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Cuarentena: emociones al límite

Es relevante generar espacios de conversación y contención entre los propios docentes, o en las familias, para poder hablar y expresar las emociones difíciles que estamos experimentando, sintiendo el apoyo y escucha empática de los demás.

Actualmente, estamos viviendo momentos donde el estrés, la ansiedad, la incertidumbre, el agobio y la culpa, entre otras, tienen un alto impacto en nuestra salud mental, por lo que es vital aprender qué podemos hacer con estos sentimientos; saber para qué nos sirven y cómo podemos realizar acciones específicas para dar una respuesta sana a estos, escuchando las necesidades que están en la base de esas emociones y -desde ahí- ser más asertivos emocionalmente. Es decir, aprender a educarnos emocionalmente.

Para ello, sin duda, es relevante generar espacios de conversación y contención entre los propios docentes, o en las familias, para poder hablar y expresar las emociones difíciles que estamos experimentando, sintiendo el apoyo y escucha empática de los demás. El trabajo y las exigencias del quehacer cotidiano se vuelven muy demandantes y se van postergando las oportunidades para poder expresar lo que sentimos y necesitamos.

Si bien resulta difícil darnos esos espacios, es de total urgencia organizarse y priorizar nuestra salud mental y emocional, y así poder procesar mucho mejor las emociones y la vulnerabilidad que experimentamos en este contexto de pandemia.

Una vez que los docentes y padres puedan trabajar en su propia autoconciencia emocional, podrán actuar como adultos modeladores de los niños y niñas y tendrán más recursos y herramientas que les permitirá acompañarlos de una mejor manera, ayudándolos a reconocer y poner nombre a sus emociones, para luego expresarlas y así atender a sus necesidades en estos difíciles tiempos.

Debemos tener en cuenta que la educación emocional es un proceso continuo, permanente y sistemático que permite prevenir significativamente las problemáticas asociadas a la salud mental, emocional y corporal de las personas.

A partir de esto, es importante mencionar que actualmente en Chile se presentan altos índices de problemas en la salud mental de los niños y niñas, así como en jóvenes y adultos que presentan depresión, impulsividad, estrés e ira, entre otros estados emocionales que se han ido acentuando aún más en el contexto de pandemia, y necesitan que generemos acciones de manera urgente para empezar a sanar nuestra sociedad.

De esta manera, la educación emocional apunta a que docentes, padres y madres puedan ir incorporando las herramientas y competencias necesarias para el aprendizaje de habilidades socioemocionales, e ir aplicando esto de manera transversal en la formación desde la educación inicial hasta la educación universitaria, y así los niños y niñas -junto con los jóvenes- puedan trabajar y desarrollar su consciencia, regulación y autonomía emocional, así como también sus habilidades sociales, permitiéndoles estar mucho más preparados para enfrentar los desafíos que presenta la sociedad actual, como, por ejemplo -claro está-, la presente pandemia.

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