Los servicios de inteligencia de Estados Unidos mantienen serias reservas sobre la disposición de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, a cooperar plenamente con el gobierno de Donald Trump. Así lo revelaron funcionarios gubernamentales, quienes señalaron que persiste la incertidumbre sobre el compromiso de la mandataria interina de cortar lazos con adversarios estadounidenses.
Las agencias de inteligencia y otros organismos del gobierno de Estados Unidos han expresado de manera pública su expectativa de que Rodríguez rompa relaciones con aliados del régimen chavista, entre ellos Irán, China y Rusia. Aquello incluiría la expulsión de diplomáticos y asesores de esos países de Venezuela, como parte del intento por reducir la influencia de potencias rivales en el país sudamericano.
Según informó la agencia Reuters, la presidenta encargada —a cuya investidura asistieron representantes de esos mismos países a comienzos de mes, tras la captura de Nicolás Maduro— no ha anunciado hasta ahora una decisión en ese sentido. Los informes citados indican que no está claro si Rodríguez comparte plenamente los objetivos de Washington.
El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó el 15 de enero a Caracas para reunirse con Rodríguez y abordar el futuro político del país. Sin embargo, todavía se desconoce si ese encuentro modificó la evaluación de las agencias estadounidenses sobre la jefa de Estado interina.
Preocupaciones de inteligencia por Rodríguez: los objetivos de Estados Unidos
La Casa Blanca busca frenar la influencia de sus “enemigos” en el hemisferio occidental, incluida Venezuela, donde Trump pretende aprovechar las vastas reservas de petróleo del país. En ese contexto, un eventual quiebre de relaciones con los rivales de Estados Unidos podría abrir mayores oportunidades para la inversión estadounidense en el sector energético venezolano.
No obstante, funcionarios advierten que la falta de control directo sobre Rodríguez podría socavar los esfuerzos de Washington por orientar a las autoridades interinas desde la distancia y evitar una mayor implicación militar en el país.
Desde la captura de Maduro, la mandataria ha tomado medidas para conservar el favor de la Casa Blanca, como la liberación de presos políticos y la autorización para vender entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos. Aun así, el domingo declaró que “ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela”.