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Un cuoteo innecesario

Los premios de consuelo eran las modificaciones en subsecretarías para que todos los partidos queden satisfechos cosa que, naturalmente, no se logró.

Bueno, por fin, después de semanas de anuncios, arduo trabajo en el mayor secretismo, incansable acoso mediático y nulo interés público Gabriel Boric hizo lo que de acuerdo a una costumbre chilena (que no se sabe de dónde viene) se dicta: cambiar gabinete tras el primer año en el Gobierno.

Según su detestable costumbre, todos los canales de televisión se dedicaron un día entero a especular, diagnosticar, vaticinar quiénes recibirán coces presidenciales entre ministras/os y subsecretarias/os y quienes tomarán su lugar, en vez de seguir con sus programas habituales (que tampoco tienen, lamentablemente, gran valor). Estoy absolutamente convencido que, aparte de los partidos oficialistas, a poca o ninguna parte de la ciudadanía le importaba el acto. Según las encuestas el 80% de ella ni siquiera sabía quiénes son los componentes del Gabinete, con la excepción de tres o cuatro figuras que aparecían con frecuencia en los medios.

Asimismo, posiblemente solo una inmensa minoría de la población sabe que tenemos 23 (¡veintitrés!) ministerios y – si no me equivoco – 40 subsecretarías en un país que no llega ni a 20 millones de habitantes. O sea, somos un país chico (y aún no desarrollado) con un Gobierno ENORME y un Parlamento INMENSO cuyos miembros gozan de sueldos vergonzosamente EXORBITANTES pagados por una población cuyos ingresos en promedio están muy por debajo de los países desarrollados; un país, 75% de cuyas riquezas están en las manos del 10% de sus habitantes.

El Presidente, única persona de quien depende la composición de este mega-gobierno, no hizo más que nuevamente demostrar su ya acostumbrada indecisión, voluntad influenciable, falta de liderazgo y de  un plan; exhibir la improvisación y, lo peor, exhibir la aparente falta de personas en su conglomerado que tienen la disposición de formar parte ejecutiva  de sus hasta ahora fracasados proyectos. Boric, según parece, quiso cambiar siete personas, pero unos minutos antes del ya muy atrasado momento anunciado decidió reducir el número a cinco. Tragicómico. Solo cabe pensar que faltaban los voluntarios así que tuvo que conformarse con esa cantidad. Encima, un solo ministerio de importancia fundamental en el ejecutivo ha sido conmutado: el de relaciones exteriores, que ha sido el mayor fracaso del gabinete desde aquél del interior. El resto de modificaciones tiene el aspecto de una cosmética totalmente innecesaria: la de un cuoteo bajo la presión de los partidos que componen el oficialismo. Aquél que más apretaba (creo que el PS) recibió más; aquél que según su criterio tiene menor valor (creo que el PL) recibió solo una patada en el trasero.

Los premios de consuelo eran las modificaciones en subsecretarías para que todos los partidos queden satisfechos cosa que, naturalmente, no se logró. Y todo esto con bombos y platillos en medio de serios problemas, tratando de distraer la atención de ellas. Cosa que tampoco se logró. La casi totalidad del pueblo – nosotros, la plebe –  desconocíamos a la mayoría de las/los que se fueron y las/los que llegaron o han sido trocadas/o y nos interesa un comino lo que pasó ayer. Ojalá el nuevo Secretario de Relaciones Exteriores sepa allanar todas las deposiciones que tanto su antecesora como su equipo cometieron. Experiencia y estampa a Van Klaveren no le faltan: ese cambio sí que era absolutamente necesario y esperemos que exitoso.

¿Qué otra cosa tenía que haber hecho nuestro juvenil Presidente en el primer aniversario para honrar la inexplicable costumbre chilena de cambo de Gabinete? Nada más, ni nada menos que atreverse a reducir drásticamente la cantidad de ministerios y el inmenso presupuesto que esas 23 oficinas representan en un país que tiene un gasto excesivo de administración pública y un promedio de ingresos que apenas superan la línea del subdesarrollo. Paralelamente tenía que haber cumplido su promesa de bajar radicalmente los sueldos y asignaciones de ministras/os y otras/os componentes del ejecutivo y al mismo tiempo presentar un proyecto similar respecto  a las remuneraciones de legisladoras/es con carácter de urgencia.

Con estas medidas Gabriel Boric hubiera obtenido un aplauso cerrado de todas y todos, (incluyéndome, aunque yo sea su opositor del centro liberal); con estos preceptos hubiera mejorado un poco el presupuesto, disminuido la burocracia y aumentado de un salto su popularidad.  Ojalá lo haga en el segundo aniversario, si es que su Gobierno llega tan lejos.

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