de 1920, Gonzalo junto a un grupo de amigos —todos DJ o amantes de la música—, tuvieron la idea de armar este lugar, y para ello encontraron un local en la recientemente refaccionada calle Luis Middleton, en la comunidad Empart, también conocida como “las torres de Carlos Antúnez”. Ahí luego de un arduo trabajo transformaron lo que por años fue una fuente de soda en un bar en donde el aroma de la madera reina y se mezcla, en momentos de esta visita, con el sonido del astro de la psicodelia brasileña Tim Maia.

“Quería capitalizar todo lo que me ha regalado la música”, dice Gonzalo repitiendo una frase que se ha transformado en un mantra para Ritmo. “Una de las grandes motivaciones para hacerlo es que en Santiago para quienes tenemos más de 40 es difícil encontrar un lugar”, agrega, sintetizando el espíritu que hay detrás.

Para armar el local trabajaron con el estudio de arquitectura Da 2, mientras que el interiorismo estuvo a cargo de Estudio Well. Para el sonido contaron con la ayuda de los expertos de Needle. En cuanto a los equipos, los dos parlantes JBL 4344, de 1983, fueron traídos desde Japón e instalados cuidadosamente, ya que cada uno pesa 100 kilos. El amplificador Rega fue enviado directamente desde la fábrica en Inglaterra, siendo el único en su tipo en el continente, mientras que la tornamesa de escucha es una Rega Planar 8 y las de cabina de selección son dos Technics 1210 GR. En cuanto al mixer, un imponente Isonoe 420 sirve como mesa de control del DJ de turno.

Según cuenta Daniel Vargas Espada, arquitecto detrás del proyecto, “en un bar de escucha, los muros, cielos, y pavimentos importan tanto como la tornamesa y los parlantes. En ese sentido la arquitectura no adorna ni decora, hace que escuchar sea la única opción, con un espacio que impone y orienta la atención al sonido y hace del detalle constructivo la experiencia de la escucha. Lo que no se ve y esta escondido en todos lo elementos constructivos es lo que hace que funcione”, agregando que “la arquitectura manda el ritual, un espacio mal diseñado arruina hasta el mejor sistema de sonido, si solo le subes el volumen a un buen equipo logras un bar con buena música pero si diseñas el espacio y los construyes para que el acto principal sea escuchar logras un listening bar como RiCo Hifi”.

La idea detrás del local es transformarse en una parte importante del vecindario, es por eso que estudiaron cómo se distribuye el sonido para no molestar a nadie. Para ello se armó una “comisión de sonido”, derivando en un trabajo colaborativo. De ahí el nombre del local. “El proyecto está pensado en que todo sea de alta calidad. Esto es más que un bar, ya que buscamos que sea un espacio cultural. Vamos a hacer escuchas guiadas en donde se va a enseñar la historia detrás de ciertos discos y habrán lanzamientos”, cuenta Gonzalo Vallejo.

Una parte importante de Ritmo Colectivo está en su propuesta gastronómica, la que está a cargo de Maximiliano Muñoz, quien se hiciese conocido en ese gran lugar que fue Guappo Bistró y que ahora brilla con Huggo Comedor, ubicado a solo pasos de Ritmo. Según señala Maximiliano, lo que se ofrece en el local para escuchar buena música es “cocina de bar. Un formato orientado a la cocina chilena híbrida. Aquí tenemos desde carpaccio de lengua nogada hasta un tártaro de hongos silvestre. La idea es ser una mezcla entre el formato de tapeo de Guappo y la comida chilena de Huggo”.

En la programación musical, 15 DJ residentes se turnan de martes a sábado con diferentes selecciones de discos, a la vez que ya prometen DJ invitados. “Ritmo Colectivo nace del patrón arquitectónico en donde estamos ubicados. De la comunidad Empart que si se mira desde el aire tiene su propio ritmo. Bajo ese concepto integramos a pura gente talentosa”.

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