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La IA llegó a las pymes, ahora falta que el sistema se ponga a la altura

La IA no es solo una herramienta para hacer posteos más atractivos o responder correos más rápido. Bien utilizada, puede ayudar a tomar mejores decisiones, entender mejor al cliente, anticipar escenarios y hacer más eficiente un negocio que muchas veces sobrevive con márgenes mínimos.

Que el uso de inteligencia artificial entre los emprendedores chilenos haya aumentado un 25% en sólo tres meses no debería sorprendernos. Lo que sí debería hacernos reflexionar es cómo la estamos usando y qué tan preparados estamos para aprovecharla realmente.

El reciente estudio de G100 y Criteria es claro: seis de cada diez emprendedores ya utilizan IA en sus negocios, principalmente para crear contenido, redactar textos, diseñar imágenes o buscar ideas. Es decir, la IA entró por la puerta más visible, la más inmediata y probablemente la más accesible . Esto está bien, pero al mismo tiempo es una señal de alerta.

Cuando miramos con más profundidad, vemos que el uso de esta tecnología en tareas estratégicas como análisis de datos, planificación, automatización o fijación de precios, sigue siendo bajo. Y ahí está, justamente, la gran oportunidad que como país no podemos seguir postergando.

La IA no es solo una herramienta para hacer posteos más atractivos o responder correos más rápido. Bien utilizada, puede ayudar a tomar mejores decisiones, entender mejor al cliente, anticipar escenarios y hacer más eficiente un negocio que muchas veces sobrevive con márgenes mínimos. Para una pyme, eso puede marcar la diferencia entre resistir o crecer.

El estudio también derriba varios mitos. Uno de ellos es que la adopción tecnológica está liderada sólo por jóvenes. Hoy vemos una alta participación de mujeres y de personas entre 40 y 49 años, lo que confirma algo que observamos a diario, y es que el mundo emprendedor aprende rápido cuando entiende el valor real de una herramienta.

También es clave mirar el factor territorial. El aumento del uso de IA en el sur del país demuestra que la tecnología puede ser una palanca de descentralización, siempre que venga acompañada de acceso, capacitación y apoyo. Sabemos que la brecha no está en las ganas, sino en las oportunidades.

Y aquí aparece el punto más relevante, porque el problema no es la falta de interés, es la falta de acompañamiento. La IA es hoy la herramienta digital con mayor distancia entre quienes creen que puede servirles y quienes efectivamente la utilizan. Esa brecha no se cierra sola, sino que requiere políticas públicas, alianzas con el mundo privado, formación práctica y una mirada menos centralista de la innovación.

Lo mismo ocurre cuando hablamos del ecosistema emprendedor en general. La mayoría emprende por autonomía, vocación o necesidad. Son personas resilientes, creativas y perseverantes, pero que siguen enfrentando trabas estructurales como lo son las dificultades de financiamiento, exceso de permisología, escasa articulación institucional y poco apoyo real para escalar o internacionalizarse.

No es casual que, según el estudio, quienes más apoyan hoy a los emprendedores no sean el Estado ni el sistema financiero, sino las comunidades, asociaciones y organizaciones de la sociedad civil. Eso dice mucho de un ecosistema que se sostiene más por voluntad que por diseño.

La inteligencia artificial puede ser una gran aliada para las pymes chilenas, pero no es una varita mágica. Si queremos que tenga un impacto real, debemos dejar de verla sólo como una herramienta tecnológica y empezar a entenderla como una política de desarrollo productivo.

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