Sube la tensión en la carrera por el liderazgo mundial

Cuando los adversarios llegan a grados de cierta simetría y escalan las tensiones, aumentan las posibilidades de conflicto, especialmente cuando hay una errónea lectura del otro.

Por Juan Pablo Glasinovic Vernon Abogado › Actualizado: 00:02 hrs
Sube la tensión en la carrera por el liderazgo mundial
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En estas últimas semanas ha quedado en evidencia como la agenda internacional está crecientemente centrada y supeditada a la relación entre China y Estados Unidos, y lo que pase en estos países. Y esa relación se ha traducido en una ya descarnada competencia, con un peso cada vez mayor de la dimensión de seguridad y de poderío militar.

Por el lado de Estados Unidos y desde la presidencia de Obama, China se ha convertido en la preocupación central de la política exterior de este país. Transversalmente entre demócratas y republicanos se instaló el consenso de que China se ha convertido en una amenaza para el predominio estadounidense y sus valores, incluyendo la democracia. Por eso y tras una década casi enteramente enfocada en el Medio Oriente y el terrorismo islámico, el gobierno norteamericano volvió sus ojos hacia China y su imparable ascenso, procurando recuperar el espacio perdido en el Asia Pacífico en beneficio de esta potencia. Es así como Obama puso a esta región en el centro de su política exterior, con énfasis en el ámbito de la seguridad, en lo que se conoce como “Pivot to Asia”.

Junto con revitalizar sus vínculos con sus aliados tradicionales en la región, Australia, Japón y Corea del Sur en particular, la administración de Obama empujó las negociaciones del Acuerdo Transpacífico (TPP) con la explícita exclusión de China y con el declarado propósito de “definir las reglas de le economía del siglo XXI bajo el liderazgo de Estados Unidos”.

Al veto a la incorporación de China al TPP se sumó la oposición estadounidense a la creación china del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

Este giro estratégico, producto de un nuevo consenso político en Washington, evidentemente no fue bien recibido por China que se sintió agredida y el blanco de una campaña para contenerla e impedir su desarrollo, incluyendo la amenaza del eventual uso de la fuerza en su contra.

Estos desencuentros aumentaron la desconfianza entre las partes y desencadenaron – según algunos – o aceleraron – según otros – una competencia cada vez más crispada, que ha pasado a convertirse en un peligro para la paz mundial, además de comprometer desde la cooperación contra el cambio climático, hasta la economía y el desarrollo tecnológico.

El advenimiento de nuevos líderes en ambos países, con Xi Jinping y Donald Trump, agudizó las tensiones, agregando una guerra comercial entre las partes, con la imposición de cuotas, la prohibición de importación y comercialización de ciertos productos y el alza de los aranceles respecto de otros.

Donald Trump, con su mentalidad neo mercantilista, desechó el TPP y profundizó la variable de seguridad, incrementando el presupuesto de defensa de su país después de casi 8 años a la baja.

En paralelo, China se ha ido poniendo más asertiva, fortaleciendo su pretensión sobre la mayor parte del Mar del Sur de la China, incluyendo escaramuzas con varios países de la región. Asimismo, ha tenido enfrentamientos fronterizos con India, los más graves desde que ambos países estuvieron en guerra en 1962. Con Japón también ha crecido la tensión por las islas Senkaku o Diaoyu, controladas por este país, pero reclamadas por China. Y con Taiwán han escalado las maniobras militares del continente en su cercanía, así como la cantidad de sobrevuelos en el espacio aéreo taiwanés.

Al asumir Biden se pensó que Estados Unidos iba a retomar una actitud más dialogante y de énfasis en la cooperación, pero por diversas razones, no hubo cambios significativos respecto del clima existente con su antecesor. En febrero pasado, a poco de asumir, Biden mantuvo un diálogo directo con Xi, y se acordó retomar los encuentros del alto nivel. En marzo se reunieron los cancilleres de ambos países junto con altos personeros de defensa en Alaska, para revisar la agenda bilateral y otros temas de interés. El resultado fue un enfrentamiento en casi todos los temas, con duras críticas cruzadas y prácticamente ningún consenso. Si existió la esperanza de un cambio de dinámica, en Alaska esta posibilidad recibió un portazo.

Desde entonces, cada potencia ha movido sus fichas para mejorar su posición en un juego que es cada vez más de suma cero.

Estados Unidos se retiró ignominiosamente de Afganistán para terminar con esa sangría de recursos y concentrarse en la competencia con China. Biden dejó bien en claro que su país ya no participará en este tipo de intervenciones, muy consciente de que dos décadas en el Medio Oriente debilitaron seriamente el poderío norteamericano.

Al mismo tiempo, ha estrechado la coordinación con sus aliados tradicionales, sosteniendo numerosos encuentros con los gobernantes europeos, de Japón, Australia e India.

Con Japón, India y Australia, se constituyó en 2007 una alianza informal conocida como QUAD, cuya motivación es la preocupación por el ascenso de China. Trump retomó el tema en 2017 y ahora Biden lo ha convertido en una de sus prioridades. De hecho, los líderes de los 4 países estuvieron esta semana en una cumbre presencial en Estados Unidos, adoptando acuerdos de cooperación en una amplia gama de asuntos, como el despliegue de la red 5G, el suministro de semiconductores, la lucha contra el cambio climático y la contribución conjunta a la salud global. También en el ámbito militar.

Al QUAD se acaba de sumar otro esquema, netamente de seguridad, que se conoce como AUKUS (Australia, Reino Unido y EEUU). Su nacimiento fue con un lamentable escándalo, al sustituir el proceso de compra de submarinos convencionales franceses por parte de Australia, por submarinos nucleares de EEUU y Reino Unido. Francia estrecho y antiguo aliado de EEUU se enteró recién de la nueva alianza por la anulación de su venta, lo que naturalmente provocó su ira, retirando temporalmente sus embajadores de Washington y Canberra. Esto forzó a Biden a hacer un control de daños, llamando directamente a Macron para dar explicaciones y buscar superar el impasse.

Una derivada de este episodio, al igual que en el caso de Afganistán, es que prima el escenario del Asia Pacífico y los europeos están advertidos (ya se los había dicho Trump), que tendrán que empezar a bregar por sí mismos en materia de seguridad.

Finalmente está la opaca coordinación de las agencias de inteligencia de EEUU, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelandia, conocida como “Five Eyes” que también ha aumentado sus alcances, en ámbitos como la ciberseguridad.

China, por su parte, sigue aumentando su presupuesto de defensa, con ya 26 años al alza. Este año por primera vez se hicieron ejercicios militares conjuntos con Rusia en territorio chino. Además, China ha apostado a consolidar su liderazgo económico en el Asia Pacífico. Junto con participar de la Asociación Económica Integral Regional o RCEP, ha dado a entender que podría unirse al CPTPP o TPP11, obteniendo ya el visto bueno de varios países. De suceder aquello, China estaría en el centro de una gran zona económica del Asia Pacífico, quedando fuera Estados Unidos. Sería encarnar lo que Obama dijo al impulsar el TPP: “definir las reglas de le economía del siglo XXI”, pero bajo el liderazgo de China.

Si el liderazgo chino cree que Estados Unidos está en inexorable declive, podría volverse crecientemente asertivo e inflexible. En apariencia la precipitada retirada de Afganistán y la polarización interna, podrían ser una confirmación de aquello. Pero China tampoco está exenta de señales de debilidad, aunque sea más difícil discernirlas. La delicada situación de la megaempresa Evergrande con pasivos de 300 billones de dólares, podría generar una grave corrida financiera no solo en China, sino mundial. También la ofensiva del Partido Comunista para supeditar a las empresas tecnológicas a su control político podría significar mermar fatalmente su desarrollo, frustrando la aspiración del mismo partido de ser el país líder en ese campo.

Cuando los adversarios llegan a grados de cierta simetría y escalan las tensiones, aumentan las posibilidades de conflicto, especialmente cuando hay una errónea lectura del otro.

Consciente de aquello, el presidente Biden llamó hace unos días a Xi, para bajar la tensión y levantar temas de cooperación. Según lo informado por la parte china, Xi habría dicho: “Si EEUU y China trabajan juntos, tanto los países como el mundo se beneficiarán; si China y EE.UU. se enfrentan, ambos países y el mundo sufrirán. La relación entre China y EEUUno es una cuestión de elegir si es necesario hacerlo bien, sino una pregunta obligada de cómo hacerlo bien”. 

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