Las campañas y el público

Y las campañas arrancan. Se enfrentan, en el papel, siete presidenciables. Es perfectamente factible que en los dos meses que comienzan hoy se alteren las intenciones de votos que hoy publican distintas encuestadoras. Mucho depende de lo que la/los candidatos enfaticen, expresen, prometan y expliquen.

Por Tomás Szasz
A ninguno le espera una tarea fácil y está descartado que todos respeten las reglas y no utilicen errores o actuaciones personales del pasado de su contrincante para descalificar su programa.
A ninguno le espera una tarea fácil y está descartado que todos respeten las reglas y no utilicen errores o actuaciones personales del pasado de su contrincante para descalificar su programa.
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Este 22 de septiembre comenzó la campaña oficial para las elecciones presidenciales, legislativas y administrativas; elecciones que se llaman históricas – como si no todas lo fuesen – porque después de un fallido socialismo, seguido por una dura y larga dictadura que desembocó en una democracia creativa, para terminar en una polarización del país que culminó en lo que se bautizó como estallido social que solo una pandemia mundial logró apaciguar y, de paso, empujar al país a una situación caótica.

La gente, las mujeres y hombres que con su voto deberán decidir el rumbo que tomará Chile a partir del próximo año, está cansada. Cansada, desilusionada, harta de mentiras, promesas incumplidas, delincuencia descontrolada, terrorismo incipiente, inseguridad de trabajo, hasta hambre, hacinamiento y miseria, falta de autoridad, políticos indiferentes hasta la indolencia que solo buscan eternizarse en vez de resolver los problemas que nos acosan. La gente tiene rabia. Está enfadada con el sistema, culpa a los partidos, al Gobierno, al Parlamento, a los potentados, la impotencia de decidir, platicar, buscar consensos; furiosa por no saber cómo llegar a fin de mes mientras otros se enriquecen con la pandemia; no poder caminar en las calles en la noche por temor a ser asaltados y golpeados por unos pesos o un celular viejo.

Y las campañas arrancan en este ambiente. Se enfrentan, en el papel, siete presidenciables. Va: seis en realidad – porque uno, Parisi, ni se atreve a regresar al país y no se comprende como puede ser postulante- que representan un variopinto de disyuntivas y no tienen al momento de escribir estas líneas chance de ganar en noviembre por simple mayoría. Solo dos de ellos irán al balotaje, palabra oficialmente eliminada, pero realmente vigente.

Es perfectamente factible que en los dos meses que comienzan hoy se alteren las intenciones de votos que hoy publican distintas encuestadoras. Mucho depende de lo que la/los candidatos enfaticen, expresen, prometan y expliquen. Sus actuaciones en los debates televisivos serán de gran importancia y serán no solo juzgados por el público y los medios e influenciarán positiva o negativamente los votantes sino también pesarán en la elección de los aspirantes a diputados y senadores y seremis a quienes los presidenciables apoyan.

Creo que lo que el país quiere escuchar en estas semanas es la verdad. No puedo imaginarme que la inmensa mayoría aún crea en las promesas, en soluciones fáciles y milagrosas. Estoy convencido de que la balanza de simpatías se inclinará hacia el/la candidato/a que en forma concisa y lenguaje simple enumere los problemas y presente con seriedad, sostenimiento basado en lo posible en cifras reales su programa para buscar el comienzo de una salida y no engañe al público. Debatir con sus oponentes debe hacerse sin desprecio, sin subestimar a las personas, sino demostrar lo falible de sus argumentos, señalar de manera indiscutible porqué está equivocado o malintencionado lo que predican; cosa que no descarta desenmascarar falsedades o mentiras.

El uso de comparaciones es vital. Nadie, ni la persona más enconadamente contraria a la o el que tiene la palabra, puede estar en desacuerdo cuando se hace referencia a una política, economía, régimen o país exitoso, cotejándolo con experiencias fracasadas, ideologías frustradas. La búsqueda del camino correcto, la aplicación de experiencias exitosas corregidas según nuestras actuales y nuevas exigencias, el señalar las posibilidades con la ayuda, cooperación y también sacrificio de todos será lo más convincente para la gente. Tampoco convence la algarabía, la publicidad excesiva, el exagerado culto personal, la propaganda de infalibilidad del/la candidato/a.

A ninguna/o le espera una tarea fácil y está descartado que todas/os respeten las reglas y no utilicen errores o actuaciones personales del pasado de su contrincante para descalificar su programa. Habrán acusaciones, ciertas o enlodadas e indudablemente malintencionadas; habrá que enfrentarlas con la verdad. Como escribí al principio: lo único indiscutible es la verdad. Y avanzará a la segunda vuelta – no hay señales que alguien gane la primera – la dupla que supo exponer su programa con convicción y superar los de sus contrincantes.

Tengo fe en que los extremos no convencerán a la mayoría. Tengo esperanza de que triunfará la sensatez, la franqueza, la búsqueda de la paz social, la firmeza en la condenación del crimen, el proyecto de seguridad pública; el apoyo a los vulnerables, pero al mismo tiempo la aclaración de que las obligaciones preceden a los derechos y que las libertades terminan donde comienzan las de los demás, serán las que se aceptarán. 

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