El Gobierno homenajeó al Dr. Fernando Mönckeberg, el médico que dedicó su vida a combatir la desnutrición infantil en Chile y que este año cumple cien años. El reconocimiento es más que merecido: pocas políticas de salud pública han tenido un efecto tan positivo en tantas personas como la que él ayudó a diseñar.
A mediados del siglo XX, la desnutrición afectaba al 37% de los niños chilenos menores de seis años y la mortalidad infantil alcanzaba 136 por cada mil nacidos vivos. La respuesta fue el Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC): leche en polvo entregada a embarazadas, madres en lactancia y niños pequeños a través de los consultorios, junto con controles médicos y educación alimentaria. La cobertura se amplió de manera sustancial a partir de 1970, cuando el programa alcanzó a todos los niños menores de seis años. Hacia 1990 la desnutrición había caído al 8% y la mortalidad infantil a 16 por mil. Hoy la desnutrición infantil es prácticamente inexistente en Chile.
Los efectos del programa fueron más allá de la salud. Los niños más expuestos al PNAC también avanzaron más en la educación básica: la exposición explica cerca del 20% del avance educativo del período, y completaron la enseñanza media en mayor proporción. Estos efectos fueron más marcados entre quienes nacieron en las fases de mayor expansión del programa.
La razón es biológica. Los primeros mil días de vida, desde la concepción hasta los dos años, son una ventana crítica para el desarrollo neurológico, y la desnutrición en ese período puede comprometerlo de forma permanente. Una intervención sostenida durante esa etapa no solo mejora la salud inmediata: sienta las bases del aprendizaje para toda la vida.
El homenaje recordó también una paradoja. El país que erradicó el hambre infantil hoy enfrenta el problema contrario: Chile está entre los países de la OCDE con mayor obesidad infantil.
El éxito del PNAC no nació de una campaña ni de un buen año presupuestario, sino de una intervención sostenida durante décadas y a través de gobiernos de distinto signo. La obesidad infantil exige hoy esa misma lógica: invertir, temprano y de forma sostenida, en los primeros años de vida. La pregunta no es si Chile puede repetir aquel éxito: es si está dispuesto a hacerlo otra vez.