Hasta el martes por la tarde no había atisbos de una tregua entre Estados Unidos e Irán. A solo horas de que se cumpliera el plazo autoimpuesto de Donald Trump para que “una civilización entera muriera”, Irán advertía que el alcance se su respuesta superaría los límites de Medio Oriente si Estados Unidos cumplía su amenaza.
Sin embargo, las amenazas, si todo marcha bien, quedarían en pausa por al menos dos semanas. “Con la mayor humildad, me complace anunciar que la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, junto con sus aliados, han acordado un alto el fuego inmediato en todas partes, incluidos el Líbano y otros lugares, con vigencia inmediata”, anunció el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif. Con la confirmación pública de Estados Unidos una hora antes, y de la cancillería iraní instantes después el pacto quedó sellado.
Pese a que con posterioridad Israel, el aliado de Estados Unidos en la guerra que emprendió contra Irán el 28 de febrero, desmintió que el alto al fuego fuese extensivo a Líbano, por ahora Pakistán logró alcanzar una inesperada victoria diplomática, según han planteado analistas internacionales.
Aliado de Irán y Estados Unidos
La ambigüedad diplomática de Pakistán era vista hasta hace poco con recelo por Estados Unidos, según recoge The New York Times. Especialmente por el apoyo que el régimen pakistaní ofrecía a los talibanes en Afganistán, mientras apoyaba las acciones militares de Estados Unidos en ese país.
Pese a que Estados Unidos destaca en el sitio web del Departamento de Estado las medidas que ha tomado Pakistán contra organizaciones terroristas designadas por la ONU, también lo ha acusado de albergar a insurgentes que estarían detrás de los ataques a fuerzas estadounidenses que operaban en Afganistán.
Con todo, las relaciones han tomado otro cariz con la llegada de Trump por segunda vez a la Casa Blanca. Pakistán, por ejemplo, nominó formalmente a Trump como candidato al Premio Nobel de la Paz por su papel en el alto al fuego con India el año pasado. El inquilino de la Casa Blanca, a su vez, ha elogiado múltiples veces al jefe del ejército paquistaní, el mariscal de campo Syed Asim Mun.
Con Irán, en tanto, comparte una frontera de 900 kilómetros de extensión. Los lazos, según consigna France 24, también son culturales y religiosos: Pakistán alberga a la segunda mayor población chiita en el mundo, solo después de Irán.
A ello se suman los beneficios económicos y de reputación como potencia mediadora que gana Islamabad al impulsar un acuerdo de paz, apunta el citado medio. Su economía, como la del resto de sus vecinos, también se ha visto golpeada por la crisis petrolera derivada de la guerra, que lo obligó incluso a reducir la semana laboral a cuatro días para los funcionarios públicos y cerrar las escuelas por dos semanas a mediados de marzo para paliar los efectos.