Una singular polémica se vive en Argentina, luego que un grupo de personas destruyera un monumento que honra a Gaturro,una creación del dibujante Cristian Dzwonik, más conocido en el mundo de las historietas como Nik.
Gaturro, cuya caricatura es un gato de color naranjo, forma parte del llamado Paseo de la Historieta, una serie de esculturas ubicadas en el barrio de San Telmo, en la ciudad de Buenos Aires, que también incluye a la icónica Mafalda.
Esta semana, y por segunda vez en menos de 24 horas, la figura fue rayada, pintada, cortada, golpeada y hasta acuchillada por los transeúntes. Esto obligó a volver a sacar al gato naranjo del lugar, pese a su tecnología antivandálica con la que fue anunciada.
¿Por qué su destrucción fue celebrada por los argentinos?
Cristian Dzwonik es un conocido humorista gráfico del diario La Nación de Argentina y despierta la molestia de algunos trasandinos.
¿Las razones? Su ideología política y sus constantes plagios a caricaturistas como Quino, creador de Mafalda, y al mismo Gary Barker, creador de Garfield, lo que colmó la paciencia de los cibernautas.
El 2018, usuarios de Internet se unieron para crear el “Libro Negro”, donde incluyeron cada dibujo o idea que Nik había plagiado. En tanto, el destacado creador de Mafalda definió a Dzwonik como “un sinvergüenza más”.
Por si fuera poco, Gary Barker, autor de Garfield, ironizó sobre las “increíbles coincidencias” que existen entre Gaturro y su creación. En una publicación de Instagram, Barker se preguntó: “¿Qué es esto?”, manifestando su inconformidad ante la creación de Nik.
En cuanto a los comentarios en redes sociales tras la vandalización de Gaturro, algunos tuiteros escribieron: “Jajaja no sé si es un altar o un velorio pero es mucho mas interesante todo lo que pasa alrededor de la estatua de Gaturro que la estatua de Gaturro”; “Como manifestación artística popular, cumplió”, opinó otro.
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Kast puede ser mesiánico pero no está loco, aunque ha cometido estas semanas la locura de abandonar su temple para ajustarse al guion de Trump. Pero para hacer las cosas como Trump hay que ser Trump, o ser Milei y vivir en un país desesperado.
Cada 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, abundan los diagnósticos sobre brechas y tareas pendientes. Pero más allá de las cifras, hay una convicción que he podido constatar en terreno: cuando las mujeres tienen oportunidades reales, las toman y destacan. Como se diría en un lenguaje bien coloquial “somos mateas”.
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