Hubo tiempos de paz y tranquilidad, dónde el presidente tenía espacio y el beneficio de tomar distancia de lo cotidiano para comenzar a fortalecer su poder.
Se sabe que acceder al cargo no es necesariamente hacerse del poder, que hay que fortalecer con buenos relatos y con acuerdos que permitan sumar la confianza y, en definitiva, lograr un impulso importante no solo de sus votantes, sino de una oposición que se mantenga expectante pero no activa. Pero esos eran otros tiempos del país y del mundo dónde aún existía la luna de miel, algo que ni siquiera hoy disfrutan los matrimonios.
Es que hay situaciones no controlables que ponen a prueba la templanza, la actitud y, muy especialmente, la cualidad política del gobernante.
El expresidente Piñera tuvo que soportar la reconstrucción del terremoto en su primer gobierno, y la pandemia después. Bachelet tuvo que hacerse cargo de reclamos estudiantiles -reclamos amigos pero reclamos al fin- que pusieron a prueba su capacidad de navegar en aguas turbulentas.
Otro caso, lo vivido por el expresidente Luis Lacalle Pou en Uruguay, que a los pocos días de asumir se vio enfrentado a decidir que hacer con el comienzo de la pandemia. Él tenía un plan, pero como todos sabemos que los planes son siempre una referencia y no una verdad revelada, tuvo que cambiar lo previsto para hacerse cargo de una situación contingente que ponía en riesgo su gobernabilidad en caso de decidir erróneamente. Esa era una situación extrema que resolvió con capacidad de estadista integrando a las diferentes fuerzas políticas y definiendo que la libertad con responsabilidad era el vector estratégico para que la sociedad pueda llevar adelante la crisis. El resultado fue que Lacalle Pou ha sido el presidente con mayor nivel de aprobación de toda la región.
Hoy, volviendo a Chile, el presidente Kast se enfrenta a varios dilemas y a una contingencia imprevista.
Los dilemas vienen desde su haber sido elegido presidente, dónde las críticas y dudas sobre su capacidad política mostraron su lado débil que permitió abrir el fuego amigo de aquellos que reclamaban una postura decisional más firme. Ni hablar de su oposición.
La contingencia “imprevista” está dada por otra “pandemia” reflejada en el efecto de un mundo en guerra, que no solo exige elegir entre lados enfrentados (Estados Unidos o China en el ámbito económico), sino hacerse cargo de las consecuencias de esa guerra en un tema de alta sensibilidad, como los combustibles.
¿Qué es lo más fácil en esta instancia? Aumentar los combustibles.
Si a esto sumamos una serie de decretos y decisiones que afectan ciertos temas sensibles en la sociedad, el presidente Kast suma a las dudas sobre su potencial de liderazgo una desconexión con la realidad social.
Al presidente, y por un error no forzado, se le acabó muy rápido la luna de miel por no darse cuenta, simplemente, que al momento de intentar fortalecer el poder necesita de un apoyo incondicional de los “amigos” y de un acuerdo de no agresión de los opositores. El manejo de la situación como un jefe de familia no es el mismo que debe abordar como un jefe de Estado. Cosas que suceden por cuestiones de experiencia y sentido común.
En estas instancias de crisis externa, dónde si enfrenta una emergencia (no la que el hizo creer con un relato débil acerca del país que recibía), es cuando no puede quedarse solo y menos aún con quienes le hablan al oído desde la hemiplejia ideológica.
El presidente no se debe a sus votantes y fanáticos, sino a toda la sociedad.
¿Puede revertir Kast su caída en aceptación y reducir su rechazo? Ese no es el problema. Eso es electoralista.
Kast debe entender que las necesidades de Chile hoy no radican en las cuestiones de género ni tampoco en construir un muro anti inmigración.
Chile requiere más que nunca de un estadista con visión de un mundo en el que insertarse para trabajar sobre el alineamiento político y económico, pero para eso necesita de un modelo y no de un carro de bomberos.
Kast tiene que entender que ya empezó su cuenta regresiva. Cuatro años es poco tiempo para perder.
El tiempo es veloz.