La semana pasada, mientras el frío de los Alpes suizos intentaba, como siempre, congelar las discusiones en conceptos abstractos y diplomacia, el World Economic Forum se convirtió en el escenario de un choque de realidad que muchos no quisieron ver venir. Para quienes seguimos la tecnología no como un gadget, sino como el sistema operativo de nuestra sociedad actual, lo que se escuchó en Davos no fueron simples predicciones, fueron sentencias.
Dario Amodei (Anthropic), Demis Hassabis (Google DeepMind) y Satya Nadella (Microsoft) se encargaron de romper el cristal de la complacencia. El mensaje es unánime y, para ser honestos, bastante incómodo: “el margen para adaptarse se está cerrando”. Y lo está haciendo a una velocidad que debería hacernos replantear todo, desde la estrategia de una multinacional hasta la formación de un estudiante universitario.
El factor Trump
El primero en soltar una de esas verdades fue Dario Amodei. El CEO de Anthropic (ex miembro de OpenAI) no se anduvo con vueltas al criticar la postura de la administración Trump respecto a la venta de chips de alta gama a China. Para Amodei, esto no es una simple transacción comercial; es una cuestión de seguridad nacional con “implicaciones enormes”. Comparando la venta de estos chips con “venderle armas nucleares a Corea del Norte“. Sostiene que la seguridad nacional está en juego y que el dinero de los aranceles no compensa el riesgo.
Siempre digo que la reputación se construye sobre la coherencia. Pero aquí la coherencia choca con el pragmatismo económico. Estamos en una carrera armamentista digital donde el silicio es el nuevo petróleo. Si la ventaja competitiva de Occidente se diluye por decisiones políticas de corto plazo, el equilibrio de poder en la IA -y por ende en la economía global- podría cambiar de manos antes de que termine esta década. No es solo software; es quién tiene la llave.
¿El fin del “junior”?
Por otro lado, Demis Hassabis tocó una fibra sensible que afecta directamente al mercado laboral. El CEO de DeepMind anticipó un escenario agridulce, habrá menos contratación de perfiles sin experiencia. Es una realidad brutal. Si una IA puede realizar las tareas básicas de entrada, ¿para qué contratar a un principiante?
Sin embargo, Hassabis dejó una puerta abierta. La IA no solo reemplaza, sino que acelera. Estos mismos jóvenes, si logran dominar las herramientas adecuadas, podrán desarrollar nuevas habilidades de nivel senior mucho más rápido que las generaciones anteriores. Estamos pasando del “aprender haciendo” al “aprender dirigiendo” procesos automatizados. El desafío para las empresas chilenas y globales es cómo mentorizar a un talento que ya no pasa por las etapas tradicionales de formación en el puesto de trabajo.
La agilidad como única moneda de cambio
Satya Nadella, el hombre que transformó Microsoft en un titán de la IA, lanzó una advertencia que debería quitarle el sueño a más de un CEO de la vieja guardia. Según Nadella, ninguna empresa -por más grande o histórica que sea- puede relajarse. La escala ya no garantiza la supervivencia. De hecho, predijo que grandes corporaciones que no se actualicen van a ser devoradas por empresas pequeñas y ágiles que utilicen la IA como un multiplicador de fuerza.
Lo veo a diario en la agencia, la ventaja ya no es de quien tiene más presupuesto, sino de quien tiene la capacidad de pivotar más rápido. En un mundo donde las herramientas de IA permiten que una startup de tres personas tenga la capacidad operativa de un departamento de marketing de cincuenta, el elefante corporativo tiene que aprender a bailar para el circo o prepararse para ser el guía del museo.
La frontera de los doce meses
Quizás lo más impactante fue la fecha de caducidad que puso Amodei al desarrollo de software tal como lo conocemos. Afirmó que estamos a menos de un año de que los modelos de IA puedan realizar prácticamente todo el trabajo de un ingeniero de software. Herramientas como Claude Code ya nos están mostrando que esto no es ciencia ficción.
Si el código, que es el lenguaje sobre el cual se construye el mundo digital, pasa a ser gestionado casi íntegramente por máquinas, ¿qué nos queda a nosotros? Nos queda el criterio, la estrategia y la humanidad. Como terapeuta cognitivo conductual, suelo profundizar en cómo gestionamos el cambio. Y este cambio es radical. No se trata de aprender un nuevo software; se trata de redefinir nuestra identidad profesional.
Una ventana que se cierra
En Davos suele hablarse en abstracto, pero este año la abstracción se quedó en la nieve de afuera. Entre advertencias geopolíticas, transformaciones en la contratación y la automatización total del desarrollo, el mensaje es claro, la ventana para adaptarse se está cerrando más rápido de lo que pensabas.
No es momento de observar desde afuera. Como siempre sostengo, la tecnología no es algo que nos sucede, es algo con lo que co-creamos. Pero para ello, primero hay que entender que el tiempo de la duda se terminó.
La pregunta ya no es si la IA cambiará tu trabajo o tu empresa. La pregunta es si, cuando termine el periodo de redefinir las reglas, todavía estarás ahí para contarlo.