Secciones
Opinión

Revalorización de la familia

La baja tasa de natalidad no es solo un problema económico sino sociocultural que aun con las coberturas más sentidas no lograría revertir la tendencia. En el corazón de esta crisis se encuentra una concepción nueva de libertad, la que percibe la maternidad y paternidad no como realización, sino como una limitación al desarrollo personal.

Curiosamente, los países más desarrollados son de los más afectados por la baja natalidad. Nueva Zelanda, Noruega, Suecia, Polonia y Corea del Sur no alcanzan la tasa de recambio generacional de 2,1 hijos por mujer. Chile no escapa a ello. Es más, según la OCDE, nuestro país ocupa el tercer lugar con la tasa más baja de los países que la medición considera.

Este tema que hasta hace algunos años era solo una cifra estadística para un discreto debate público, se ha tomado ya algunos medios y ha empujado a diversos actores del mundo político y social a tomar posición.

Una de las principales tentaciones de las que hay que huir para abordar el problema de natalidad es reducirlo a solo una falta de apoyo económico a las familias que querrían tener hijos y tener más hijos.

Por cierto que factores como la compatibilidad entre trabajo y maternidad, ayudas sociales o rebajas impositivas pueden ser un buen punto de partida. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que incluso los países con más días de pre o postnatal o con una amplia cobertura de servicios gratuitos o privados de bajo costo no logran repuntar las cifras.

La baja tasa de natalidad no es solo un problema económico sino sociocultural que aun con las coberturas más sentidas no lograría revertir la tendencia. En el corazón de esta crisis se encuentra una concepción nueva de libertad, la que percibe la maternidad y paternidad no como realización, sino como una limitación al desarrollo personal.

Esta mentalidad, evidenciada particularmente en las generaciones sub 40, revela una jerarquía de prioridades donde la productividad se antepone a la calidad de vida, el consumo inmediato al valor duradero, y la ‘‘autorrealización’’ a aquello que verdaderamente nos vincula con los otros. La familia requiere una decisión definitiva que parece no ser compatible con una cultura temerosa del compromiso.

Para revertir esta tendencia en nuestro país, se vuelve necesario revalorizar la familia, tanto en la vida social como política, elemento fundamental de todo cambio cultural. Ello exige avanzar en medidas como sala cuna universal y mejoras en en materia de redes de apoyo, pero también una nuevo trato hacia la familia como lo que es: el núcleo fundamental de la sociedad.

Notas relacionadas







Revalorización de la familia

Revalorización de la familia

La baja tasa de natalidad no es solo un problema económico sino sociocultural que aun con las coberturas más sentidas no lograría revertir la tendencia. En el corazón de esta crisis se encuentra una concepción nueva de libertad, la que percibe la maternidad y paternidad no como realización, sino como una limitación al desarrollo personal.

Foto del Columnista Ricardo Hernández Ricardo Hernández