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El equilibrista

Boric tiene el desafío de equilibrar sus dichos de hace 10 años cuando agitaba la revolución desde su liderazgo estudiantil, con los de su campaña para la segunda vuelta y, especialmente, con su perfil actual que cada vez más va tomando un posicionamiento progresista y democrático, por no decir socialdemócrata.

Nada es fácil cuando hay tantos intereses encontrados. Izquierda o derecha, progreso o retraso, involución o evolución, pasado o presente.

Demasiados puentes por cruzar, pero esos puentes hoy no son anchas avenidas, sino simplemente una delgada soga sobre la que hay que hacer equilibrio para no caer de un solo lado del juego por jugar, que nada menos tiene que ver con la conducción del país.

Un país que frente a cada presidente electo crea expectativas mayúsculas, tratando casi al futuro mandatario en una especie de superhéroe, aunque en poco tiempo puede confirmarlo o por el contrario, convertirse en el peor de los villanos. Ejemplos, sobran.

Boric asume la responsabilidad de conducir la gestión presidencial haciendo frente a todas las dicotomías de las que hice mención, pero esencialmente enfrentando las expresiones a veces contradictorias de su pasado y su presente, y de su presente y la proyección en un mañana posible.

Boric tiene el desafío de equilibrar sus dichos de hace 10 años cuando agitaba la revolución desde su liderazgo estudiantil, con los de su campaña para la segunda vuelta y, especialmente, con su perfil actual que cada vez más va tomando un posicionamiento progresista y democrático, por no decir socialdemócrata. En todo caso, bienvenido.

Pero, ¿pueden sus habilidades comunicacionales resolver esas percepciones encontradas y lograr una identidad definida para su liderazgo? ¿O acaso el pragmatismo y el devenir de las situaciones irán diseñando su espacio de poder y conducción?

Los últimos pasajes de la vida política de Gabriel Boric muestran sin duda una evolución en su postura, en su discurso y hasta en sus cualidades de interacción política con los diferentes frentes a los que se ve expuesto. Boric ha evolucionado, y ha tomado la experiencia vivida para revisarla y poder cuestionarla, para así modificar sus acciones al menos desde el relato presente.

Es obvio que la evolución es la que conduce a la transformación, pero es clave para su gobierno en este caso que no solo Boric haya evolucionado, sino también todo el entorno político, oficialista y opositor, el mundo empresarial y los grupos de influencia.
El equilibrio debe darse a partir de la evolución sincrónica de todas las partes involucradas para evitar rupturas por divergencia, porque lo que será imprescindible para el gobierno de Boric es la convergencia para alcanzar el propósito de la convivencia pacífica.

Ese propósito superior que implica convivir y que lleva a la paz social, es el que deberá elaborarse a partir de la interacción política que permita un acuerdo de posiciones acerca de la justicia social, el crecimiento económico sostenible y el respeto a los DDHH, pilares esenciales para alcanzar la paz social que conduce al bienestar de la sociedad. De allí la necesidad de evolucionar de todos los actores que participan. Sin ese efecto sistémico, nada es posible.

Para eso, Boric deberá persuadir antes que intentar coaccionar. Sus medios no son superiores a los medios de quienes son hoy su oposición (un término que deberá intentar cambiar por colaboración), por lo tanto la conversación estará dada en negociar los fines. De allí, la necesidad de transformarse en un equilibrista para lograr la cohesión con ese fin superior que debe ser compartido por todos los invitados a la mesa de decisiones. Y que los invitados sean diferentes y variados es un conflicto superior a resolver.

Frente a este escenario, Boric tiene una gran oportunidad. Plantear la conversación para lograr el objetivo superior de acordar los fines, y generar así un modelo progresista que permita un avance en logros sociales manteniendo una economía vigorosa cuyo desempeño permita generar espacios de equidad en términos, de educación, salud y seguridad social. Generando ese acuerdo, se abre una gran avenida socialdemócrata que deja espacio sólo para una futura democracia liberal también progresista, permitiendo así solo la discusión en los medios para alcanzar los fines ya acordados. Eso es sintonía. Tocar la misma música, con matices en el sonido.

Boric puede encarar, si se lo propone y logra los acuerdos, un proceso evolutivo que traduzca los viejos antagonismos, en una discusión sobre los caminos, pero no sobre el destino, que debiera ser indudablemente el desarrollo social en paz.

Para eso, deberá apelar a una frase que podría adoptar como su impulso o vector estratégico: “No puedo sólo, por eso prefiero con todos”.

De Gabriel, el equilibrista, depende.

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