Los angustiantes días de Sayid en Afganistán

Sayid es uno de miles de profesionales destacados del país, trabajó con más de 20 periodistas como traductor incluyendo medios como Los Angeles Times y The New York Times.

Por › Actualizado: 01:21 hrs
Miembros de la Fuerza Aérea de Estados Unidos supervisan la evacuación de ciudadanos afganos en el aeropuerto internacional de Kabul, el 24 de agosto de 2021. DONALD R. ALLEN–FUERZA AÉREA DE ESTADOS UNIDOS
Miembros de la Fuerza Aérea de Estados Unidos supervisan la evacuación de ciudadanos afganos en el aeropuerto internacional de Kabul, el 24 de agosto de 2021. DONALD R. ALLEN–FUERZA AÉREA DE ESTADOS UNIDOS
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Finalmente, tras varios días sin comunicación, logré hablar con Sayid Jawid. En mis días de corresponsal en Kabul y Jalalabad, él no solo había sido mi traductor y compañero; también mis oídos y mis ojos en la espalda, mientras cubría como periodista dos “aniversarios” de la entonces caída de los talibanes en 2002 y la muerte de Osama bin Laden.

Un colega que me lo recomendó me dijo: “Sayid te cuidará con su vida, hazle caso”. Hoy con un escalofriante relato cuenta algo casi imposible de imaginar y que sobrecoge.

“Carlos, perdí mi visión hace dos años, ahora soy ciego”, me dice. No sé qué responderle. Me conmueve. Había trabajado conmigo, por menos dinero y haciendo esperar a Los Ángeles Times, porque, según me dijo, me consideró “un buen hombre”. Ahora, al otro lado de la línea, con 8 y media horas más de diferencia, antes que yo logre articular palabras, Sayid continúa su relato.

“Hubo una explosión de un auto de la policía en 2014. Yo estaba ahí esperando mi auto que me llevaba a mi oficina y en la explosión me lesioné con esquirlas y la onda expansiva, los médicos dijeron que estaría bien, pero que algunas secciones de mi cerebro dejarían de funcionar, como las áreas T1 y T2. Eso sucedió en 2019, y he perdido la visión casi totalmente. Voy tratando de luchar con esta situación todos los días”, me cuenta.

Así de horrible y habitual era la detonación de artefactos explosivos en la capital de Afganistán desde 2014, cuando las tropas de la OTAN se retiraron. Hoy, el temor de los afganos se logra vislumbrar mejor al conocer relatos como este, o bien al ver el uso de medidas desesperadas buscando una forma de huir del país para no morir.

Sayid trabajó con funcionarios de USAID dependiente del Departamento de Estado y como intérprete de las tropas estadounidenses. Sin embargo, pese a tener sus papeles, es uno de los 20 mil afganos, o más, que no han podido salir del país y cuyo caso se ve incierto ahora que los talibanes controlan el aeropuerto.

“Mi familia no está bien, Carlos. Están en una situación muy mala por mi antiguo trabajo y ahora nadie puede salir. En realidad, se ve tan mal que estoy pidiendo que me evacuen, tengo un caso de Special Immigration Visa (SIV), pero el Departamento de Estado de EE. UU. no me evacuó en estos vuelos de transporte aéreo. Si puede, preguntar a alguien, por mi caso…” relata.

Sayid es uno de miles de profesionales destacados del país, trabajó con más de 20 periodistas como traductor incluyendo medios como Los Angeles Times y The New York Times, y también como fotógrafo. “La situación es muy preocupante, y el aeropuerto está bloqueado por los talibanes, el camino es peligroso y, tal como se vio, los soldados estadounidenses consiguieron sus últimos vuelos y salieron, y los talibanes están disparando al cielo, disparando, gritando, parecen locos. Nadie entra al aeropuerto por ahora, hay demasiadas personas que quieren salir de Afganistán pero no pueden”, explica con voz de angustia y algo de aceptación antes de que el último vuelo norteamericano saliera del aeropuerto de Kabul. Ha comenzado a explorar la posibilidad de poder postular a alguna visa de refugiado en Chile, buscando información con sus compatriotas que conocen nuestro país.

Los afganos insisten en que a medida que la prensa internacional se vaya del país la venganza de los talibanes contra los considerados “colaboracionistas del gobierno democrático” y de la coalición internacional comenzará de forma masiva. Su única esperanza tras el último vuelo estadounidense saliendo de Kabul son algunas embajadas occidentales en cuyas fachadas acampan esperando un poco de ayuda o huir por tierra hacia las montañas de Tayikistán.

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