Secciones
Cartas

Gasto público, innovación y confianza 

El pasado 13 de diciembre se formalizó al ex Intendente de Tarapacá, por el millonario sobreprecio pagado en las cajas de alimentos repartidas durante la pandemia.  Este hecho no solo indigna a funcionarios públicos que trabajan por lograr un gasto público más eficiente, transparente y efectivo, sino que quiebra lo más difícil de recuperar: la confianza de la ciudadanía en el Estado, las instituciones públicas y sus autoridades.   

La crisis política, social y sanitaria nos obligó a pensar en nuevas formas de dar solución a los problemas de siempre. La innovación, tecnología y la oportunidad de articulación público-privada nos permite idear herramientas más complejas que fortalezcan la gestión pública y a la vez responder simultáneamente a más de una demanda.  

Al tener el Estado que apoyar a las personas en contexto de crisis económica, y a su vez, debe apostar por una economía más inclusiva y desconcentrada, resulta clave que el gasto público se transforme en una inversión que dinamice la economía de los barrios. Para esto, contar con mecanismos que permitan al sistema de Compras Públicas incorporar a las micro y pequeñas empresas en la provisión,  directa o indirecta, de beneficios o transferencias, es imprescindible

En estos momentos dónde es imperativa la necesidad de llegar con más y mejores soluciones a las personas, el rol que juega el Estado en articular y adaptar la innovación privada para el sector público, es fundamental para recuperar confianzas y avanzar en la modernización.

Notas relacionadas







La ciudad más linda del mundo

La ciudad más linda del mundo

Buenos Aires, con todas sus contradicciones, ha entendido algo esencial de la vida contemporánea: las ciudades compiten no solo por inversiones, turistas o talento, sino por imaginarios. Y en esa competencia, la autoestima importa. Importa cómo una comunidad se mira, cómo se nombra, cómo ocupa sus muros, sus calles y sus campañas. Importa si una reparación urbana se comunica como molestia o como parte de una ciudad que se quiere a sí misma.

Foto del Columnista Débora Calderón Kohon Débora Calderón Kohon