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Opinión

5 de octubre: pasado, presente y futuro

Posterior al 5, y a las elecciones presidenciales y parlamentarias, la misma derecha que apoyó a la dictadura tuvo una derrota táctica, pero no estratégica. Por algo hoy es gobierno, y el modelo económico se mantiene esencialmente.

5 de octubre: pasado, presente y futuro
Por 5 de Octubre de 2018

En la historia de Chile, hasta hoy, las luchas sociales y los procesos unitarios han sido una búsqueda permanente de las fuerzas populares para lograr un Estado democrático con soberanía popular, justicia social y participación. En ese encuadre, con mucha centralidad, se ubican las elecciones y los plebiscitos, los cuáles las mayorías nacionales han conquistado con enormes sacrificios.

Nada ha sido regalado por las oligarquías criollas, ni por las élites, ni menos por el poder del imperialismo norteamericano.

Incluso hoy, quienes impulsan sistemas electorales democráticos, consultas ciudadanas, formas participativas amplias y no excluyentes, iniciativa de ley desde el mundo popular; provienen de esos mismos sectores.

Salvador Allende iba a convocar a un plebiscito, el 11 de septiembre, para dirimir los destinos políticos de Chile, en los marcos del legítimo debate democrático. Pero quienes impulsaban el Golpe Militar, también se adelantaron para abortar esa salida democrática.

El plebiscito del 5 de octubre, y su reconocimiento por parte de la dictadura cívico-militar, no es una excepción.

Fue el protagonismo popular, ancho, diverso, plural; las luchas de millones, por años y años, lo que impuso el plebiscito del 5 de octubre, porque Pinochet y su dictadura de derecha lo que buscaban era una total perpetuación en el poder absoluto. Y habían perdido fuerza y estabilidad, a pesar de que el terrorismo de estado lo ejercían impunemente.

En ese proceso de luchas y unidad ascendente, diversas formas de pelea y unidad se fraguaron: paros, marchas, protestas nacionales, elecciones en universidades, colegios, centros vecinales, territorios, sindicatos; sabotajes, apagones, huelgas de hambre, ayunos, acciones de arte rupturistas y trasgresoras.

Todas esas expresiones sociales y populares exigían, explícitamente, fuera Pinochet y elecciones democráticas.Tenían una direccionalidad política, y era manifiesta.

La dictadura, la derecha, el gobierno norteamericano, observaron el peligro de esa oleada popular del Chile profundo.

El gobierno norteamericano, en especial, el poder de ese país que impulsó el golpe del 11 de septiembre de 1973, y respaldó la dictadura de Pinochet y la imposición del neoliberalismo, como en otras naciones de nuestro continente, se dispuso a frenar ese proceso.

Y actuó en consecuencia: limitó y condicionó su apoyo a Pinochet y a la derecha que lo apoyaba. Condicionó su apoyo a una transición, objetivamente pactada, a la exclusión y aislamiento del movimiento de trabajadores y de los partidos de izquierda, en la conducción y protagonismo del proceso que vendría.

Como ocurre posterior al 5 de octubre, eso así fue. Estados Unidos impuso sus términos de referencia políticos. Sólo dos hechos (entre muchos) lo muestran: el modelo económico de acumulación extrema, de hiperconcentración, se mantuvo en su arquitectura gruesa.

Pinochet siguió siendo comandante en jefe, y luego fue senador vitalicio. Murió sin ser juzgado.

No reconocer estos hechos, sólo muestra la fragilidad de argumentos, e ideas, de quienes en definitiva tratan de negar o limitar el protagonismo popular.

Posterior al 5, y a las elecciones presidenciales y parlamentarias bajo dictadura, la misma derecha que apoyó a la dictadura tuvo una derrota táctica, pero no estratégica. Por algo hoy es gobierno, y el modelo económico se mantiene esencialmente.

La “transición pactada” muestra hoy su agotamiento definitivo y se abren caminos de profundización democrática en todos los aspectos. Eso es lo que explica que, según todos los estudios y sondeos, si fuera hoy el plebiscito, más del 70% de la ciudadanía votaría que NO.

Las mayorías nacionales buscan abrir brechas, romper exclusiones, superar las desigualdades profundas que perviven en el país en todos los aspectos. Y eso le da más legitimidad, incluso, a las luchas que desembocaron en el 5 de octubre, y a la épica que permitió ganarlo.

Hacia el futuro, hay muchos NO que superar. Y tal vez sería bueno, y necesario, que las élites se abrieran a considerar nuevos plebiscitos, como legítimo instrumento democrático, para consultar al pueblo respecto de tantos asuntos que definen el futuro del país.

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