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¿Somos buenos anfitriones con nuestras emociones?

La invitación en ese momento es, justamente, a detenerte y abrir el espacio para sentir. Cuando eres consciente de cómo te sientes, sin juzgar y sin querer cambiar nada, dando la bienvenida a cualquier emoción y/o sensación que tengas, es una forma de darte la bienvenida a ti mismo.

Muchas veces, a nivel interno, sabemos que algo nos está pasando. Tenemos una sensación que no sabemos cómo nombrarla y puede que nos incomode, o nos resulte desagradable. Luego nos surge el miedo -y/o rechazo- como primera señal de alerta ante la posibilidad de darle espacio y “escuchar” esa emoción desconocida o molesta.

La invitación en ese momento es, justamente, a detenerte y abrir el espacio para sentir. Cuando eres consciente de cómo te sientes, sin juzgar y sin querer cambiar nada, dando la bienvenida a cualquier emoción y/o sensación que tengas, es una forma de darte la bienvenida a ti mismo, a tu casa.

Date cuenta de que tú eres el anfitrión y puedes acoger a cualquier emoción a hacerse parte de ti, sin rechazarla ni juzgarla, sea lo que sea. Como cualquier visita, sabes que viene y luego se va. Lo mismo sucederá con la emoción que estás acogiendo en este momento. Es temporal.

¿Qué pasa si no das espacio a esa emoción? Pues seguirá tocando a la puerta una y mil veces, porque quiere ser escuchada y quiere ser bien recibida.

Al permitir la visita de tus emociones, estás siendo honesto contigo, ya que no estás intentando cambiar ni rechazar nada. Eres capaz de abrir la puerta, aceptarla y acogerla. Cuando haces ese acto de aceptación sobre lo que sientes, sencillamente es una aceptación de ti mismo. Aceptarte es amarte.

Esto te permite sentir -de manera más consciente- y desde ahí, serás capaz de ver con mayor claridad cómo gestionar esa emoción. La aceptación es el primer paso a la transformación. ¡No podemos transformar aquello que no conocemos!

No tengas miedo, las visitas vienen y van y tú sigues estando presente, porque siempre estás en casa, siempre estás en ti. En la medida que reconozcas y sientas tus emociones en forma sincera, te sentirás más empoderado para saber qué hacer.

Aceptar es mucho más sencillo que resistir. Es aliviador y sanador, te permite tener mayor conciencia sobre ti mismo y, en base a ello, tomar mejores decisiones para cómo avanzar.

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