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Mundo

5 de Enero de 2023

Exclusivo: José Rodríguez Elizondo sabe por qué y cuándo se jodió el Perú

En la víspera del fin de año hablamos con el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2021 para analizar la debacle política peruana. Sabe mucho del país vecino; allí se formó en las tres disciplinas en que destaca: diplomacia, estrategia y periodismo. Lo encontramos abatido por la separación de Mario Vargas Llosa. Por eso y porque es un adecuado cliché periodístico titulamos esta entrevista con la legendaria frase que inicia “Conversación en la Catedral”.

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El auto golpe de Fujimori en 1992 fue lo que jodió al país, pero lo que lo explica son dos causas: la inflación de casi tres mil por ciento anual con que había dejado Alan García al país y la barbarie de Sendero Luminoso. UDECHILE
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“Ya me olvidé del nombre de aquella mujer por la que abandoné a Carmencita. Nunca la quise. Fue un enamoramiento violento y pasajero, una de esas locuras que revientan una vida. Por hacer lo que hice, mi vida se reventó y ya nunca más fui feliz (…). Fue un enamoramiento de la pichula, no del corazón. De esa pichula que ya no me sirve para nada, salvo para hacer pipí”, se lee en “Los Vientos”, un relato escrito por Mario Vargas Llosa hace más de dos años y publicado en 2021. 

A propósito de la separación de Mario Vargas Llosa y de la socialité y ex, entre otros, de Julio Iglesias, Isabel Preysler, la prensa española sacó a relucir pasajes del cuento “Los Vientos”, que suenan mucho más a realidad que a ficción y que, en su momento pasaron inadvertidos, aunque no para sus cercanos. El protagonista es un hombre mayor, que se apasiona por una mujer menor y frívola, deja a su esposa de toda la vida y se casa con ella. Ahí su existencia se copa de eventos sociales donde se siente como pollo en corral ajeno. Un pollo utilizado, además, para vestir de intelectualidad la nadería de su mujer. Eso declara la familia de Vargas Llosa, quien asegura no haberse tragado nunca la historia del matrimonio feliz que describía con tintes idílicos la revista Hola, y que terminó tras 8 años de convivencia. 

Hoy no es la prensa rosa la que habla de esto en España, sino todos los medios. Los pasajes de “Los Vientos” están publicados el jueves en que visitamos al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2021, José Rodríguez Elizondo (86), por el diario El País.  

“Pepe”, como lo llaman sus amigos, está impactado por el artículo. “Estoy conmocionado por esta separación. Me da pena Mario. Él, que en 2012 había desarrollado toda una tesis en su ensayo ´La civilización del espectáculo´ sobre la banalización mediática. Los que lo conocemos siempre supimos que eran una pareja demasiado asimétrica. Un intelectual de su calibre no tenía nada que hacer en una relación como esa”. 

Pepe Rodríguez Elizondo es uno de los hombres que más sabe de Perú y de los peruanos. Por eso lo visitamos. Para hablar de la crisis institucional del vecino país. 

Exiliado en Perú después de un decepcionante paso por la Alemania Democrática tras el golpe de Estado del 73 en Chile, se instaló en Perú, donde permaneció más de una década. Allí aprendió sobre la trilogía en la que se ha desempeñado y destacado a lo largo de su vida: “Diplomacia, estrategia y periodismo”, enumera. En esos años, “conocí a Mario Vargas Llosa. Éramos ambos cuarentones;  tenemos la misma edad: 86”. 

–¿Crees que Perú estaría mejor hoy si Vargas Llosa hubiera derrotado a Alberto Fujimori en las elecciones presidenciales de 1990? 

–Yo alabo al escritor, al gran intelectual, al Premio Nobel de Literatura 2010, pero como político Mario no tiene la flexibilidad que se requiere para gobernar. Yo escribí una biografía mínima sobre él, que se llama “Mario Vargas Llosa: Historia de un doble parricidio”. En ese texto cuestiono sus condiciones políticas y, ciertamente, él se disgustó. Él habría chocado rápidamente con todo el mundo, porque es muy complejo contradecirlo. Es verdad que en política los principios son guías para la acción, pero no pueden ser intransables, deben ser debatibles, ajustables. Sólo Dios y los burros no cambian… 

–Pero Vargas Llosa ha cambiado muchísimo: pasó de utopista marxista a reformador económico neoliberal.

–Sí, él fue de izquierda, pero se descolgó pronto. Hoy, en su madurez, es un liberal a veces un poquito exagerado, con una visión económica muy rígida del pensamiento ortodoxo de Hayeck y de Friedman. Volviendo al origen de la pregunta ficción, creo que a Mario le habría costado mucho adaptar su alto nivel intelectual al pragmatismo y a las triquiñuelas que requiere la política. 

Perros muertos colgados de los postes

–Los últimos diez presidentes de Perú están envueltos en casos de corrupción. Algunos presos, como Fujimori; otros prófugos, como Alejandro Toledo; Alan García se suicidó; el más reciente, el profesor Castillo, trató de dar un golpe y está en la misma cárcel que Fujimori… Es como de novela. 

–La amenaza de la vacancia, el que el Congreso declare moralmente incapacitado al presidente, fue consecuencia del cambio de la constitución de Morales Bermúdez en 1993, que prometía un futuro sistémico democrático potente, pero desgraciadamente llegó “el chinito”, como le decían al descendiente de japoneses, favorecido por el propio Alan García, que lo puso de candidato sin sospechar que era un hueso duro de roer y que pronto se convertiría en dictador, cambiando la constitución a su amaño.  

No hay artículo de análisis político sobre Perú que no recurra a la frase “¿Cuándo se jodió el Perú?”. La ya legendaria pregunta que Mario Vargas Llosa puso en boca de su alter ego ficticio al inicio de Conversación en la Catedral hace más de 50 años. Ahora Pepe Rodríguez Elizondo se responde a sí mismo: 

–¿Cuándo se jodió el Perú? Una vez que Alan García le abrió paso político a Fujimori, porque Fujimori no dejó nada sin corromper en el país. En las naves de la Armada, en los aviones de la Fuerza Aérea, en los vehículos del Ejército se contrabandeada. Hoy sigue en la cárcel el Comandante en Jefe del Ejército peruano de entonces. Cuando una organización jerarquizada, disciplinada, se corrompe, ¿qué queda para las que no lo son? La corrupción generada por Fujimori y Vladimiro Montecinos, su segundo en todo, fue tremenda. Yo digo que Perú es un país extraordinario, que produce altas personalidades de nivel global, tanto para bien como para mal. Para bien, están Mario Vargas Llosa y Javier Pérez de Cuéllar y, para mal, Abimael Guzmán y Vladimiro Montecinos, que son de estatura mundial en términos de perversidad. Si hay un parangón para Montecinos es Fouché y para Guzmán, Pol Pot. El auto golpe de Fujimori en 1992 fue lo que jodió al país, pero lo que lo explica son dos causas: la inflación de casi tres mil por ciento anual con que había dejado Alan García al país y la barbarie de Sendero Luminoso. La población peruana se encontró con un dictador tremendo que terminó con la inflación y liquidó a Sendero. Un buen estratega político debe tener objetivos claros y categóricos y el chinito tenía esos dos, claro que al mismo tiempo corrompió al país.

Apesadumbrado, reconoce que el desmantelamiento de Sendero Luminoso, desdicha peruana de dimensiones telúricas, hizo que muchos aprobaran a Fujimori. Y añade otros elementos a la explicación del asunto. “Perú cuenta con los únicos pensadores originales en materia de marxismo en América Latina: José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre. Cuando todos los demás partidos comunistas del continente seguían las pautas de la Unión Soviética, Mariátegui concibió el marxismo indigenista, que según él debía ser creación heroica, y no calco ni copia, y Haya de la Torre fundó el APRA y derivó a la socialdemocracia. ¿Qué significó esto? Que en Perú no hubo espacio para que se desarrollaran partidos democráticos y fuertes de izquierda como sí pasó en Chile. ¿Qué sucedió en las décadas siguientes? Que gobernó la derecha civil y los militares golpistas. Y la izquierda que veía ese dominio y esa corrupción, se encaminó hacia el extremismo”.

Cuando Pepe trabajaba en la reconocida revista Caretas, en diciembre de 1980, recuerda que una mañana aparecieron perros callejeros muertos colgados en los postes de luz en la avenida Emancipación de Lima, con el cartel: “Muera Deng Xiaoping”. A Enrique Sileri, el director de Caretas, no le cupieron dudas: “Esto es terrorismo”, dijo, y con esa acción de Sendero Luminoso, que hasta ese momento se percibía como un “grupo que ejercía la violencia rural”, inició lo que para Rodríguez Elizondo fue “una verdadera guerra civil. En casi dos décadas de violencia se estima que hubo entre 40 mil y 70 mil muertos en Perú”.

Ese terrorismo político sangriento estuvo liderado por “Abimael Guzmán, el creador de Sendero Luminoso, que tenía una autopercepción absolutamente megalomaníaca. Él afirmaba que era la cuarta espada del comunismo: Marx, Lenin, Mao y Guzmán. Y el nombre de su grupo está tomado de un ensayo de José Carlos Mariátegui: ´por el sendero luminoso del marxismo´”. 

Así sintetiza un largo periodo que se desencadenó por un trauma del presidente Fernando Belaúnde:

–Belaúnde, en cuyo gobierno se hace evidente el fenómeno terrorista de Sendero Luminoso, había sufrido un golpe militar y se resistió a darle protagonismo al uso legítimo de la fuerza del Estado. En vez de actuar, usándola, dio pie a que se produjera la guerra civil y el imperio de Sendero Luminoso por muchos años.

–¿Se puede hacer un link con la actitud del gobierno de Boric frente al manejo de herramientas como el Estado de Emergencia para frenar la violencia en la llamada macro zona sur de Chile? 

–Esa conclusión que la saque la periodista entrevistadora y sus lectores… -dice, haciendo gala de su diplomático estilo.   

Morados y Amarillos

Conversar con Pepe Rodríguez Elizondo en su casa, en su escritorio, donde está toda su historia en fotos, libros, pinturas y caricaturas de y con los más destacados personajes del siglo pasado (cubrió como periodista la guerra de Vietnam, entre otros eventos noticiosos clave), siempre es un agrado. Y un aprendizaje.  

Un personaje relevante y trágico para la historia peruana es Alan García, el dos veces presidente, que se suicidó en 2019, cuando lo iban a detener por corrupción. “Hay una novela escrita por él que se llama ´El mundo de Maquiavelo´. Es bien autobiográfica; relata su huida del Perú de Fujimori con dos pistolas en los bolsillos, arrancando por los techos. Cuando se suicidó me saltó de inmediato al recuerdo una frase de ese libro, donde él escribió: ´El destino de un perseguido político es siempre el suicidio´. García era impresionante, encarnaba el modelo formal de un político: gran orador, imponente físico, abogado, con estudios de posgrado, con un conocimiento profundo de la política. Cantaba además con la solvencia de un bolerista profesional. Yo lo oí cantar y lo vi bailar. Cayó en la tentación de la corrupción, que nadie sabe cómo parte pero siempre termina mal. Más, en su caso”.

Le faltan dedos para contar los que se salvan de ese influjo nefasto. “De los últimos presidentes, sólo los interinos o los que estuvieron muy poco tiempo, como Paniagua y mi amigo Sagasti, que formó un partido que se llamó Morados”. 

–Imposible no pensar en Amarillos de acá…

–Hoy estuve conversando sobre Perú con Cristián Warnken, con quien he estado muchas veces en su programa de televisión. Yo le tengo mucha admiración. Y lamento que sea tan maltratado, pero es comprensible en estos tiempos de crisis. En momentos así, cuando las personas están desilusionadas de la política, es interesante que surja gente desde fuera de los partidos. Para mí el parangón de Warnken es Václav Havel, el presidente checo que venía de la dramaturgia, del teatro. Creo que los momentos críticos requieren soluciones novedosas. Después de Pinochet, ¿te acuerdas que incluso se llegó a hablar de don Francisco para presidente?

–¿Boric no sería eso: un ajeno a la política, un joven, inexperto, novedoso, fresco?

–No, no es eso. Es un político nato, sin experiencia en la política sistémica, pero procedente de la política estudiantil. Claro que esa no es experiencia válida y ahora lo tenemos haciendo su aprendizaje. Me parece que su peripecia hasta ahora es bien fascinante. Viene de posturas radicales y lo que la gente llama sistemáticas volteretas son su angustiosa manera de reconocer lo obvio: que otra cosa en con guitarra. Hoy su desafío es mantener el equilibrio entre la línea socialdemócrata  de los mayores, cuidando que no se le vayan los amigos de la universidad que no soportan a los socialdemócratas. 

–Volvamos a Perú, ¿cuál es tu análisis de lo sucedido con el hoy detenido ex presidente Pedro Castillo, que gobernó durante 495 días y nombró a 78 ministros en cuatro cambios de gabinete, antes de su fallido auto golpe? 

–Lo primero que quiero destacar es que los militares peruanos ya no están para aventuras. Creo que hoy están siendo decisivos en la mantención del sistema democrático del Perú; no están para golpes. Los cuatro países que defienden a Castillo (Argentina, Venezuela, México y Colombia) no me los puedo creer. Respecto de Castillo, me parece que intentar un golpe de Estado sin tener a los militares detrás de ti es lo más absurdo e ingenuo que hay. No saber con cuántos fusiles cuentas, refleja que nunca leíste a Maquiavelo, que nunca leíste nada. 

–¿Es muy limitado Castillo?

–Terriblemente limitado. Es cosa de ver una entrevista que dio en CNN donde aseguró estar por entregar mar para Bolivia. El periodista, que vio sangre y torpeza en la declaración, le insistió en el tema y el ex presidente dijo que no hablaba como mandatario, sino a título personal. Luego, en Perú, la lectura que se hizo es que quería legarle parte del mar de Grau a Bolivia. ¡Mira el despelote que significó la ignorancia y descriterio de este caballero! Evo Morales, que es inculto pero a la vez un zorro político, cuando vio que los bolivianos habían elegido a un profesor rural, a un campesino de izquierdas, lo acosó con su amistad y le sacó el compromiso de establecer en el Cusco la sede de RUNA SUR, que significaba América Latina plurinacional, cuyo objetivo era lograr una franja territorial para la etnia aymara, intermedia entre Perú y Chile, con lo que se destruía el Tratado de Límites 1929. Ese fue el penúltimo gran yerro constitucional de Castillo, que incluyó denuncia de traición a la Patria de algunos congresistas, y la segunda gran derrota internacional de Evo Morales por tratar de volver al poder en Bolivia. Y mientras tanto en Chile teníamos a parte de los convencionales chilenos tratando de imponer un nuevo texto constitucional que fue el que les dictó Álvaro García Linera, ex presidente y teórico marxista de Bolivia. Honestamente, todo esto es digno de una novela. 

–¿Por qué fue electo entonces?

–Castillo surgió a partir de un malabar. Vladimir Cerrón, el líder marxista que debió ser el candidato presidencial, no podía porque estaba inhabilitado para serlo por causas judiciales y recurrió a este profesor campesino, que obtuvo la mayoría entre dieciocho minorías; así es la fragmentación de los partidos políticos en Perú. Quienes dicen que Castillo encarna a la voz del pueblo no conocen los números. Él y Keiko sacaron casi los mismos pocos votos en primera vuelta, pero como, dada la corrupción y el hastío, no daba margen para un nuevo régimen fujimorista, se optó por el mal menor en segunda vuelta: Castillo. Pero claramente el tipo flaqueó, porque no tenía idea de cómo manejar la empresa, el conglomerado más importante del país: el Estado. Castillo desde el punto de vista político es literalmente un analfabeto. A mí más que impresionarme  que Perú haya tenido seis presidentes en los últimos seis años, me impacta que haya tenido 87 ministros en menos de dos años de gobierno. 

–¿Temes como muchos dicen que la política chilena se esté peruanizando al tener tantos partidos chicos en escena, con demandas específicas y poca vocación por los acuerdos?

–Una democracia representativa exige contar con partidos políticos. Eso es innegable, pero esos partidos requieren cumplir con ciertos adjetivos calificativos: deben ser buenos, fuertes, serios, con raigambre histórica. El problema de la ingobernabilidad actual surge porque después de la dictadura, los partidos políticos chilenos no renovaron sus cuadros. Esto lo debatimos con Jaime Castillo, cuando, exiliado, pasó por Lima. Me dijo: “Pepe, los partidos políticos deben recalificarse. Tener un sistema de promoción”. Tengo un libro escrito al respecto, “Chile, un caso de subdesarrollo exitoso”, que no le gustó mucho al presidente Lagos en su momento y naturalmente nadie quiso leer. Pero esta multiplicidad de partidos nace de ahí. 

El periodista, analista, diplomático, quiere lo mejor para Chile y Perú en este nuevo año. A Perú le desea un buen gobierno de transición con un objetivo central: “Recuperar lo mejor de la constitución de Haya de la Torre y establecer pautas mínimas para la existencia y participación de partidos políticos. Tal como en Alemania, el partido que no saca más del 5 por ciento de los votos a nivel nacional no puede estar representado en el Congreso. Es lo mismo que debería establecerse en Chile”. 

–Para terminar, ¿no hubo en Perú algo de boicot racista y clasista contra un presidente al que tú mismo consideras un analfabeto político y que para la elite peruana era visto como una afrenta?

–Claramente los que han protestado en la calle por Castillo son parte del Perú profundo, porque no conozco a nadie del mundo ilustrado de Perú que hable bien de Castillo y no le dé algo de vergüenza haberlo tenido como presidente. En América Latina y en Chile en particular, las elites no son simpáticas, a diferencia de Perú, donde son encantadoras. Lo mejor que tienen es una sociabilidad exquisita y ninguna agresividad o envidia como la que sí se da en Chile. Tuvieron que pasar muchos años para que yo descubriera el porqué de esa diferencia que se resume en esta explicación que me dio un amigo: “Pepe, tienes que darte cuenta de que Perú fue un Virreinato y ustedes solo una Capitanía General”. 

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