Desde octubre del 2019 observamos un proceso que podemos llamar “desprivatización de la educación superior”. Es similar a lo que se ha producido en la educación escolar, con mecanismos distintos. Su núcleo está en la creciente dependencia del financiamiento estatal, tanto por el sistema de créditos a estudiantes, los apoyos directos, como por las nuevas universidades que desean ingresar al mecanismo de la gratuidad. Es decir, la diferenciación entre universidades estatales, privadas o del CRUCH, será irrelevante.
Las diferencias en los resultados, en cuanto a calidad de la docencia, empleabilidad, y el impacto de las investigaciones y aportes al entorno de cada universidad o IP, se explicarán más por la disponibilidad de recursos totales, ajustando por tamaño, que por tipo de institución.
Hemos señalado que el desarrollo de las instituciones, sin aporte privado para parte de los aranceles, pasaría a ser casi enteramente dependiente del presupuesto fiscal asignado año a año, lo que introduciría mayores fluctuaciones en
la disponibilidad de recursos. La experiencia indica que ello ocurre en los países con mayor proporción de aportes públicos.
La estratificación entre entidades se acentúa, porque los ingresos distintos a los aranceles (provistos en altísima proporción por el fisco) son mucho más difíciles de obtener por instituciones menos desarrolladas. Esto va a afectar la calidad de la docencia y de la investigación, por relativo bajo uso de tecnología y preparación docente, ya que el costo de la educación de alta calidad a distancia es mayor que la presencial. Por último, la acreditación institucional vigente podría llevar a que los niveles denominados de excelencia y desarrollados, A y B en la ley, los obtengan pocas instituciones, por lo antes indicado.
Lo anterior lleva a mayores regulaciones estatales, que, si son muy rígidas, no ayudarán a mejorar la calidad del sistema. La contingencia actual va a dejar muchas secuelas, pero en educación superior el proceso de menor desarrollo del conjunto de instituciones es más estructural, es crónica de una caída anunciada.