El nuevo incumplimiento de la meta fiscal ha encendido las alarmas de los expertos, y aunque Javiera Martínez busque explicarlo mediante debates metodológicos sobre ingresos, es necesario reconocer que este problema también se asocia al gasto elevado y apalancado en ingresos futuros.
Para entender este fenómeno, conviene mirar lo que ha ocurrido en la cartera de vivienda donde, pese al despliegue del Plan de Emergencia Habitacional (PEH), quedará un saldo relevante de pasivos y déficits bajo la alfombra.
Esta semana el Gobierno anunció el 100% de las 260 mil viviendas prometidas en el Plan de Emergencia Habitacional. Ello suena contundente frente al déficit habitacional; sin embargo, el déficit no cambió con la fuerza que su eslogan sugiere, especialmente en las regiones donde este se concentra.
Parte de esta tensión se explica por cambios en la métrica. En su diseño inicial, el plan contemplaba cerca de 137 mil viviendas del Fondo Solidario de Vivienda (FSV), destinadas al 40% más vulnerable. Hoy se informa un avance de 84 mil, cifra que se ha compensado con soluciones de arriendo y créditos FOGAES que no formaban parte de la meta original. Sin ello, el PEH es bastante similar a la gestión de gobiernos anteriores. Por supuesto, es legítimo diversificar instrumentos, pero el aporte al stock nuevo es menor a lo que se comunica y este no se concentrará donde más se necesita.
A partir del PEH, y tal como ocurrió con el balance estructural, las proyecciones de gasto también se desacoplaron de la ejecución financiera; en concreto, esto ocurrió desde 2022 entre subsidios otorgados y pagados. Ello llevó a que Dipres autorizara menos de 20 mil FSV para 2026, cifra muy distante de los 40 mil comprometidos en el Congreso.
El Ministerio ha sugerido que existe “espacio legal” para acercarse gradualmente a esa cifra, pero no explica cómo se haría ni da cuenta de por qué no se honró la palabra empeñada ante el Congreso en noviembre de 2025.
El costo de estos ajustes se amplifica en regiones. Valparaíso representa cerca del 9% de los requerimientos habitacionales del país, pero recibiría alrededor del 5% de las unidades del FSV, con un presupuesto cercano a mil subsidios. En concreto, esa cifra equivale a cerca del 25% de las viviendas catastradas en la megatoma de San Antonio. En el norte, donde se concentra una parte importante del déficit, también se observan brechas relevantes entre recursos disponibles y necesidades habitacionales. Junto a lo anterior, las regiones que concentran un gran porcentaje del déficit habitacional, como la Metropolitana, Valparaíso y Antofagasta, no cumplirán su meta del PEH.
Junto a la gestión presupuestaria, también se suma un déficit de gestión y responsabilidades en materia de campamentos y reconstrucción. Tras el golpe del caso Fundaciones, la gestión se debilitó, al punto de empujar decisiones contrarreloj y sin certezas en San Antonio. Allí, el ministro terminó traspasando responsabilidades a la inmobiliaria y a cooperativas que nacieron sin condiciones reales de éxito. En Quilpué, ocurrió algo parecido, el ministro y la seremi dilataron el desalojo hasta el límite. En la reconstrucción de Viña del Mar, la falta de conducción, junto con un relato de avance que se sostiene en ajustes de métricas, también da cuenta de cómo se evadieron responsabilidades.
Por supuesto, sería injusto decir que toda la gestión fue mala. La modernización del sistema de planificación territorial, impulsada con diálogo y capacidad técnica, muestra un contraste claro. Con esta reforma, la gestión del suelo y la ejecución de vivienda social debieran volverse más ágiles, fruto del consenso y la negociación que se construyó entre partidos, Congreso y equipos técnicos.
En síntesis, la herencia del gobierno se resume en cifras que camuflan falencias y pocos resultados. Esto puede extrapolarse a otros proyectos, como el “Gas a Precio Justo”, el anuncio de la condonación del CAE y la implementación de los SLEP en regiones, que han implicado gasto sin mejoras proporcionales. El legado no será de éxito, como propone el 100% de cumplimiento del PEH, sino que de promesas, deudas y déficits bajo la alfombra.