Las revelaciones sobre el cobro de masajes y viajes excesivos con cargo al contribuyente cuando fue enviado comercial del Reino Unido entre 2001 y 2011 son apenas un nuevo antecedente de cara a una crisis mayor sobre el futuro judicial del ex Príncipe Andrés. Lo que está en juego ahora no es solo su reputación, sino su posible responsabilidad penal y el impacto institucional para la monarquía británica.
El hermano de Carlos III fue detenido durante más de diez horas y posteriormente liberado, aunque permanece bajo investigación por presunta “mala conducta en cargo público”, una figura jurídica poco utilizada que puede implicar abuso de poder o acceso indebido a información confidencial. No existe por ahora una acusación formal, pero el alcance de la pesquisa podría ampliarse los próximos días.
La investigación se centra en su etapa como representante comercial y en comunicaciones intercambiadas con el entorno de Jeffrey Epstein, que habrían incluido referencias a información obtenida en el ejercicio de su cargo. La Policía del Támesis ha señalado que continúa evaluando “toda la información relevante” y que no hará más comentarios por el momento.
¿Hubo algún hecho que de luces sobre el futuro del ex Príncipe Andrés?
El precedente histórico de una detención de tal magnitud dentro de la realeza se remonta a 1647, cuando Carlos I de Inglaterra fue capturado en el contexto de la guerra civil. Tras ser dos años retenido como prisionero de guerra, terminó siendo condenado por traición y ejecutado. Hoy las consecuencias no apuntan a un desenlace tan extremo, pero sí podrían desembocar en una crisis constitucional.
La pena máxima por mala conducta en cargo público es cadena perpetua, aunque en la práctica las condenas recientes han sido mucho menores y han afectado sobre todo a funcionarios de rango inferior. Además, siguen abiertas otras líneas de indagación vinculadas a acusaciones de abuso sexual, aunque formalmente separadas.
El respaldo público de Carlos III a la policía para que continúe con su investigación añade presión política. Las preguntas ya no se limitan al pasado del ex Príncipe, sino a qué sabía la Casa Real y cómo responderá ante un proceso que podría marcar un antes y un después para la institución.