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Mucho más que una ciclovía

El proyecto más emblemático es la Nueva Alameda, con una ciclovía de 8 kilómetros que avanza por la columna vertebral de Santiago, desde Baquedano a Pajaritos. Cada semana, 11 mil santiaguinos la utilizan para ir a sus trabajos, para ir a ver a un amigo o simplemente para salir de paseo.

Que son caras, que las usan poco, que las prioridades son otras. Estas son algunas de las críticas que he escuchado sobre las ciclovías.

En junio de 2026, un grupo de académicos canadienses publicó un estudio en la prestigiosa revista Urban Transitions, acerca del impacto de una ciclovía de bajo costo, de tan solo 2,5 kilómetros, en la región de Montreal. La pregunta era: ¿cambiaría el comportamiento de los transeúntes, la percepción de seguridad y el nivel de estrés de la gente?

Tras un año de uso, se concluyó que las ciclovías redujeron significativamente el uso del auto y mejoraron la percepción de seguridad de peatones y ciclistas, además de disminuir el estrés y la percepción de velocidad y ruido vehicular. En otras palabras, mejoró la calidad de vida de las personas y se avanzó hacia una movilidad más sostenible, algo crucial en un contexto de cambio climático.

Hoy, en la celebración del Día Nacional Sin Autos, vale recordar que Santiago, según el listado de la plataforma IQAir, se encuentra en el puesto 28 de las 61 ciudades con peor calidad de aire del mundo, superando incluso a ciudades altamente contaminadas como Beijing. Esto trae como consecuencia enfermedades respiratorias, cardiovasculares y hasta cáncer pulmonar. De hecho, se estima que en Santiago muere más gente por contaminación atmosférica que por homicidios.

Es por esto que en el gobierno de Santiago hemos impulsado el diseño de una gran red de ciclovías con el objetivo de conectar 34 comunas de la Región Metropolitana con 820 kilómetros de infraestructura de alto estándar. También hemos invertido más de 27 mil millones de pesos en 84 buses eléctricos, para que los santiaguinos tengan un transporte público más limpio y sustentable (recuerden que un bus equivale a sesenta autos menos en las calles).

Quizá el proyecto más emblemático es la Nueva Alameda, con una ciclovía de 8 kilómetros que avanza por la columna vertebral de Santiago, desde Baquedano a Pajaritos. Cada semana, 11 mil santiaguinos la utilizan para ir a sus trabajos, para ir a ver a un amigo o simplemente para salir de paseo. Antes, subirse a una bicicleta en la Alameda era sinónimo de riesgo; ahora, gracias al alto estándar de nuestras ciclovías, el ciclista puede disfrutar de un traslado seguro, gratuito y saludable.

Pero la pega no está completa. El tercer tramo de este proyecto, que contempla 3,8 kilómetros y que beneficiaría especialmente a las comunas de Estación Central, Lo Prado y Maipú, se encuentra paralizado por decisión del gobierno central. Esta discontinuidad afecta la seguridad de los ciclistas que siguen el recorrido completo y, además, socava la confianza en las instituciones. ¿Qué les vamos a decir a los vecinos de Estación Central, Lo Prado y Maipú la próxima vez que les prometamos una obra? ¿Con qué cara los vamos a mirar?

Pero también está la pregunta por el tipo de ciudad que queremos. ¿Queremos un Santiago a medias? Yo pienso en los días domingo, cuando cierran las calles y la gente sale a pasear, a correr y a andar en bicicleta. Son esos los momentos de alegría, de encuentro y de relajo; son esos los momentos que nos llevan a tomar una foto, a sonreír, a hacer recuerdos con nuestros seres queridos.

También pienso en esa persona que, en vez de meterse a un Metro lleno de pasajeros, prefiere subirse a la bicicleta y llega con mejor ánimo a su trabajo (y con más plata en su bolsillo); o el que se ahorra el taco de la micro llegando incluso antes a su destino.

Impresiona la cantidad de externalidades positivas que generan las ciclovías.

Aprovechemos este día para imaginar cómo sería Santiago con más kilómetros de ciclovías. ¿Sería una ciudad más tranquila y amigable? ¿Más atractiva para quienes disfrutan recorrerla a pie o en bicicleta? ¿Más inclusiva y con mejor calidad de vida?

Ahora hagamos el ejercicio inverso: imaginemos Santiago con más autos en sus calles. ¿Sería una ciudad más tranquila y amigable? ¿Más atractiva para recorrer y conocer?

¿Qué tipo de ciudad queremos?

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