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Bachelet y la ONU: una tontera tras otra

Al empujar la candidatura de Michelle Bachelet sin construir apoyos transversales y confrontando a figuras clave como Donald Trump y José Antonio Kast, el gobierno de Boric convierte una definición internacional compleja en un conflicto ideológico con altas probabilidades de fracaso.

Generalmente, lo que parte mal termina mal. O peor.

Muy fiel a su estilo, el gobierno de Gabriel Boric ha carecido de tino, talento e inteligencia en su decisión de postular a Michelle Bachelet para la Secretaría General de las Naciones Unidas.

Una decisión a la que se le quiere dar la categoría de “Estado” no puede tomarse entre cuatro paredes y entre gallos y medianoche. Si realmente se quiere que tenga ese estatus, debe ser socializada más allá del grupo de amigotes y “Yes-man” que rodea al Presidente y, evidentemente, debe considerar, desde el comienzo, a quienes ejercerán el poder cuando la postulación deba ser votada.

Es tan obvio, pero si yo quiero que alguien se entusiasme y ejecute con éxito una misión o un trabajo, tengo que sumarlo al proyecto desde el inicio y no cuando el pan está en la puerta del horno.

Estemos de acuerdo o no con el mecanismo, es el Consejo de Seguridad de la ONU el que propone el candidato o candidata a los países miembros de la Asamblea General. Para llegar ahí, debe contar con, al menos, nueve votos de los 15 integrantes del consejo-permanentes y no permanentes-, y, acá está lo importante, no puede ser vetado por ninguno de los países permanentes, es decir, debe contar con el beneplácito de China, Rusia, Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

Se hace evidente la torpeza del Gobierno. Mientras Boric anunciaba la postulación de Bachelet, casi al mismo tiempo se dedicaba a insultar a Donald Trump, quien, de por sí, tampoco le tiene mucha simpatía a la expresidenta chilena. De hecho, su primera administración fue crítica de su rol como Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.

Luego, y con la supuesta intención de contar con apoyos de peso y arropar mejor la candidatura, el gobierno sumó los respaldos de Brasil y México, países con liderazgos con los que Trump tampoco comulga y que también suelen criticarlo crudamente.

Para ponerle más pelos a la sopa, el Presidente Javier Milei, un manifiesto y querido aliado de Trump, ha endosado su propia carta, la que, evidentemente, debe generar más simpatías en la Casa Blanca. En una entrevista con El Mercurio, durante esta semana, consultado por los apoyos de Lula y de Claudia Sheinbaum a la opción de Bachelet, el embajador de Estados Unidos en Chile fue brutalmente honesto sobre el punto: “Es más fácil trabajar con personas afines ideológicamente, y la izquierda propondrá a personas con las que cree que puede trabajar, mientras la derecha también propondrá a personas con las que cree que puede trabajar mejor. Es más fácil hacerlo con quienes comparten los mismos objetivos”. Más claro echarle agua.

Entonces, no era nada aconsejable transformar la definición del nuevo secretario general en una lógica de izquierda versus derecha, como lo acaba de hacer Chile al sumar a México y Brasil, porque es evidente que la obsesión de Trump por ganar en todo, y aunque desprecie a la ONU, seguramente obligará a la diplomacia estadounidense a activarse con fuerza para satisfacer la sed de triunfo de su líder y evitarle una derrota frente al candidato de la izquierda.

Y por el frente interno, para Kast no es nada de fácil apoyar a Bachelet, con quien, por cierto, han rivalizado en múltiples ocasiones, algunas de ellas, en duros términos.

Para una amplia parte del electorado que votó por Kast, Bachelet representa un mal recuerdo.

Bachelet es la presidenta de la reforma tributaria, la de Arenas, que prácticamente le puso un certificado de defunción a nuestra economía. Bachelet es la presidenta que abrió de par en par las puertas de la migración ilegal centroamericana. Bachelet es la presidenta que introdujo al Partido Comunista en el gobierno. Bachelet es la presidenta que, literalmente, corría a abrazar a Fidel Castro. Bachelet es la presidenta que sucumbió ante las demandas afiebradas del entonces naciente Frente Amplio. Bachelet es la presidenta que cimentó el camino para la ingobernabilidad en el Congreso, con su reforma electoral que detonó el multipartidismo. Bachelet es la presidenta que no dijo nada sobre las acusaciones constitucionales contra Sebastián Piñera, que hicieron tambalear nuestra democracia, casi para dejarla a la deriva. Bachelet es la presidenta que estuvo a favor del mamarracho constitucional del primer proceso constituyente. Bachelet es la presidenta que apoyó a la última rival de Kast, Jeannette Jara.

O sea, a Kast no le suma nada apoyar a Bachelet. Todo lo contrario.

Es difícil que, otra vez, esto termine bien para Boric y compañía, aunque estén convencidos de que con su tontera le están pegando al presidente electo.

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Foto del Columnista Juan José Santa Cruz Juan José Santa Cruz