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Del diagnóstico a la acción: la alfabetización inicial como política de Estado

Chile cuenta con experiencia y capacidades para avanzar. El desafío no consiste en comenzar desde cero, sino en articular lo que ya sabemos y poner esas capacidades al servicio de una estrategia nacional. La alfabetización inicial debe ser una política de Estado, con metas compartidas, seguimiento permanente y capacidad real de implementación.

Contar con nuevos instrumentos que permitan observar, comparar y comprender mejor la situación de la alfabetización inicial en la región es un avance importante. La información ayuda a dimensionar el desafío, identificar brechas y orientar las decisiones educativas hacia los lugares y estudiantes que requieren mayor apoyo. Pero un instrumento solo adquiere sentido cuando sus resultados se traducen en prioridades y acciones concretas.

El nuevo Indicador de Riesgo para la Alfabetización Inicial muestra que Chile presenta el mejor resultado entre los seis países analizados. Sin embargo, también estima que un 27% de los niños y niñas de entre 6 y 8 años —cerca de 215 mil estudiantes— atraviesa esta etapa en condiciones de riesgo para el adecuado desarrollo de la lectura.

Ser el país mejor evaluado del grupo demuestra que existe una base sobre la cual avanzar, pero no puede transformarse en un consuelo. No estamos hablando solo de una cifra ni de una posición dentro de un ranking. Estamos hablando de uno de cada cuatro niños y niñas cuyas trayectorias educativas pueden verse limitadas desde sus primeros años de escolaridad.

Aprender a leer oportunamente no es solo un objetivo del currículum escolar. Es la puerta de entrada a todos los demás aprendizajes. Un niño que no logra desarrollar adecuadamente la decodificación, la fluidez y la comprensión enfrenta mayores dificultades para aprender matemáticas, ciencias, historia y cualquier otra asignatura. Sin lectura comprensiva no existe una trayectoria educativa plena.

Por eso, la información que entrega este indicador debe permitirnos actuar antes de que las dificultades se consoliden. Debe ayudarnos a identificar oportunamente quiénes necesitan más apoyo, monitorear sus avances y orientar los recursos hacia las comunidades donde las brechas comienzan a manifestarse.

Como país ya hemos avanzado en la definición de metas compartidas. El Plan de Reactivación Educativa establece el horizonte de alcanzar el rezago cero en Lectura y Matemática en cuarto básico al año 2034. A su vez, el Compromiso Nacional por el Aprendizaje Lector plantea que, al año 2030, todos los niños y niñas de Chile aprendan a leer comprensivamente antes de terminar segundo básico.

Son metas indispensables. Pero una meta no transforma una sala de clases. El desafío está en pasar del compromiso a la implementación, lo que exige acompañar a las comunidades educativas, entregar recursos, monitorear los avances, identificar a tiempo a quienes presentan mayores dificultades y desarrollar capacidades en todos los niveles del sistema.

En Fundación Crecer con Todos hemos comprobado, a través de Primero LEE y del trabajo sostenido con comunidades educativas a lo largo del país, que las trayectorias sí pueden cambiar. Pero también hemos aprendido que los avances no dependen únicamente de contar con materiales, evaluaciones o metodologías adecuadas. Requieren una mirada sistémica que fortalezca las capacidades de docentes, equipos directivos, sostenedores, incluidos los Servicios Locales de Educación Pública, y organismos responsables de conducir y apoyar el proceso educativo.

No se trata solamente de escalar un programa o multiplicar una iniciativa. Se trata de escalar el impacto.
Eso significa generar las condiciones para que una buena práctica no dependa exclusivamente del esfuerzo individual de un docente, una directora o una escuela. Significa lograr que aquello que funciona pueda permanecer, sostenerse, mejorar y llegar oportunamente a todos los niños y niñas que lo necesitan.

Como parte de Por un Chile que Lee, compartimos la convicción de que aprender a leer oportunamente es un derecho. Garantizarlo requiere asumir responsabilidades en todo el ecosistema educativo y construir una conexión efectiva entre el Estado, la sociedad civil, la academia, las comunidades educativas y el sector privado.

Chile cuenta con experiencia y capacidades para avanzar. El desafío no consiste en comenzar desde cero, sino en articular lo que ya sabemos y poner esas capacidades al servicio de una estrategia nacional. La alfabetización inicial debe ser una política de Estado, con metas compartidas, seguimiento permanente y capacidad real de implementación.

El resultado regional muestra que Chile tiene una base desde la cual avanzar. Pero mientras uno de cada cuatro niños atraviese sus primeros años de escolaridad en condiciones que ponen en riesgo el desarrollo de la lectura, no podemos conformarnos.

El diagnóstico ya está disponible. La meta también. Ahora debemos convertirla en acción.

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