Apenas 22 minutos antes de que se cumpliera el plazo establecido para iniciar los bombardeos sobre Irán el pasado 28 de febrero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio la orden para comenzar el ataque. “Se aprueba la Operación Furia Épica. No se aborta. Buena suerte” fue el mensaje que envió mientras estaba a bordo del Air Force One.
Pero la decisión del mandatario norteamericano de comenzar el conflicto en Oriente Medio comenzó a gestarse al menos un par de semanas antes, de acuerdo con la cronología que elaboró el diario The New York Times sobre la base del libro Cambio de régimen: Dentro de la presidencia imperial de Donald Trump, cuya publicación es inminente.
Según el texto, el 11 de febrero Trump recibió de manera discreta en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quien llevaba meses presionando a Washington para que accediera a realizar un ataque de gran envergadura contra Irán.
Se trató de una cita tan reservada y contra el tiempo, que ni siquiera asistió el vicepresidente, JD Vance, quien se encontraba en Azerbaiyán y no alcanzó a regresar.
Allí, Netanyahu logró convencer a Trump de analizar los pro y los contras de iniciar un conflicto armado en una de las regiones más complicadas del mundo. Según el líder israelí, Irán “estaba maduro para un cambio de régimen” y una misión conjunta podría poner término a la república islámica.
Aseguró, entre otras cosas, que se podría destruir el programa de misiles balísticos de Teherán en pocas semanas, que el régimen quedaría tan débil que no podría cerrar el estrecho de Ormuz, minimizó la posibilidad de ataques a los intereses norteamericanos en la región y aseguró que se reiniciarían las protestas de la población contra el régimen.
Qué dijeron los servicios de inteligencia sobre una guerra en Irán
La buena impresión que se llevó Trump con lo planteado por Netanyahu no fue compartida por los funcionarios de inteligencia ni el secretario de Estado, Marco Rubio.
De hecho, el director de la CIA, John Ratcliffe, calificó los escenarios israelíes sobre un cambio de mando en Teherán de “ridículos”, mientras que Rubio dijo: “En otras palabras, es una patraña”. Vance también manifestó su escepticismo.
En tanto, el presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, general Dan Caine, apuntó que los israelíes “saben que nos necesitan y por eso exageran“.
Pese a ello, el mandatario sí manifestó su interés de matar al ayatolá y a los principales dirigentes de Irán, así como desmantelar el ejército iraní, aunque relativizó la importancia de cambiar el régimen islámico.
De acuerdo con lo informado por el texto, nadie hizo más por detener la guerra en Irán que el vicepresidente JD Vance, que la consideraba como “una enorme distracción de recursos”, “masivamente cara” y podría provocar un número incalculable de bajas. Sin embargo, cuando se percató que el conflicto era inminente, instó a Trump a “hacerlo con una fuerza abrumadora”.
En paralelo a la planificación del ataque a gran escala, en la última semana de febrero Trump llamó a Irán a poner fin a su programa de desarrollo de armas nucleares, pero sus cercanos apuntan que en realidad ya había decidido iniciar la guerra semanas antes.
La orden de Trump de iniciar la guerra en Irán
El 26 de febrero el presidente estadounidense encabezó una última reunión de alto nivel en la Casa Blanca. Allí se analizaron nuevamente los beneficios de realizar el ataque, así como las probables consecuencias políticas, sobre todo en materia interna, dado que el mandatario se postuló en las elecciones afirmando que terminaría guerras, que no las iniciaría.
Cuando hizo uso de la palabra, Marco Rubio resumió la opinión del resto del gabinete: “Si nuestro objetivo es un cambio de régimen o un levantamiento, no deberíamos hacerlo. Pero si el objetivo es destruir el programa de misiles de Irán, ese es un objetivo que podemos lograr”.
“Creo que tenemos que hacerlo“, le dijo el presidente a los presentes, y argumentó que tenían que asegurarse de que Irán no pudiera tener armas nucleares ni pudiera disparar misiles contra Israel o contra sus aliados en la región.
El general Caine le dijo al mandatario que tenía tiempo para tomar su decisión y que el plazo vencía a las 16:00 horas del día siguiente. Cuando eran las 15:38 del 28 de febrero, Trump envió la orden: “Se aprueba la Operación Furia Épica. No se aborta. Buena suerte”, y dio inicio a la guerra en Irán.