Secciones
Opinión

NTV: Lo público también se construye en la pantalla

Si hoy parece tan difícil sostener un centro común, quizás parte de la tarea sea volver a construirlo desde lugares más modestos, pero no menos decisivos. Un canal público infantil y cultural es uno de esos lugares. No porque resuelva todo, sino porque recuerda que todavía es posible pensar en algo más que en la supervivencia individual. Todavía es posible pensar a Chile.

AGENCIA UNO

Hay momentos en que pareciera que vamos muy rápido, con poco rumbo, resolviendo cada uno lo suyo. Cada uno se defiende como puede, en vez de diálogos, las discusiones son siempre a la defensiva y lo común queda reducido al costo y las sospechas. En ese escenario, volver a hablar de un canal público puede parecer anacrónico. Yo creo justamente lo contrario y, firmemente, que es una necesidad.

NTV cumple cinco años en un momento en que Chile vuelve a preguntarse qué espera de su medio público. Esa pregunta no es menor, porque no se trata solo de televisión, sino de qué espacios compartidos estamos dispuestos a sostener cuando el mercado no tiene incentivo para hacerlo, la conversación pública se fragmenta o la infancia y la cultura quedan muchas veces fuera del centro de la discusión. Y no, no es un lujo ni un gesto ornamental, es una oportunidad para revalorar lo que nos hace bien.

Materializar una misión pública tiene sentido precisamente porque no depende de la rentabilidad inmediata. Un canal como NTV existe para ofrecer programación cultural, educativa y familiar, pero también para recordarnos que aquello no se agota en las urgencias más visibles. Hay bienes que no se miden solo por su retorno financiero, sino por su capacidad de crear acceso, diversidad, identidad y continuidad. A veces el debate se empobrece con una comparación injusta: canal público versus hospital o versus escuela pública, generando una tensión equivalente a tener que elegir entre cuidar el cuerpo, formar la mente o sostener nuestra propia vida cultural. Es cierto que un hospital salva vidas y una escuela abre futuros. ¿Y qué hace un medio público bien concebido? Ayuda a que una sociedad siga reconociéndose a sí misma, siga mirándose, siga preguntándose cómo podemos mejorar y cómo solucionar nuestros problemas. Un medio así nos interpela, porque no vive en un mundo de fantasía o en el puro buenismo, sino que nos obliga a cuestionarnos cómo hacemos las cosas. Y sí, nos muestra también lo que hacemos bien todos los días para seguir creciendo en comunidad. Para progresar. Eso importa. No es lo mismo tener televisión para consumir que tener una señal pública que piense en la infancia, en la cultura y en el largo plazo. No es lo mismo poner niños en pantalla que diseñar programas con ellos y para ellos, donde no son protagonistas por aparecer, sino por la coherencia de una propuesta pensada desde su mundo, sus tiempos y sus necesidades. Ahí hay una diferencia de fondo, pues no se trata solo de incluirlos, sino de reconocerles como parte activa de la conversación social.

NTV nació para profundizar la misión de TVN y hace visible que la televisión pública no existe solo para competir en el mercado o para sobrevivir a su lógica, sino para sostener una idea más amplia de país. TVN gana cuando su misión se expresa con claridad en señales como NTV, porque allí se ve con nitidez que lo público no es una abstracción, sino una forma concreta de servicio. Eso es una fortaleza, no una debilidad.

Tal vez por eso este aniversario no debería leerse solo como una celebración institucional, sino como una oportunidad para ordenar la conversación. No para idealizar, tampoco para defenderse, ni menos para hacerlo con nostalgia. Sí para afirmar algo más simple y más exigente, que dio origen a la existencia de esta señal. Un país que renuncia a sus espacios públicos termina empobreciendo su conversación y su cohesión social, y merma su identidad. La infancia no puede quedar fuera de esa responsabilidad.

Si hoy parece tan difícil sostener un centro común, quizás parte de la tarea sea volver a construirlo desde lugares más modestos, pero no menos decisivos. Un canal público infantil y cultural es uno de esos lugares. No porque resuelva todo, sino porque recuerda que todavía es posible pensar en algo más que en la supervivencia individual. Todavía es posible pensar a Chile.

Notas relacionadas







NTV: Lo público también se construye en la pantalla

NTV: Lo público también se construye en la pantalla

Si hoy parece tan difícil sostener un centro común, quizás parte de la tarea sea volver a construirlo desde lugares más modestos, pero no menos decisivos. Un canal público infantil y cultural es uno de esos lugares. No porque resuelva todo, sino porque recuerda que todavía es posible pensar en algo más que en la supervivencia individual. Todavía es posible pensar a Chile.

Foto del Columnista Mariana Hidalgo Mariana Hidalgo