Período Especial en Cuba – Segunda parte

Sin duda Cuba ha sido el sostén más inmediato y cercano del régimen de Maduro y, como están las cosas, difícilmente caerá mientras cuente con dicho apoyo.

Por Juan Pablo Glasinovic Vernon Abogado › Actualizado: 23:57 hrs
Período Especial en Cuba - Segunda parte
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Con la caída de la URSS y del bloque de los países comunistas de Europa del Este, se le vino literalmente la noche a Cuba. Desde la Revolución Cubana y en forma creciente, el país recibía una generosa ayuda de la URSS y sus aliados, subsidiando un intercambio comercial que por el lado cubano era poco más que azúcar. Esto fue posible porque Cuba fue un aliado estratégico de la Unión Soviética y su punta de lanza en América Latina.

Cuando repentinamente se derrumbó la Cortina de Hierro y se disolvió la URSS, dejó de fluir el generoso subsidio y Cuba hizo frente a lo que Fidel Castro y las autoridades de la época eufemísticamente denominaron “Período Especial”. Es lo más parecido a la situación de una guerra total, pero sin acción bélica. La primera mitad de los años 90s fue la más dura. La dieta de la población se redujo prácticamente a una comida diaria y absolutamente todo escaseó. Además, se registraban apagones que en promedio duraban 12 horas al día. El sistema productivo que giraba en torno a la exportación de azúcar y unos pocos productos más, se cayó estrepitosamente. En el mundo del comercio real, valían una fracción de lo que estaban acostumbrados a recibir. En resumen, se trató de un período muy duro que generó consecuencias importantes internamente, pero también en la región.

En el ámbito doméstico, el régimen de Fidel Castro debió relajar el control económico y muy a su pesar, dar un espacio al emprendimiento privado, aunque siempre muy acotado. Junto a lo anterior, el gobierno decidió abrir ciertos sectores a la inversión extranjera. Esto a lo largo de los años se ha traducido en un importante desarrollo del turismo, que se ha convertido en una de las principales fuentes de ingreso de la isla. También ha implicado un significativo aumento de la actividad privada, con pequeños comercios, agricultores y todo tipo de servicios que han mejorado las condiciones de vida de muchos y dinamizado la ineficiente y pesada economía del país, anclada en la producción estatal. La mejoría de la situación económica asociada a un férreo control político, prolongó la vida del régimen castrista y le permitió hacerse del récord de la dictadura personal más longeva. 

Pero el precio que pagó la sociedad cubana fue muy alto. Emigraron legal e ilegalmente entre 800.000 y 1.000.000 de personas, sobre todo jóvenes. Ello ha significado una sangría de talentos en todas las áreas.

Pero la salvación de Fidel Castro y su maltrecho régimen vino inesperadamente desde el exterior. Apenas asumido en 1999, el presidente venezolano Hugo Chávez, quien llegó a considerarse hijo político de Fidel y responsable de continuar su revolución en toda la región (con la fórmula del socialismo del siglo XXI), se convirtió en el nuevo mecenas de la isla, asumiendo un papel similar al que tuvo la URSS. De pronto todo empezó a mejorar para la economía cubana, partiendo por el suministro de petróleo prácticamente gratis. Por supuesto, como el diablo sabe más por viejo que por diablo, Fidel Castro se abrazó con la fuerza de quien se ahoga a su salvador y retribuyó el subsidio venezolano con medidas como el envío de médicos, pero más importante, con una interesada asesoría política y de seguridad, logrando una importante influencia al interior de instituciones claves venezolanas como las FFAA y varios servicios estratégicos. 

En ese contexto, la primera década del siglo XXI parecía reivindicar el proyecto castrista y la expansión de su revolución. Bajo el paraguas del ALBA, Cuba contaba con férreos aliados como Venezuela y Nicaragua, y abierta simpatía de otros como Evo Morales y los presidentes de Brasil y Argentina de la época. A esto se sumó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EEUU bajo Barack Obama, y el relajamiento de las sanciones económicas.

Pero como el maná no podía caer eternamente del cielo, el mal manejo económico de Hugo Chávez (cuyas consecuencias devastadoras no alcanzó a ver al morir prematuramente), agudizado por Nicolás Maduro, comenzaron a revivir en los habitantes de la isla, el temor de repetir el “Período Especial”. Con Venezuela literalmente quebrada, el restablecimiento de medidas restrictivas al comercio e inversiones por la Administración Trump, y la interrupción de una de las fuentes más importantes de divisas como era la prestación de servicios médicos en Brasil (inaugurada con Lula y defenestrada por Bolsonaro), Cuba ha quedado nuevamente en una situación muy delicada (aunque Fidel Castro no se repetirá el plato).

La transición ordenada en curso en Cuba, con incluso una nueva constitución y el nuevo Presidente Díaz Canel quien asumió en 2018 como ungido de Raúl Castro, tendrá que navegar por aguas tormentosas. Las nuevas autoridades de la isla ya han creado un nuevo eufemismo, refiriéndose a una “situación coyuntural”, dando a entender que son dificultades pasajeras imputables a acciones extranjeras y que la economía cubana se ha fortalecido y diversificado desde la crisis anterior. Lamentablemente, se está repitiendo el mismo patrón del “Período Especial”. Al menos desde 2016 hay signos de contracción económica, que ya se están traduciendo en escasez de productos básicos.

¿Podría esta vez haber una reacción diferente de la población? La consolidación de una clase emprendedora a pequeña escala ha generado una mayor independencia del Estado y también la conciencia de lo mucho que se puede perder. La población está también mucho más informada de lo que ocurre interna y externamente con el crecimiento del acceso a internet (a pesar de todo el control) y cansada de la inercia del régimen (la continua emigración es un signo de aquello). ¿Podría ser Díaz Canel quien abra un proceso de reformas significativas que terminen liberalizando la política y la economía? Es difícil de predecir, tanto por el control interno que no se ha relajado, como por el complejo marco internacional. Cuba sigue siendo una plaza estratégicamente interesante para los que desafían el liderazgo de EEUU y su régimen podría asegurar algunas prebendas de un aliado de turno que le permitan subsistir.

Donde sí hay que estar atentos, es en los efectos en la triple alianza Venezuela, Nicaragua y Cuba. Sin duda Cuba ha sido el sostén más inmediato y cercano del régimen de Maduro y, como están las cosas, difícilmente caerá mientras cuente con dicho apoyo (inteligencia y una sofisticada metodología de control político de la población). Los 3 regímenes buscan sobrevivir cerrando filas, teniendo muy claro que, si terminan separados, se derrumban. El régimen cubano es quien más tiene que perder si se corta su alianza con ambos, pero especialmente con Venezuela. Por eso, el Grupo de Lima y todos los países que apoyan el regreso de la democracia en Venezuela deben sincerarse y reconocer que parte del problema, pero también de la solución, pasa por La Habana. A partir de esa obvia realidad, tal vez se pueda diseñar una estrategia distinta que restituya la democracia en Venezuela y Nicaragua, y, por qué no, en Cuba. No hay revolución que dure 100 años ni cuerpo que lo aguante.

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