Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania hace cuatro años, en 2022, desde Moscú —y en gran parte de Occidente— predominaba la idea de que las fuerzas rusas tomarían el país en cuestión de días. Sin embargo, lo que el Kremlin denominaba una “operación militar especial” se ha transformado en la mayor guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La guerra entre ambas naciones se ha convertido en un conflicto de desgaste. Ucrania ha logrado contener a un ejército mucho más numeroso, limitando sus avances territoriales, mientras se adapta a una vida marcada por el asedio constante. Asimismo, las dos naciones han sufrido bajas humanas de una magnitud enorme.
Tras un año de esfuerzos diplomáticos estadounidenses, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, los enviados rusos y ucranianos se han vuelto a sentar en la misma mesa. No obstante, las posiciones siguen alejadas de un consenso. Reclamaciones territoriales, reparaciones de daños y garantías de seguridad siguen apareciendo como los principales puntos de fricción en el cuarto aniversario del conflicto.
La situación en el frente de batalla
Tras los grandes movimientos de tropas registrados en 2022 y 2023, el conflicto derivó en una guerra de desgaste, descrito por analistas como un conflicto que avanza “a pulgadas”. En el punto más alto de los avances rusos en aquel primer año, sus fuerzas llegaron a controlar más del 26% del territorio ucraniano, según un análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés).
Actualmente, Rusia mantiene poco más del 19% de Ucrania, cifra que incluye la península de Crimea y zonas del este de Ucrania tomadas en 2014. El ISW detalla que mientras el epicentro de los enfrentamientos continúa siendo el Donbás, Moscú mantiene el control de casi toda la región de Lugansk y alrededor del 83% de Donetsk. Además ocupa extensas áreas de Jersón y Zaporiyia, así como porciones menores de Sumi, Járkov y Dnipropetrovsk.
Aunque el Kremlin conserva una ventaja en número de efectivos y equipamiento, su progresión ha sido extremadamente lenta y a un costo humano considerable. Pese a afirmaciones sobre un supuesto impulso sostenido en el campo de batalla por parte de Rusia, sus fuerzas han sumado menos de un 1,5% adicional de territorio ucraniano desde 2023.
Las bajas en cuatro años de guerra entre Rusia y Ucrania
Ninguno de los dos países reconoce públicamente la magnitud total de sus bajas militares, lo que considera muertos, heridos y desaparecidos. Sin embargo, estimaciones independientes apuntan a pérdidas considerablemente elevadas en ambos bandos.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington D.C., y citando fuentes británicas y estadounidenses, calcula que entre febrero de 2022 y diciembre de 2025 Rusia ha sufrido alrededor de 1.200.000 bajas totales, mientras que Ucrania registraría hasta 600.000. De esas cifras, los fallecidos se estiman en hasta 325.000 en el caso ruso y hasta 140.000 en el ucraniano.
Sobre víctimas civiles, el número exacto también es incierto. Respecto al último balance publicado en 2025 por la ONU, cerca de 15.000 civiles han fallecido y 40.600 han resultado heridos en territorio ucraniano. El organismo advierte que la cifra real es “probablemente considerablemente más alta“, principalmente a la falta de acceso a las zonas bajo ocupación.
Además, cerca de seis millones de ucranianos continúan viviendo como refugiados en el extranjero.

Sanciones económicas: los apoyos a Ucrania y qué significa para Putin
Cuatro años de sanciones occidentales sin precedentes han logrado tensionar la economía rusa, pero no quebrarla. La salida masiva de marcas internacionales, como McDonald’s o Apple, abrió espacio para que empresas locales ampliaran su cuota de mercado. Paralelamente, el Kremlin reorientó su economía, reduciendo su dependencia de Europa y fortaleciendo lazos con Asia.
Las exportaciones energéticas hacia China e India han sido claves para sostener la maquinaria de guerra rusa. Pese a que inicialmente se preveía una imagen dañada de Vladimir Putin ante el conflicto, lo cierto es que ha logrado asentarse aún más en el poder. No obstante, el dinamismo observado en los primeros años del conflicto muestra señales de agotamiento.
El crecimiento económico se desaceleró con fuerza en 2025 hasta situarse en torno al 1% y este año no se descarta la posibilidad de contracción. Inflación elevada, escasez de mano de obra y un déficit presupuestario en aumento han provocado estragos.

De tal manera, la administración de Donald Trump impuso sanciones a dos de los principales exportadores de petróleo de Rusia y ha amenazado con aplicar aranceles a las importaciones precedentes de India en caso de seguir adquiriendo crudo ruso.
Ucrania tampoco ha sido favorecida. En 2022 perdió casi un tercio de su PIB y hoy depende en gran medida del apoyo financiero occidental, específicamente de Europa, para sostener tanto el esfuerzo de defensa como el funcionamiento del Estado.
¿Hay opciones de paz cercana entre Rusia y Ucrania tras cuatro años?
Los intentos por alcanzar una solución negociada se encuentran, por ahora, prácticamente estancados. Trump ha logrado establecer una mesa de negociación entre enviados rusos y ucranianos, pero proceso no ha logrado avanzar por los ultimátums del Kremlin, que exige que Ucrania ceda territorio, incluso en zonas que actualmente no están bajo control ruso. Kiev ha rechazado de plano esas condiciones.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, ha señalado que está dispuesto a considerar propuestas estadounidenses para establecer una zona desmilitarizada, siempre que Rusia retire parte de sus fuerzas y que Estados Unidos y sus aliados europeos otorguen garantías de seguridad “inquebrantables” a Ucrania.
Desde Moscú, no obstante, se ha equiparado la eventual presencia de fuerzas europeas de paz con la concesión a Ucrania de garantías similares a las de la OTAN, uno de los argumentos esgrimidos por Putin para justificar el inicio de la invasión. Los negociadores del Kremlin insisten en que la expansión hacia el este de la OTAN constituye una de las “causas fundamentales” del conflicto y sostienen que ese punto debe abordarse para que pueda alcanzarse una paz duradera.