63 estudios científicos que se remontan a 1928 han sido analizados y relacionados por psicólogos de la universidad de Rochester Northeastern. La conclusión a la que han llegado es que las personas religiosas son menos inteligentes que los no creyentes.
Sólo 10 de los 63 estudios mostraron una correlación positiva entre la inteligencia y la religiosidad, informan los británicos.
La relación entre la inteligencia y la religiosidad: un meta-análisis y algunas explicaciones propuestas fue dirigido por el profesor Miron Zuckerman y publicado en la revista académica Personality and Social Psychology Review este mes.
El equipo de Zuckerman estudió décadas de análisis, reparando en que los estudios sobre ateísmo e intelecto “tenían algo en común: la premisa de que las creencias religiosas son irracionales, sin ninguna base científica, imposibles de comprobar, y por tanto, poco atractivas para gente inteligente.”
El estudio define la inteligencia como la “capacidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápido y aprender de la experiencia.”
La religiosidad se define como “la participación en algunos (o todos) los aspectos de una religión”, lo que incluye la creencia en lo sobrenatural, la ofrenda de presentes a ese sobrenatural, y la práctica de rituales reafirmar sus creencias.