Secciones
Mundo

El Helicoide: cómo es el centro de tortura que se convertirá en un centro social en Venezuela

El cierre del mayor símbolo de la represión del chavismo marca un giro político tras la caída del régimen de Nicolás Maduro.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció el cierre de la cárcel de El Helicoide, una de las instalaciones más emblemáticas del aparato represivo del chavismo. Rodríguez informó que el edificio, sede histórica del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), será transformado en un centro social, deportivo, cultural y comercial destinado a la familia policial y comunidades vecinas.

Ubicado en la zona centro-sur de Caracas, entre San Pedro y San Agustín del Sur, El Helicoide ha sido señalado por organizaciones de derechos humanos como el “centro de tortura más grande de América Latina”. La prisión ocupa el cuarto lugar entre los centros con mayor cantidad de presos políticos en el país.

El centro alberga a más de 50 reclusos, entre ellos dirigentes opositores y colaboradores cercanos a María Corina Machado, como Freddy Superlano y Jesús Armas. ONG y familiares han denunciado reiteradamente torturas, malos tratos y períodos de “aislamiento prolongado”.

El Helicoide es conocido por ser el destino final de dirigentes políticos, periodistas, activistas e incluso ciudadanos comunes detenidos en operativos nocturnos. En muchos casos, sus familias pasan días sin información sobre su paradero hasta confirmar que fueron trasladados a ese recinto, temido por sus condiciones infrahumanas.

Cómo es El Helicoide

El edificio comenzó a construirse en la década de 1950 como un ambicioso centro comercial durante el auge petrolero. El proyecto incluía helipuerto, hotel, parque, 300 tiendas y ascensores traídos desde Viena. Sin embargo, problemas financieros impidieron su finalización y, en 1984, fue ocupado por la antigua DISIP, luego transformada en el Sebin, cuyas oficinas hoy se encuentran en los pisos superiores del recinto.

Con el tiempo, el inmueble se convirtió en un centro de reclusión y tortura. Compuesto por siete óvalos, el sexto está bajo control del Sebin. Cuenta con celdas, oficinas, cuartos de aislamiento y espacios reducidos que simulan baños, pero en la práctica se utilizan como espacios de torturas.

El activista Lorent Saleh, detenido allí durante cuatro años, lo describió como un espacio dominado por la extorsión y el hacinamiento. En una entrevista con El Mundo afirmó: “Era ruido, mugre, hacinamiento, depravación (…) El Helicoide es la pura expresión del Estado mafioso”.

El horror también alcanzó a extranjeros. El misionero estadounidense Joshua Holt, recluido entre 2016 y 2018, relató tras su liberación: “Fue lo más cercano al infierno (…) Tenemos suerte de haber salido con vida”. El anuncio de su cierre marca así un quiebre simbólico con una de las páginas más oscuras de la historia reciente de Venezuela.

Notas relacionadas