En medio del hermetismo que rodea a la familia Castro en Cuba, una dispar figura ha ganado notoriedad en las últimas semanas. Se trata de Sandro Castro, el nieto del fallecido líder de la revolución cubana Fidel Castro.
El peso de su apellido y el habano que porta la caricatura que tiene de foto de perfil en Instagram son los únicos vestigios que hacen recordar a su abuelo. No heredó la oratoria, ni el uniforme verde oliva, ni las facciones duras que persisten incluso en algunos miembros de la familia que se encuentran en las esferas de poder del gobierno cubano, como Raúl Guillermo Rodríguez Castro y Óscar Pérez Oliva-Fraga. Estos dos últimos, nieto y sobrino nieto de Raúl Castro, serían quienes están llevando las conversaciones con Estados Unidos.

En lugar de ello, Sandro Castro, de 34 años, es dueño de un bar, suele vestir camisetas de fútbol -la más reciente del Real Madrid- y llamarse a sí mismo como un vampiro. O “Vampirach”, porque suele añadir la deformación “ach” a varias palabras, como recurso humorístico. “Cristach”, en alusión a la cerveza Cristal que aparece bebiendo en algunos de sus videos, es otro ejemplo de ello y de hecho, adorna la caricatura de su foto de perfil.
También se le vio bebiendo de esta marca en conversación con CNN la semana pasada. “Mi apellido es mi apellido. Yo (estoy) orgulloso de mi apellido lógicamente, pero no veo esa ayuda que usted me está diciendo. Soy como un ciudadano más“, dijo agitando la botella para mostrar las palmas de sus manos, ante la pregunta de si apellido le significaba beneficios en la isla.

Un Castro “capitalista”
Pese a que en la entrevista que dio a CNN, Sandro Castro intenta mostrar que su refrigerador no está abarrotado de comida y que las paredes de su habitación están desnudas, su departamento en La Habana era el único en ese momento con iluminación en el barrio Kohly. Cuenta con un generador eléctrico, lo que le permite sortear de mejor manera los constantes apagones en la isla, que se han recrudecido desde que Estados Unidos restringió el abastecimiento de combustible de manera de forzar un cambio de régimen.
“Él (Fidel Castro) era una persona que tenía sus principios, pero que respetaba a las otras personas. Es mi forma de pensar. Hay muchas personas en Cuba que piensan de forma capitalista, que quieren que en Cuba haya capitalismo con soberanía“, sostuvo al ser consultado que opinaría su abuelo al conocer su pensamiento político.
Requerido sobre el motivo por el que cubanos exiliados odian a su abuelo, contestó: “Es complicado. A lo mejor, yo he leído, muchos cubanos hubieran querido ser capitalistas. La mayoría de los cubanos quieren el capitalismo, no el comunismo. Ahora se ha creado una diferencia y un odio que tristemente no es producente”.
“No diría que está haciendo un buen trabajo”, remató al hablar sobre el presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel.
Las parodias
Disentir de la ideología que profesa el gobierno cubano, en el que varios miembros de la familia Castro se desempeñan como funcionarios, no es su única rareza.
En sus redes sociales, como en Instagram, donde acumula casi 160 mil seguidores, suele publicar dudosas escenas humorísticas en las que aparece disfrazado de vampiro o emulando a un integrante de la mafia. El más reciente lo muestra queriendo entrar a un zoológico y luego conversando con los animales. Al principio, y con la canción de la pantera rosa, emerge de una piedra de gran tamaño que, según el medio Ciber Cuba, recuerda a la tumba de su abuelo.
Uno de los dos videos fijados de su perfil, publicado el 13 de marzo, muestra una escena en la que un hombre disfrazado de Donald Trump intenta negociar con Sandro Castro el precio de la isla. Es el primer capítulo de una especie de serie, según se concluye del “continuará” que aparece al final del registro, antes de que el falso Trump, sus guardaespaldas y el nieto de Fidel Castro recorran las calles de La Habana en un triciclo a motor.