¿La práctica ya no hace al maestro?

La práctica hace al maestro reza el viejo adagio; pero la práctica ha estado ausente ya casi dos años en la formación de los estudiantes Técnico Profesionales, muchos de los cuales deberán salir al mercado laboral sin experiencia.

Por Camilo Ruiz Fundación Chile Dual › Actualizado: 22:52 hrs
"Si logramos protocolos que permitan que el porcentaje de estudiantes que esté facultado por las normas sanitarias asista a formarse en ambientes reales de trabajo, sería un logro tremendo". AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Recientemente la educación chilena recibió un duro golpe de la mano de estadísticas y declaraciones que apuntaban al bajo aprendizaje de  los estudiantes durante la pandemia. Las declaraciones del ministro de Educación  calificaron como un “terremoto educacional” los resultados que la educación ha tenido en las formas a las que ha debido adaptarse (online, guías
de trabajo para la casa, apuntes, etc.).

Con notorias bajas en aprendizajes en lenguaje y matemáticas, esta manera de hacer clases, además, está atravesada por una serie de dificultades asociadas y por la percepción de los padres y apoderados de una desastrosa manera de aprender. Un estudio de la U. de Chile señala que un 68% de los padres considera que sus hijos han aprendido menos o mucho menos durante la pandemia, así como el conocido impacto socioemocional que ésta ha tenido sobre los estudiantes; y un estudio de la Agencia de la Calidad de la Educación muestra que casi el 90% de los estudiantes de 3º y 4º medio se siente perjudicado en su aprendizaje por no poder asistir a clases presenciales. ¿Una sorpresa? Difícilmente puede ser una sorpresa para alguien.

¿Y qué pasa con la educación técnica? Como bien sabemos, los estudiantes del sector Técnico Profesional se corresponden con los sectores económicamente más desfavorecidos, lo que suma otras agravantes como el poco acceso a un equipo digital individual en el cual aprender, una red sociofamiliar de bajo capital cultural y, en general, una cultura de un “mal aprender”. Esto quiere decir que aún si los estudiantes contaran con acceso a una buena conexión a internet y a contenidos seleccionados de su currículum, ello no garantiza de ninguna manera un aprendizaje efectivo.

“La práctica hace al maestro”, reza un viejo adagio; pero la práctica ha estado ausente ya casi dos años en la formación de estos estudiantes, muchos de los cuales deberán salir al mercado laboral apenas egresen de la enseñanza media. La alternancia de aprendizajes en el aula y la empresa siempre ha jugado a favor de la calidad de la educación técnica; es una estrategia que
se fundamenta en el “aprender haciendo”, pero mientras las restricciones y las políticas públicas aún debaten el acceso a los establecimientos educacionales, los jóvenes están lejos de poner las “manos” en contacto con sus áreas de desarrollo.

Hemos visto que empresas con las que trabajamos desde hace años nos muestran interesantes alternativas para ir resolviendo este dilema. Algunas de ellas han buscado por su propia iniciativa la manera de “empaquetar” y acercar estos aprendizajes a los jóvenes, ya sea mediante cápsulas  (elaboradas con la participación de docentes de los liceos y trabajadores experimentados que normalmente desempeñan el rol de “maestro guía” ) y también mediante clases a distancia, en modalidad sincrónica y asincrónica, además de charlas  y mentorías, respondiendo de manera creativa a esta imposibilidad de recibirlos físicamente. Hemos visto además cómo los jóvenes valoran estas instancias, que rompen su rutina de powerpoints y clases telemáticas, donde de un grupo de 30 jóvenes solo ve avatares con sus nombres y a docentes hablándoles a un supuesto de 30 espectadores teóricos.

No hay soluciones mágicas, pero un indicio de la presencialidad puede traer grandes réditos a los jóvenes que están aún deambulando en la incertidumbre del qué será. No conocemos aún los impactos que estas dificultades tendrán en los egresados de una educación técnica que normalmente se fundamenta en la práctica, pero que no han tenido este componente desde el
mes de octubre de 2019, varios meses antes de la pandemia, cuando el estallido social en Chile fue cerrando paulatinamente las puertas de sus liceos.

Si logramos compromisos o protocolos que permitan que el porcentaje de estudiantes que esté facultado por las normas sanitarias asista a formarse en ambientes reales de trabajo, sería un logro tremendo para los estudiantes que más necesitan el apoyo del sistema. 

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