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“Iré al Cielo y jugaré hasta que llegues”: conmovedora última conversación entre una madre y su hijo con cáncer

Durante los últimos meses, Nolan y su madre fortalecieron aún más su lazo que sin duda se volvió indestructible a pesar de la muerte del pequeño.

Para cualquier madre la muerte de un hijo es algo antinatural, incomprensible e indeseado. Que un hijo se enferme de un simple resfriado, es un dolor que presiona el corazón y muchas veces se desea que ese sufrimiento se traspase. La situación es aún más compleja cuando los pequeños padecen de cáncer, teniendo que ser sometidos a largas sesiones de quimioterapia.

Esto es lo que le ocurrió al pequeño Nolan, de cuatro años, y su madre Ruth, quien lo acompañó hasta sus últimos minutos de vida.

“Dos meses. Dos meses desde que te tuve en mis brazos, escuché cuánto me amabas, besé esos dulces labios de pastel. Dos meses desde que nos acurrucamos. Dos meses de infierno absoluto”. Así comienza la carta de esta madre destrozada por el fallecimiento de su niño y que hizo pública como forma de ahogar la pena que la embargó durante meses.

“Cuando llevé a Nolan por última vez al hospital supe que había algo más. Supe que él también sabía. No pudo comer o beber nada por días y estaba constantemente vomitando”, relata.

El 1 de febrero fue una fecha que cambió por completo la vida Ruth. La doctora le confirmó que no habían más posibilidades para su hijo y que sólo debía esperar el desenlace. Fueron varios los días que pasaron en el hospital. Nolan y su madre conversaron, rieron y disfrutaron de su mutua compañía. Uno de los momentos más duros, relata Ruth, fue cuando le tuvo que decir a su hijo que ya no había cura para su enfermedad.

– Poot, duele al respirar, ¿no?

– Bueno… sí.

– Tienes mucho dolor, ¿no es así bebé?

– Sí.

– Poot, esta cosa del cáncer apesta. No tienes que luchar más.

– ¿No? ¡Pero lo haré por ti, mami!

– ¡No, Poot! ¿Es eso lo que has estado haciendo? ¿Luchar por mami?

– ¡Sí!

– Nolan, ¿cuál es el trabajo de mamá?

– ¡Mantenerme a salvo!

– Cariño… No puedo hacer más eso. La única manera que puedo tenerte a salvo es en el Cielo. 

– ¡Entonces iré al Cielo y jugaré hasta que llegues tú! ¿Vendrás, verdad?

– ¡Absolutamente! ¡No podrás librarte de mami tan fácil!

– ¡Gracias, mami! ¡Iré a jugar con Hunter y Brylee y Henry! 

El mismo Nolan le pidió a su mamá seguir en el hospital, porque su cuerpo ya no daba para un traslado a casa. Solo quería estar con Ruth y disfrutar con ella cada momento. El 4 de febrero a las 9 am, mientas Nolan veía en su tablet un capítulo de Peppa Pig, Ruth le dijo que iría a tomar una ducha, dejándolo junto a su tío, al que le pidió correr la cama para que la pudiese ver.

A Nolan le daba temor que su mamá fuera al baño y lo dejara solo, por eso él la acompañaba recostado en el tapete hasta que ella saliera de la ducha.

Al ingresar al baño, Nolan cerró sus ojos. El pequeño había caído en un coma profundo. “Está en un sueño profundo. No puede sentir nada”, le advirtieron los doctores. A pesar de que le dijeron a Ruth que él no la escucharía, la conexión entre una madre y su hijo es mágica, logrando cosas que para muchos son inexplicables.

“Puse mi mano en el costado derecho de su rostro. Entonces, un milagro que nunca olvidaré ocurrió. Mi ángel respiró, abrió sus ojos, me sonrió y me dijo: ‘Te amo, mami’, giró su cabeza hacia mí y a las 11:54 murió mientras yo le cantaba al oído You Are My Sunshine”   

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