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La economía plateada: El mercado que Chile todavía no ve

La oportunidad es social, pero también de negocio. Mientras las empresas siguen diseñando productos, campañas y modelos de servicio pensando en un consumidor de 30 años, el segmento que efectivamente está creciendo en tamaño y poder adquisitivo se queda sin oferta a su medida.

El debate público chileno se concentra en cómo revertir una tasa de natalidad que ya no tiene reversa. Sin embargo, la evidencia internacional es categórica. Hay un mercado de millones de personas y miles de millones de dólares que casi nadie está construyendo: el de los propios adultos mayores que el envejecimiento ya produjo.

La cifra global da la magnitud del fenómeno. La llamada economía plateada, que son bienes y servicios diseñados para poblaciones que envejecen, ya mueve cerca de US$4,5 billones y crece al 7% anual. El doble de velocidad que el consumo general, según estimaciones del World Economic Forum y World Data Lab. Los mayores de 60 años representan apenas 15% de la población mundial, pero concentran 27% del gasto de consumo global. Hacia 2036 controlarán cerca de un tercio.

Chile no es la excepción a esta transición, es un caso acelerado de ella. En tres décadas, la población mayor de 50 años se triplicó. Hoy son 6,45 millones de personas, un 32,8% del país, según el estudio “Chile Plateado” del Centro CIPEM de la UDD. Y el fenómeno no es homogéneo: Tarapacá tiene 24% de población envejecida, Ñuble llega a 37%. Cualquier estrategia de mercado, desde el retail hasta la salud y los servicios financieros, que trate a este grupo como un bloque uniforme está perdiendo la mitad del dato.

Aquí aparece la paradoja que más debería incomodar al mundo empresarial. Solo 31,2% de los chilenos mayores de 60 años trabaja hoy. 20,3% de las mujeres, 44,7% de los hombres y, buena parte de esa participación ocurre en el mercado informal. No es que no quieran seguir activos, es que el mercado laboral formal, los productos financieros, los servicios de salud y hasta el diseño de las oficinas siguen construidos para una fuerza laboral que ya no representa la realidad demográfica del país.

La oportunidad es social, pero también de negocio. Mientras las empresas siguen diseñando productos, campañas y modelos de servicio pensando en un consumidor de 30 años, el segmento que efectivamente está creciendo en tamaño y poder adquisitivo se queda sin oferta a su medida. En países como Japón, que lleva dos décadas de ventaja en esta transición, la respuesta fue rediseñar sistemas de cuidado, planes financieros para jubilados e inversión en investigación sobre envejecimiento activo. Fue una estrategia de mercado y de Estado para servir bien a los que ya existen, más que solo un bono para tener hijos.

Chile tiene la oportunidad de no repetir el error de esperar dos décadas para reaccionar. Las empresas que hoy diseñen productos financieros pensados en jubilaciones activas, servicios de salud preventiva para adultos que trabajarán más años, modelos de vivienda para hogares unipersonales de adultos mayores -22% de los hogares chilenos ya son solo de personas mayores- o, esquemas de contratación formal para seniors que quieren seguir aportando, no están hedgeando contra el invierno demográfico, están construyendo el mercado que va a definir la próxima década.

La pregunta que debería estar en el centro del debate es cómo Chile va a servir, emplear y capturar valor de los millones de chilenos mayores que ya son parte innegociable de su futuro económico.

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