Hace un tiempo llegó a mis manos Amoricidio: un auto atentado contra el amor de pareja, el libro de la escritora y coach Cristina Vásconez. Su lectura me dejó dando vueltas una idea que resuena más profundamente con la perspectiva que me dan los años y la propia madurez: ¿qué pasa cuando la erosión silenciosa y natural de una pareja se cruza con el ritmo implacable de la tecnología?
Nos acostumbramos a pensar que la inteligencia artificial o la transformación digital solo impactan el trabajo o los negocios. Sin embargo, el lugar donde hoy se siente más fuerte esa presión es en el sillón de la casa, en el velador o en la cama del dormitorio. Está en la forma en que nos relacionamos y nos cuidamos, sobre todo al llegar a la madurez.
A menudo se cree que la inmediatez y el desgaste de las pantallas son temas de jóvenes. Pero la Generación Silver -los adultos mayores de 50 o 60 años, hoy hiperconectados y con ganas de vivir una segunda mitad de vida plena- enfrenta un desafío distinto. Por un lado, las aplicaciones y la tecnología prometen mantenernos vigentes; por el otro, si nos descuidamos, se convierten en el distractor perfecto para dejar de mirar a quien tenemos al lado.
En su libro, Cristina Vásconez define el amoricidio no como un portazo violento, sino como el desgaste solapado y paulatino del afecto. Es ese autoatentado cotidiano donde aceptamos migajas de atención o caemos en el piloto automático. Y si miramos esa idea con el prisma del entorno digital actual, queda claro que la tecnología se ha transformado en el acelerador silencioso de ese distanciamiento.
Amoricidio en la era de la inteligencia artificial
En la madurez, donde la complicidad y el diálogo suelen ser el pegamento fundamental del vínculo, la distracción digital actúa como una micro-agresión diaria. Hablamos de la escena cotidiana: dos personas que han compartido décadas de vida sentadas en el mismo sillón, pero separadas por años luz de distancia cognitiva, cada una absorta en su propio feed infinito de redes sociales o interactuando con asistentes virtuales que responden con una paciencia impecable que la pareja humana ya no tiene.
La IA nos acostumbra al principio de optimización instantánea. Si un contenido no nos gusta en tres segundos, lo descartamos. Al trasladar esa lógica algorítmica a la vida afectiva Silver, el costo es devastador.
El amor maduro requiere tiempo, tolerancia al silencio y gestión presencial del conflicto. Cuando aplicamos la lógica de la eficiencia digital a una relación de 30 años, la imperfección del otro se vuelve intolerable. Ya no se tolera la vulnerabilidad; se exige inmediatez.
Las aplicaciones de citas para adultos mayores, por su parte, venden la promesa del reinicio ilimitado. Si bien son una herramienta valiosa contra la soledad no deseada, también alimentan la ilusión de que siempre hay una opción mejor en la pantalla. El riesgo del amoricidio Silver aquí es la mercantilización del afecto: la incapacidad de construir un vínculo profundo porque la mente ya está entrenada en la cultura del consumo rápido y el descarte.

De espectadores a protagonistas
Vásconez plantea que para combatir el amoricidio debemos dejar de ser espectadores del propio guion amoroso y abandonar la falsa creencia de que el amor todo lo soporta o que el dolor es parte obligatoria del compromiso.
En la Generación Silver, esto cobra un valor doble. Vivimos la época de mayor longevidad en la historia humana; cumplir 60 años hoy no significa el retiro, sino el inicio de un capítulo que puede durar tres décadas más.
Aceptar la resignación en la pareja, quedarse por costumbre o tapar los vacíos emocionales con el ruido blanco de las pantallas es cometer un amoricidio en cámara lenta.
La inteligencia artificial y las plataformas digitales no van a desaparecer; al contrario, seguirán mediando cada aspecto de nuestro entorno. El desafío no es desconectarse de la tecnología, sino reconectarse con el criterio.
Utilizar las herramientas digitales para potenciar el tiempo de calidad, la curiosidad compartida y el bienestar, en lugar de usarlas como anestesia para no mirar al otro de frente.
El laberinto del corazón y la trampa del algoritmo
Ahí radica el verdadero reto hacia adelante. Porque el caldo de cultivo del Amoricidio es, precisamente, la dificultad que tenemos para involucrarnos, para aprender las reglas del amor y para comprender la dinámica cambiante de las relaciones en estos tiempos. Un asunto complejo y tramposo en una era donde tendemos a convertir a los agentes de IA en nuestros consultores sentimentales.
Así como hoy le pedimos a un copiloto de IA que nos resuma un documento largo o a Waze la ruta con menos tráfico, cualquiera preferiría una aplicación que le ordene a quién elegir y cómo lidiar con el otro; algo en apariencia mucho más cómodo que tener que bucear en los laberintos del corazón del amado, por más que se lo quiera.
Nos encontramos ante un momento profundamente paradójico para los Silver: teniendo la madurez y el recorrido necesario para discriminar y elegir con sabiduría, corremos el riesgo de volver a cerrar los ojos como en el pasado y continuar en una obediencia pasiva, pasando de los viejos mandatos sociales al automatismo del algoritmo.
El amor en la segunda mitad de la vida exige la misma audacia que se requiere para adoptar una nueva tecnología: la capacidad de actualizar el sistema operativo emocional, desmantelar los viejos mandatos culturales del pasado y entender que la presencia real y el trabajo consciente sobre el vínculo siguen siendo el único algoritmo capaz de sostener un afecto duradero.