
Entonces comenzaron a cavar. Tenían en claro que iban a encontrar, en primera instancia, gas. Mucho. Pero no se imaginaban que era para tanto. Según explica Daily Mail en su versión de la historia, el piso colapsó en un radio de 70 metros y dejó escapar los gases que tanto buscaban.


El cráter inicial, antes del incendio intencional en 1971, y el actual, aún encendido.
Pero la cantidad era mucha, demasiada, y el tipo de fluido era difícil de determinar. Les resultaba imposible explotarlo y temieron que su composición química resultara venenosa. Así decidieron que lo mejor era quemar ese gas, que suponían superficial.
“(El fuego) puede durar algunos días”, especularon. Error. Desde aquella chispa inicial, el hoyo de fuego no se ha apagado. De noche, se puede ver desde miles de kilómetros en la oscuridad, y le ha dado una fama muy poco útil a la cercana población de Derweze, donde apenas viven 350 personas.
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