Secciones
Negocios

El índice de los precios de los alimentos de la FAO marcó un récord en 2011

Según el experto en cereales, Abdolreza Abbassian, “la incertidumbre actual de la economía mundial y los mercados de divisas y energía, impide prever lo que pueda suceder”.

El índice de los precios de los alimentos que calcula la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aunque descendió en diciembre, alcanzó en 2011 el promedio más alto desde que este organismo comenzó a calcularlo en 1990.

En una nota, la FAO informó hoy de que aunque los precios cayeron de manera constante en la segunda mitad de 2011, “el índice siguió con una media de 228 puntos durante el año, el promedio más alto desde que la FAO comenzó a seguir los precios internacionales de los alimentos en 1990, pues el valor más elevado anterior corresponde a 2008, cuando se llegó a los 200 puntos”.

El organismo de la ONU para la alimentación comunicó que los precios de los alimentos disminuyeron en diciembre de 2011 y el índice de la FAO para los precios de losalimentos bajó un 2,4%, lo que equivale a 5 puntos, desde noviembre.

En su nuevo nivel de 211 puntos, el índice estuvo un 11,3 % (27 puntos) por debajo de su pico de febrero de 2011, agregó la FAO.

Este descenso obedeció a la aguda disminución de los precios internacionales de los cereales, el azúcar y los aceites, debido a las excepcionales cosechas de 2011, así como a una demanda menor y a un dólar fuerte, con repercusiones casi en todos los productos básicos.

Respecto al futuro, el economista superior de la FAO experto en cereales, Abdolreza Abbassian, señaló que “los precios internacionales de muchos productos alimentarios básicos disminuyeron en los últimos meses, pero la incertidumbre actual de la economía mundial y los mercados de divisas y energía, impide prever lo que pueda suceder“.

Notas relacionadas










La generación que deberá aprender toda su vida

La generación que deberá aprender toda su vida

El problema no es que desaparezca el trabajo humano en sí, sino que cambia profundamente el tipo de valor que las personas deben aportar. Las empresas comienzan a priorizar habilidades más difíciles de automatizar, como el pensamiento crítico, la creatividad y, la capacidad de adaptación y aprendizaje continuo. En otras palabras, el diferencial ya no estará solo en lo que una persona sabe, sino en qué tan rápido puede volver a aprender.

Foto del Columnista Camila Mohr Camila Mohr