¿Todavía crees en el Viejito Pascuero?

Replicando al abuelito rojo de Pascua, nuestros parlamentarios girando cómo éste, contra el esfuerzo ajeno y a costa de la ilusión de un pueblo, que como los niños quiere seguir creyendo en ellos, han promovido un conjunto de proyectos tributarios, que han vendido como la solución a todos nuestros problemas.

Por Christian Aste Abogado › Actualizado: 17:42 hrs
Uno de los proyectos en esta línea es el del royalty minero, el cual ya fue aprobado por la Cámara de Diputados. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Uno de los proyectos en esta línea es el del royalty minero, el cual ya fue aprobado por la Cámara de Diputados. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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¿Cuántas veces hemos escuchado la pregunta: “¿Y todavía crees en el Viejito Pascuero?”, antecedido o seguido por una risa, entre irónica y burlesca? Me acordé de esto, a propósito de que nuestros congresistas, rememorando quizás sus sueños de niñez, de un tiempo a esta parte, se han venido vistiendo de Viejito Pascuero para regalarnos humo. Aunque sabemos o al menos sospechamos, que los cambios normativos no hacen a los países menos pobres, y que la única forma efectiva de salir de las deudas es pagándolas, y eso sólo se logra trabajando, muchos insisten en creerles.

En efecto, replicando al abuelito rojo de Pascua, nuestros parlamentarios girando cómo éste, contra el esfuerzo ajeno y a costa de la ilusión de un pueblo, que como los niños quiere seguir creyendo en ellos – pese a que no han reducido su número ni tampoco su dieta -, han promovido un conjunto de proyectos tributarios, que han vendido como la solución a todos nuestros problemas. Se han aprovechado de la debilidad del Gobierno, que además de bailar al ritmo de la música que le han puesto y llegar tarde siempre a todo, no ha reclamado nunca como se debe, del resquicio o verdadera trampa que han utilizado para restarle poder.

Pocos son los que aplican la racionalidad. Es más, algunos que suponíamos lo harían, como el ex ministro de Hacienda Briones y ahora candidato, han entrado en la misma dinámica.

Molesta que todavía crean en soluciones mágicas e insistan en la vieja e ineficaz fórmula de querer matar la gallina de los huevos de oro, sabiendo o debiendo saber que la riqueza se genera con trabajo, y que Chile no saca nada con tener minerales si no hay un capital dispuesto a encontrarlo y explotarlo. Desconocen, porque nunca han ejercido en la realidad, que son más los que pierden que los que ganan, y que el capital emigra como las golondrinas.

No se trata de que la gente no pague sus impuestos y no contribuya. Al revés, todos debemos hacerlo, y cada vez en mayor grado en función de la capacidad contributiva que cada uno tenga. Para eso debe avanzarse. Pero debe hacerse con tiempo y en forma inteligente. Revisando la experiencia de otros países, y replicando aquellas fórmulas que han funcionado. Pero acá se copia lo malo, como es el impuesto a los súper ricos, el que aparte de recaudar poco en los países que se aplicó (Dinamarca, Alemania, Finlandia y Austria), y ser difícil de fiscalizar (Holanda), ha resultado completamente contraproducente (Francia). También se aumenta y contra toda lógica el royalty minero, sin importar los alcances y los efectos que tendrá en la actividad que mueve al país.

Este Viejito que está desatado, quiere también intervenir el mercado de capitales y la construcción. En el primero, lo quiere hacer eliminando el beneficio del artículo 107 de la Ley sobre Impuesto a la Renta (LIR), sin considerar que fue ese beneficio el que nos llevó a encabezar en Sudamérica el ranking de capitalización bursátil en relación al PIB y de empresas listadas. En el segundo, lo que proponen es quitarle a las empresas constructoras el derecho que tienen de deducir del monto de sus pagos provisionales obligatorios de la LIR el 0,65 del débito del Impuesto al Valor Agregado que deban determinar en la venta de bienes corporales inmuebles para habitación por ellas construidos, y cuyo valor no exceda de 2.000 unidades de fomento, con un tope de hasta 225 (doscientas veinticinco) unidades de fomento por vivienda, sin importarle tampoco que si este beneficio se elimina, se traspasará a precio, y que lo que ocurrirá, como en todos los casos, será que la gente más pobre -que financia los gastos de este Viejito tan creativo- se quede sin poder comprar su vivienda.

En definitiva, invito a que la gente deje de creer en el Viejito Pascuero tan remunerado que tenemos, y entienda de una vez por todas que el dinero con cargo al cual éste hace las promesas y los regalos que entrega, no proviene de quien suponen, sino que de ellos mismos.