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No alcancé a votar porque tenía 17 años para el plebiscito

Siento que 30 años después lamentablemente muchos aún siguen anclados en el pasado, sin dar el paso hacia el futuro, lo que no significa olvidar, sino más bien aportar hacia la unidad y fortalecimiento de la democracia.

Recuerdo bien el 5 de octubre de 1988 porque se respiraba un ambiente bastante tenso, muy agitado y de bastante incertidumbre sobre lo que iba a suceder. Y lo digo sin distinción política o partidaria. Lo podía notar en el colegio. Tenía 17 años para esa fecha, estaba en cuarto medio y a ratos los diálogos eran bastante radicales.

Ese día yo no pude sufragar y pese a que estuve pendiente sobre los posibles resultados, no dejé de hacer cosas propias de un joven de esa edad. Almorcé con mi familia y me comuniqué con algunos de mis amigos sobre lo que podía pasar 

Sólo al final del día, o ya de madrugada, pude conocer el resultado final. En definitiva, lo vi más como un observador pendiente y con conciencia social. Tenía dos años para el 1973 y mi familia siempre preocupada como ciudadanos de lo que podía pasar, incluyendo el día de las elecciones.

Sin embargo, pese a no haber participado de ese proceso eleccionario, el 5 de octubre marcó lo que sería mi vida política, porque el resultado hizo darme cuenta que se podía, desde la democracia, trabajar para hacer un mejor país. Un día después de las elecciones yo me acerqué a Renovación Nacional para inscribirme como premilitante. Al año siguiente, a penas ingresado a estudiar derecho en la Universidad de Valparaíso, fui elegido dirigente estudiantil. Un año después me transformaba en el primer vicepresidente de una federación de estudiantes que venía de un partido de derecha en Chile. Y de ahí en adelante, representante comunal y provincial de mi partido, diputado y senador.

Fue una fecha que debía marcar un camino claro sobre la importancia de contar con una democracia sana y robusta, al menos eso me motivó a participar activamente en política. Siento que 30 años después lamentablemente muchos aún siguen anclados en el pasado, sin dar el paso hacia el futuro, lo que no significa olvidar, sino más bien aportar hacia la unidad y fortalecimiento de la democracia y no polarizar ni debilitar sus cimientos.

Aún es tiempo para darse cuenta que el 5 de octubre más que separarnos como sociedad, debe unirnos. Es la única forma de evitar que episodios tan dolorosos para el país se vuelvan a repetir.

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